Autor: Jesús Gisbert
El accidente de caza (y III)
Lo mejor de El accidente de caza no depende ni de la (Divina) Commedia de Dante ni de la historia de Leopold y Loeb. Depende de la narratividad con que se cuenta el devenir de Matt Rizzo, la experiencia de Charlie, su hijo, y la comunicación entre ambos. Es una nueva expresión, esta vez gráfica ―tebeística― de la literatura que arraiga en los entresijos existenciales de sujetos inmersos en las oscuridades sinceras de la vitalidad.
El accidente de caza (II)
El Infierno de Dante según Botticelli
«Mi trabajo ha consistido en demostrar que la verdad está al alcance de todos. Que la belleza se encuentra en lugares inesperados. Ese es el lenguaje secreto del poeta»
El accidente de caza (I)
Umbral: cuatro dimensiones (que son cinco) en una sola viñeta
Francisco Umbral se encuentra en lo alto de un edificio y mira el duro suelo bajo sus pies. El picado introduce la tercera dimensión. La cuarta, meramente sugerida, requiere un ejercicio del espectador, una proyección narrativa. Por ejemplo, que el protagonista se arroja. Queda fuera de plano la quinta dimensión. Esta solo se encuentra en la mente del lector, que es la que aglutina el conjunto percibido.
El relato de Bechdel
Con motivo de la reciente publicación de El secreto de la fuerza sobrehumana, de Alison Bechdel, escribí un texto para la revista Tebeosfera en el que pongo en relación este cómic con las obras anteriores de Bechdel y sugiero que tal vez estos cómics constituyen una única novela gráfica que la autora va escribiendo sucesivamente. Es un texto que se puede leer en el siguiente enlace:
La madurez, los intérpretes
El medio (media) no es impersonal. Necesita de un o una intérprete, tanto en el papel del autor como, en lo que aquí nos ocupa, en el del lector. El cómic evoluciona o se desarrolla a partir de los intérpretes, así del tebeo como de la realidad circundante.
Manuel, cuarenta años después
Releer ahora Manuel, de rodrigo (Rodrigo Muñoz Ballester), gracias a la nueva edición llevada a cabo por Cielo Eléctrico, es como revivir un estado (un momento, más bien) que tuvo lugar hace nada menos que unos cuarenta años o así. Se dio por llamar a ese momento, ya institucionalizado, “la movida madrileña”, pero a mí me parece que en ejemplos como el de Rodrigo y su Manuel, el rótulo se queda corto o no da la medida de lo que fue todo aquello. Quizás el asunto estriba en no ponerle nombre a lo que fluye. O en no prolongar un relato manido.
Esta viñeta sacada del tebeo Manuel aparece al principio, a manera de epígrafe previo a la Introducción, en la edición de 2011 de El discurso del cómic, de Luis Gasca y Román Gubern. Es una imagen suficientemente significativa, no solamente por su riqueza icónica, sino por el discurso que sugiere y en el cual se inserta. Supongo que Gasca y Gubern lo entendieron así.
De la misma época que Manuel es Anarcoma, de Nazario, pero esta es otra historia, por más que ambas obras ―la de Nazario y la de Rodrigo― figuren juntamente en variados catálogos, repertorios y antologías. Ambos títulos, a fin de cuentas, remiten al imaginario de colectivos comunes, si bien en uno y otro caso el tormento y el éxtasis se viven de manera distinta… o acaso se trata de dos versiones de la misma pasión.


