Jekyll, Hyde y el ausente

Es para celebrar la reedición de El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde, versión gráfica de la novela de Robert Louis Stevenson realizada por Santiago García y Javier Olivares. La edición de 2009 en SM ha encontrado en 2022 una recuperación en Astiberri con formato mayor, cambio de cubierta y páginas de extras. Entre entonces y ahora, en estos trece años transcurridos, García y Olivares han realizado juntos nada menos que Las Meninas (2014) y La cólera (2020). Es mucho aprovechamiento para los mismos autores, pero también para el resultado de las planchas y por ende, cómo no, para nosotros lectores. Sin entendimiento gráfico entre guionista y dibujante no hay historieta que valga ni colega que la disfrute.
 
El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde es un cómic realizado en su origen para una editorial con marcados intereses en el mundo de la educación secundaria, lo que no deja de apreciarse en el resultado. Esta observación no es de ningún modo valorativa, pues un cómic excelente no ha de estar supeditado a la edad de sus potenciales lectores (vaya tontería la de pensar que si el lector es adulto, mejor será el tebeo, o la inversa). De hecho, García y Olivares realizan aquí una historieta que incita a la lectura de la novelette de Stevenson, pero también van más allá del propósito editorial, por cuanto ambos autores (que en su confluencia vienen a ser como uno solo) trascienden dicho propósito. No obstante, aprovecho la ocasión para comentar una ausencia que observo en la obra de Stevenson y que García-Olivares han agudizado igualmente en su cómic.
Me refiero a la fenomenología del ausente, ya que que por no estar se le echa de menos. Aquí, en este extraño caso, el ausente es un personaje que representaría el bien, en la misma medida en que el personaje de Hyde representa el mal. Jekyll es a fin de cuentas un tipo normal, subido de tono en cuanto a su posición, pero tan humano, demasiado humano como cualquiera de nosotros, que no somos para nada epítomes del bien, aunque tampoco del mal. La lectura de la novela de Stevenson que aquí critico presenta a Hyde como la antítesis de Jekyll, pero creo que, si se mira bien, la cuestión no está bien planteada en términos de Hyde (el mal) versus Jekyll (el bien). Falta un ‘tercer hombre’, la representación del bien, para equilibrar una balanza en la que Jekyll desempeñaría simplemente el papel de fiel o indicador de esa misma balanza. Me parece que el tebeo de García y Olivares agudiza demasiado esta fácil lectura de un Jekyll entendido como paradigma del bien.
Ya sé que esto mismo, el bien, es difícil de representar sin que quede ñoño, aburrido, cursi o cosas así (habrá que releer el Paraíso de Dante). Esto no le quita un ápice de valor ni a la novela de Stevenson ni al tebeo de García-Olivares. Pero es una ausencia que se echa de menos en el ámbito de una representación digna de ser tenida en cuenta.
Será tal vez en La cólera donde Santiago García y Javier Olivares planteen de nuevo el caso de un mismo ser humano escindido, pero no tendrá en cualquier caso nada que ver con el problema del Mal absoluto y el Bien también absoluto (aunque ausente), presentes los dos en la figura de un personaje, tan moderno por otra parte, como el representado por el doctor Jekyll.

El accidente de caza (y III)

Lo mejor de El accidente de caza no depende ni de la (DivinaCommedia de Dante ni de la historia de Leopold y Loeb. Depende de la narratividad con que se cuenta el devenir de Matt Rizzo, la experiencia de Charlie, su hijo, y la comunicación entre ambos. Es una nueva expresión, esta vez gráfica ―tebeística― de la literatura que arraiga en los entresijos existenciales de sujetos inmersos en las oscuridades sinceras de la vitalidad. 

El accidente de caza (II)

     El Infierno de Dante según Botticelli
La clave de El accidente de caza nos la proporciona el subtítulo: Una historia real de delincuencia y poesía. Se trata de un relato sorprendente que transcurre en Chicago durante diferentes décadas. Se inicia en 1959, pero va hacia atrás y hacia delante, a la manera en que Dante desciende ascendiendo o asciende descendiendo en su Commedia. Por el lado poético, el hilo conductor de este cómic es precisamente ese, la Divina Comedia del escritor florentino (manifiestamente claro en el título de tres de los capítulos de El accidente de caza: el IX. Infierno, y los dos finales, XVII. Purgatorio y XVIII. Paraíso). Hay otros hilos poéticos en el relato, entre los que sobresale el de Homero y la omertá, por cuanto conecta con el otro lado del subtítulo: la historia real de delincuencia (así, el capítulo IV. El código de silencio).
El hilo principal de El accidente de caza es el que sustenta el desarrollo de una historia real, la del hoy reconocido escritor ciego Matt Rizo, su estancia en la cárcel junto a Nathan Leopold, la redención poética de Matt, la conversación con su hijo Charles, la salvación existencial del padre y del hijo. Esta historia principal se encuentra salpicada por un texto de Matt Rizzo que le va leyendo a este su hijo Charles a lo largo del libro y cuyo final coincide con el de la novela gráfica. El texto es The Crucial Hint (A Text on Revelation), que encaja muy bien con el sentido alegórico de la Commedia de Dante y, en definitiva, con el relato presente en El accidente de caza.
           Página 227
Hay también un hilo filosófico en la obra, escenificado en cierto modo por el dilema Platón-Nietzsche (capítulos VIII. El mito de la caverna y X. El superhombre), frente a la idea expresada por Matt Rizzo, protagonista principal, con las siguientes palabras:

«Mi trabajo ha consistido en demostrar que la verdad está al alcance de todos. Que la belleza se encuentra en lugares inesperados. Ese es el lenguaje secreto del poeta»

Y es este hilo filosófico el que conecta con la historia de Leopold y Loeb que mencioné en la entrada anterior.

El accidente de caza (I)

Mi primera aproximación a la historia de Leopold y Loeb fue a raíz de La soga (Rope, 1948), de Alfred Hitchcock. La película del director inglés no trata directamente esa historia verídica, sino que es una proyección de la misma, con otros personajes ―aunque con la misma sustancia― y transcurre prácticamente en tiempo real, o casi, en un apartamento de Nueva York (es la adaptación al cine de una obra de teatro de 1929, escrita por Patrick Hamilton). Sin entrar en detalles de la representación, recuerdo a un James Stewart en el último tramo de la película indignado contra los asesinos y espetándoles algo así como «No tomaréis el nombre de Nietzsche en vano».
Varios años después me sorprendió encontrar a esta pareja de amigos, Leopold y Loeb, en un cómic de Daniel Clowes: Ice Haven (2001, 2005). La proyección de estos dos personajes reales en el tebeo de Clowes es más directa: de la amalgama estructurada (guionizada) de historietas que conforman Ice Haven, en una de ellas Clowes dibuja y narra sucintamente lo esencial de la historia de aquel «crimen del siglo», y en otra caricaturiza a los dos amigos en una situación imposible por anacrónica, mientras que un libro titulado La verdadera historia de Leopold y Loeb, junto con su contenido, planea por todo el cómic de Clowes, incluso una vez concluido. Ice Haven es un metatebeo en cuya trama funciona el mito de «el hombre del saco», representado en el imaginario social estadounidense del siglo pasado precisamente por Nathan F. Leopold, Jr, y Richard Albert Loeb, perpetradores del asesinato de Bobby Franks en el Chicago de 1924.
Ahora me los encuentro de nuevo, especialmente a Nathan Leoplod, Jr., en El accidente de caza, un cómic escrito por David L. Carlson y dibujado por Landis Blair. Publicado en EE. UU. en 2017, The Hunting Accident: A True Story of Crime and Poetry fue traducido y publicado en Francia en 2020 como L’Accident de chasse y, a partir de ahí, ganó el premio Fauve d’Or de la 48 edición del Festival de Angulema (2021). Ahora ha salido la versión española con el título original completo: El accidente de caza. Una historia real de delincuencia y poesía.
En esta novela gráfica sin paliativos, la proyección de Leopold y Loeb en la historia contada es real y simbólica a la vez. Lo trataré en la siguiente entrada.

Umbral: cuatro dimensiones (que son cinco) en una sola viñeta

Francisco Umbral se encuentra en lo alto de un edificio y mira el duro suelo bajo sus pies. El picado introduce la tercera dimensión. La cuarta, meramente sugerida, requiere un ejercicio del espectador, una proyección narrativa. Por ejemplo, que el protagonista se arroja. Queda fuera de plano la quinta dimensión. Esta solo se encuentra en la mente del lector, que es la que aglutina el conjunto percibido.

La viñeta pertenece al libro La mentira por delante, de Lorenzo Montatore. La interpretación es personal.

El relato de Bechdel

Con motivo de la reciente publicación de El secreto de la fuerza sobrehumana, de Alison Bechdel, escribí un texto para la revista Tebeosfera en el que pongo en relación este cómic con las obras anteriores de Bechdel y sugiero que tal vez estos cómics constituyen una única novela gráfica que la autora va escribiendo sucesivamente. Es un texto que se puede leer en el siguiente enlace:

Por lo demás, El secreto de la fuerza sobrehumana es una historieta tan sólida como el resto de la producción de Alison Bechdel.

La madurez, los intérpretes

El medio (media)  no es impersonal. Necesita de un o una intérprete, tanto en el papel del autor como, en lo que aquí nos ocupa, en el del lector. El cómic evoluciona o se desarrolla a partir de los intérpretes, así del tebeo como de la realidad circundante.

Manuel, cuarenta años después

Releer ahora Manuel, de rodrigo (Rodrigo Muñoz Ballester), gracias a la nueva edición llevada a cabo por Cielo Eléctrico, es como revivir un estado (un momento, más bien) que tuvo lugar hace nada menos que unos cuarenta años o así. Se dio por llamar a ese momento, ya institucionalizado, “la movida madrileña”, pero a mí me parece que en ejemplos como el de Rodrigo y su Manuel, el rótulo se queda corto o no da la medida de lo que fue todo aquello. Quizás el asunto estriba en no ponerle nombre a lo que fluye. O en no prolongar un relato manido. 

Esta viñeta sacada del tebeo Manuel aparece al principio, a manera de epígrafe previo a la Introducción, en la edición de 2011 de El discurso del cómic, de Luis Gasca y Román Gubern. Es una imagen suficientemente significativa, no solamente por su riqueza icónica, sino por el discurso que sugiere y en el cual se inserta. Supongo que Gasca y Gubern lo entendieron así. 

De la misma época que Manuel es Anarcoma, de Nazario, pero esta es otra historia, por más que ambas obras ―la de Nazario y la de Rodrigo― figuren juntamente en variados catálogos, repertorios y antologías. Ambos títulos, a fin de cuentas, remiten al imaginario de colectivos comunes, si bien en uno y otro caso el tormento y el éxtasis se viven de manera distinta… o acaso se trata de dos versiones de la misma pasión. 

Los viajes de Javier de Isusi

En el número recién salido (T3-18) de la revista Tebeosfera le dedico un comentario a Javier de Isusi con motivo de la edición integral de su novela gráfica Los viajes de Juan Sin Tierra. El texto lo titulo «Destierros y ballenas en Javier de Isusi» [ver aquí]. El hecho ha coincidido con la aparición de otra novedad de Isusi, un cómic poéticamente titulado El mar recordará nuestros nombres que, bajo la apariencia de un relato histórico, acerca al lector al territorio de lo extraordinario. 
Esta nueva obra de Isusi se inscribe en el empeño actual de recuperación de la historia por medio del cómic … mostrando entre viñetas el papel desempeñado por los silenciados en esa historia olvidada. El mar recordará nuestros nombres conecta además con la actualidad por la vía del asunto narrado: la expedición española de expansión de la vacuna antivariólica por tierras de ultramar a comienzos del siglo XIX. Es, junto a la de la recuperación de la historia, la actualidad de las vacunas, pero también la actualidad del viaje y del exilio.
Hay una curiosa sintonía que unifica el conjunto de historietas de Javier de Isusi.

Lumbre y cenizas de los Ideales

Ideales fue una marca de cigarrillos, conocidos como «caldo de gallina», muy popular en la España de la última postguerra. Igualmente populares fueron los Celtas, versión española de los franceses Gauloises, aunque fueron varias décadas anteriores los cigarrillos galos. La realidad social de un buen tramo del siglo XX, y la traslación de sus signos al imaginario de nuestro presente, se encuentran abastecidas por estas populares marcas de tabaco (lo mismo que nuestros Ducados, o que los Gitanes franceses), correspondientes a una época en la que fumar era un acto cuyas connotaciones divergían de las que tiene ahora. Cada una de estas marcas ofrecía diferentes versiones de su producto: largos, cortos, con filtro, sin filtro, etc. Una de estas versiones fue la «Disque Bleu» de Gauloises. Y es precisamente este título, Disque Bleu, el que han elegido Felipe Hernández Cava y Miguel Navia para su  nuevo álbum de historietas.
Disque Bleu es un agregado de cinco relatos que singularizan, mediante el dibujo y la trama, retazos peculiares de un conjunto denominado ‘siglo XX’. El guionista Hernández Cava es en realidad un experto en la materia. Nadie como él le da voz en el cómic al devenir de la historia política del siglo pasado, una historia y una voz que repercuten (resuenan) en el siglo XXI. La vertiente de la historia que Cava elige en sus guiones es la protagonizada, más que por los personajes, por las ideologías a que estos obedecen. Pero esto es meramente en el plano de las historias que este autor nos cuenta. En el plano del discurso, lo que Hernández Cava propone es justamente lo contrario, la disolución de las ideologías, al menos las totalitarias del siglo pasado. En este sentido, Cava sigue a Marx en cuanto entiende que las ideologías son deformaciones, o visiones deformadas, de la realidad social. No obstante, la posición de Cava se encuentra a su vez también posicionada. No podremos, quizá, salir del marco ideológico, pero no todos los marcos encuadran realidades equipolentes. Hernández Cava ha encontrado una vía excepcional, la del cómic, para exponer sus cuitas ideológicas. Y ha tenido además la fortuna de encontrar a muy buenos (y buenas) dibujantes en su recorrido. En esta ocasión, en Disque Bleu, lo hace con Miguel Navia, con quien ya presentó en 2020 el álbum Estampas 1936.
El encuadre histórico, como decimos, es una característica de todos los guiones de Cava. Con el excelente dibujo de Miguel Navia presentó en Estampas 1936 el Madrid asaltado de la Guerra Civil. Este mismo marco sirve ahora a los autores para presentar el desarrollo de «Madrid resuena», una prodigiosa historieta protagonizada por un ciego (Tiresias) y un niño (Pío) en un Madrid bombardeado, donde no se sabe muy bien quién ejerce de lazarillo cuando de lo que se trata es nada menos que de sobrevivir otro día. En otra historieta de Disque Bleu, titulada «Chuco Suave», los autores reviven los denominados Zoot suit riots, unos disturbios callejeros en contra de los Pachucos que tuvieron lugar en Los Ángeles en el verano de 1943. Aquí la perspectiva es la de uno de los pachucos alimentado por su orgullo y su dignidad. «Lover Man» transcurre en un ambiente urbano neoyorquino en que la noche, el alcohol, la policía, las drogas y el jazz coexisten bajo la voz de un agente de la brigada antinarcóticos y la mirada protagonista de otro. En las dos historietas restantes, «Disque Bleu» y «Tovarich filósofo», es donde Cava expone claramente su antibolchevismo, presente y constante en el escritor madrileño desde Las serpientes ciegas. La primera de estas dos, que da título al álbum Disque bleu, refiere la muerte de Albert Camus en 1960, estrellado contra el parabrisas del coche pilotado por Michel Gallimard (a bordo del cual, en los asientos traseros, iban también la esposa y la hija de Gallimard, más el perro de la familia), en un absurdo accidente no del todo esclarecido y que se presta a divagar sobre el alcance de la mano del Moscú de la época. En «Tovarich filósofo», en fin ―historieta realizada ex profeso para el álbum Disque Bleu, pues tres de las cinco que lo componen fueron publicadas en 2017, 2019 y 2020, y la otra fue realizada con motivo de una ayuda a la creación en 2020-2021―, Cava y Navia recrean e imaginan simbólicamente la visita que Bertrand Russell realizó a Rusia en 1920, así como el desencanto expresado por el filósofo galés en su libro Teoría y práctica del bolchevismo.
Nuevos ideales vendrán, con sus lumbres y sus cenizas. Hernández Cava podría testimoniarlos mediante los magníficos dibujantes con quienes colabora.