El árabe del futuro 5

Hace siete años empezábamos a leer el primer volumen de El árabe del futuro, recién publicado en español unos meses después de la edición original en francés. En 2020 apareció en el país vecino el quinto volumen de esta clara novela gráfica, recientemente publicado aquí.
El fenómeno editorial que es El árabe del futuro resulta inseparable del fenómeno llamado Riad Sattouf. La lista de éxitos, premios y reconocimientos de este autor, tanto de historieta como de cine, lo verifica. Afirmar que es Sattouf quien encaja sus percepciones con las del público que le sigue, o al revés, que es el público que le sigue el que encaja sus percepciones con las propias de Sattouf es del todo indiferente. Saber o acertar, esa es la cuestión. Lo que no tiene vuelta de hoja es que la unidad de la obra de Sattouf se acrecienta con cada nueva publicación suya. Así, mientras las entregas anteriores de El árabe del futuro conectaban sobre todo con Mi circuncisión o, en otro sentido, con Los cuadernos de Esther, este quinto volumen de su autobiografía se encuentra más cerca de Las pobres aventuras de Jeremías, de La vida secreta de los jóvenes o del Manual del pajillero. En el caso de Sattouf, la afirmación de que toda la obra de un artista es autobiográfica no es una mera hipótesis, pero lo que importa es la obra. Y esta, desde luego, atrapa al lector.
Parece que ya está claro que las entregas de El árabe del futuro serán finalmente seis. Esperaremos el resultado final. De momento, el quinto volumen es un poco diferente de los anteriores, por cuanto la presencia del padre es aquí una ausencia, manifestada además por otra ausencia, la del hermano pequeño. La dialéctica constitutiva de la serie (Europa-Islam, Madre-Padre) continúa su rumbo, pero aquí es menos visible, o se ha internalizado en el joven Riad de un modo que actúa sobre él inconscientemente. La imagen y la voz de su primo en Ter Maaleh (Siria) se entremezclan con ensoñaciones lovecraftianas y espiritistas, con complejos e inseguridades, en un sarpullido existencial de Riad que es el propio de un adolescente en un instituto de secundaria en Rennes (Francia). Por lo demás, frente a la angustia de la madre, los padres de esta ―los abuelos maternos de Riad― ejercen de contrapunto balsámico en esta auténtica novela familiar.
En el segundo volumen de esta obra, Riad Sattouf describe su epifanía comiquera cuando descubrió a los seis o siete años el sentido que une los dibujos y los símbolos de los globos en las viñetas de El cangrejo de las pinzas de oro. Sin embargo, en El árabe del futuro 5 descubrimos que Sattouf saltó directamente de las aventuras de Tintín de su infancia a la conocida como «edad adulta de la bande dessinée«, de la mano de su amiga de instituto que acabará siendo su esposa.
Además del efecto de embrague que esta quinta entrega tiene para seguir con la historia de El árabe del futuro, es notable, me parece, esta declaración realizada por Sattouf del origen de su interés por el cómic más allá de su infancia. Un interés cuya fuente está en el padre de Anaïck, su amiga, tipógrafo profesional enamorado del cómic («¡Y pensar que en breve aquel genio iba a convertirse en mi suegro!», expresa Riad en una viñeta). En el volumen segundo que cito arriba, Sattouf escribe que, pese a los títulos y empleo de su padre (Doctor en Historia por La Sorbona, profesor universitario en su país), el único libro que había en su casa de Ter Maaleh era El Corán (bueno, y los tebeos de Tintín). Cuando Riad entra en la casa familiar de su amiga Anaïck, en cambio, declara: «¡Las paredes estaban llenas de libros de todo tipo!». La dialéctica, la lucha de contrarios, sigue operando en la vida de Riad Sattouf, de estirpe siriobretona.
Quedamos a la espera de la conclusión de esta interesante serie.

Jekyll, Hyde y el ausente

Es para celebrar la reedición de El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde, versión gráfica de la novela de Robert Louis Stevenson realizada por Santiago García y Javier Olivares. La edición de 2009 en SM ha encontrado en 2022 una recuperación en Astiberri con formato mayor, cambio de cubierta y páginas de extras. Entre entonces y ahora, en estos trece años transcurridos, García y Olivares han realizado juntos nada menos que Las Meninas (2014) y La cólera (2020). Es mucho aprovechamiento para los mismos autores, pero también para el resultado de las planchas y por ende, cómo no, para nosotros lectores. Sin entendimiento gráfico entre guionista y dibujante no hay historieta que valga ni colega que la disfrute.
 
El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde es un cómic realizado en su origen para una editorial con marcados intereses en el mundo de la educación secundaria, lo que no deja de apreciarse en el resultado. Esta observación no es de ningún modo valorativa, pues un cómic excelente no ha de estar supeditado a la edad de sus potenciales lectores (vaya tontería la de pensar que si el lector es adulto, mejor será el tebeo, o la inversa). De hecho, García y Olivares realizan aquí una historieta que incita a la lectura de la novelette de Stevenson, pero también van más allá del propósito editorial, por cuanto ambos autores (que en su confluencia vienen a ser como uno solo) trascienden dicho propósito. No obstante, aprovecho la ocasión para comentar una ausencia que observo en la obra de Stevenson y que García-Olivares han agudizado igualmente en su cómic.
Me refiero a la fenomenología del ausente, ya que que por no estar se le echa de menos. Aquí, en este extraño caso, el ausente es un personaje que representaría el bien, en la misma medida en que el personaje de Hyde representa el mal. Jekyll es a fin de cuentas un tipo normal, subido de tono en cuanto a su posición, pero tan humano, demasiado humano como cualquiera de nosotros, que no somos para nada epítomes del bien, aunque tampoco del mal. La lectura de la novela de Stevenson que aquí critico presenta a Hyde como la antítesis de Jekyll, pero creo que, si se mira bien, la cuestión no está bien planteada en términos de Hyde (el mal) versus Jekyll (el bien). Falta un ‘tercer hombre’, la representación del bien, para equilibrar una balanza en la que Jekyll desempeñaría simplemente el papel de fiel o indicador de esa misma balanza. Me parece que el tebeo de García y Olivares agudiza demasiado esta fácil lectura de un Jekyll entendido como paradigma del bien.
Ya sé que esto mismo, el bien, es difícil de representar sin que quede ñoño, aburrido, cursi o cosas así (habrá que releer el Paraíso de Dante). Esto no le quita un ápice de valor ni a la novela de Stevenson ni al tebeo de García-Olivares. Pero es una ausencia que se echa de menos en el ámbito de una representación digna de ser tenida en cuenta.
Será tal vez en La cólera donde Santiago García y Javier Olivares planteen de nuevo el caso de un mismo ser humano escindido, pero no tendrá en cualquier caso nada que ver con el problema del Mal absoluto y el Bien también absoluto (aunque ausente), presentes los dos en la figura de un personaje, tan moderno por otra parte, como el representado por el doctor Jekyll.

El accidente de caza (y III)

Lo mejor de El accidente de caza no depende ni de la (DivinaCommedia de Dante ni de la historia de Leopold y Loeb. Depende de la narratividad con que se cuenta el devenir de Matt Rizzo, la experiencia de Charlie, su hijo, y la comunicación entre ambos. Es una nueva expresión, esta vez gráfica ―tebeística― de la literatura que arraiga en los entresijos existenciales de sujetos inmersos en las oscuridades sinceras de la vitalidad. 

El accidente de caza (II)

     El Infierno de Dante según Botticelli
La clave de El accidente de caza nos la proporciona el subtítulo: Una historia real de delincuencia y poesía. Se trata de un relato sorprendente que transcurre en Chicago durante diferentes décadas. Se inicia en 1959, pero va hacia atrás y hacia delante, a la manera en que Dante desciende ascendiendo o asciende descendiendo en su Commedia. Por el lado poético, el hilo conductor de este cómic es precisamente ese, la Divina Comedia del escritor florentino (manifiestamente claro en el título de tres de los capítulos de El accidente de caza: el IX. Infierno, y los dos finales, XVII. Purgatorio y XVIII. Paraíso). Hay otros hilos poéticos en el relato, entre los que sobresale el de Homero y la omertá, por cuanto conecta con el otro lado del subtítulo: la historia real de delincuencia (así, el capítulo IV. El código de silencio).
El hilo principal de El accidente de caza es el que sustenta el desarrollo de una historia real, la del hoy reconocido escritor ciego Matt Rizo, su estancia en la cárcel junto a Nathan Leopold, la redención poética de Matt, la conversación con su hijo Charles, la salvación existencial del padre y del hijo. Esta historia principal se encuentra salpicada por un texto de Matt Rizzo que le va leyendo a este su hijo Charles a lo largo del libro y cuyo final coincide con el de la novela gráfica. El texto es The Crucial Hint (A Text on Revelation), que encaja muy bien con el sentido alegórico de la Commedia de Dante y, en definitiva, con el relato presente en El accidente de caza.
           Página 227
Hay también un hilo filosófico en la obra, escenificado en cierto modo por el dilema Platón-Nietzsche (capítulos VIII. El mito de la caverna y X. El superhombre), frente a la idea expresada por Matt Rizzo, protagonista principal, con las siguientes palabras:

«Mi trabajo ha consistido en demostrar que la verdad está al alcance de todos. Que la belleza se encuentra en lugares inesperados. Ese es el lenguaje secreto del poeta»

Y es este hilo filosófico el que conecta con la historia de Leopold y Loeb que mencioné en la entrada anterior.

El accidente de caza (I)

Mi primera aproximación a la historia de Leopold y Loeb fue a raíz de La soga (Rope, 1948), de Alfred Hitchcock. La película del director inglés no trata directamente esa historia verídica, sino que es una proyección de la misma, con otros personajes ―aunque con la misma sustancia― y transcurre prácticamente en tiempo real, o casi, en un apartamento de Nueva York (es la adaptación al cine de una obra de teatro de 1929, escrita por Patrick Hamilton). Sin entrar en detalles de la representación, recuerdo a un James Stewart en el último tramo de la película indignado contra los asesinos y espetándoles algo así como «No tomaréis el nombre de Nietzsche en vano».
Varios años después me sorprendió encontrar a esta pareja de amigos, Leopold y Loeb, en un cómic de Daniel Clowes: Ice Haven (2001, 2005). La proyección de estos dos personajes reales en el tebeo de Clowes es más directa: de la amalgama estructurada (guionizada) de historietas que conforman Ice Haven, en una de ellas Clowes dibuja y narra sucintamente lo esencial de la historia de aquel «crimen del siglo», y en otra caricaturiza a los dos amigos en una situación imposible por anacrónica, mientras que un libro titulado La verdadera historia de Leopold y Loeb, junto con su contenido, planea por todo el cómic de Clowes, incluso una vez concluido. Ice Haven es un metatebeo en cuya trama funciona el mito de «el hombre del saco», representado en el imaginario social estadounidense del siglo pasado precisamente por Nathan F. Leopold, Jr, y Richard Albert Loeb, perpetradores del asesinato de Bobby Franks en el Chicago de 1924.
Ahora me los encuentro de nuevo, especialmente a Nathan Leoplod, Jr., en El accidente de caza, un cómic escrito por David L. Carlson y dibujado por Landis Blair. Publicado en EE. UU. en 2017, The Hunting Accident: A True Story of Crime and Poetry fue traducido y publicado en Francia en 2020 como L’Accident de chasse y, a partir de ahí, ganó el premio Fauve d’Or de la 48 edición del Festival de Angulema (2021). Ahora ha salido la versión española con el título original completo: El accidente de caza. Una historia real de delincuencia y poesía.
En esta novela gráfica sin paliativos, la proyección de Leopold y Loeb en la historia contada es real y simbólica a la vez. Lo trataré en la siguiente entrada.

Umbral: cuatro dimensiones (que son cinco) en una sola viñeta

Francisco Umbral se encuentra en lo alto de un edificio y mira el duro suelo bajo sus pies. El picado introduce la tercera dimensión. La cuarta, meramente sugerida, requiere un ejercicio del espectador, una proyección narrativa. Por ejemplo, que el protagonista se arroja. Queda fuera de plano la quinta dimensión. Esta solo se encuentra en la mente del lector, que es la que aglutina el conjunto percibido.

La viñeta pertenece al libro La mentira por delante, de Lorenzo Montatore. La interpretación es personal.

El relato de Bechdel

Con motivo de la reciente publicación de El secreto de la fuerza sobrehumana, de Alison Bechdel, escribí un texto para la revista Tebeosfera en el que pongo en relación este cómic con las obras anteriores de Bechdel y sugiero que tal vez estos cómics constituyen una única novela gráfica que la autora va escribiendo sucesivamente. Es un texto que se puede leer en el siguiente enlace:

Por lo demás, El secreto de la fuerza sobrehumana es una historieta tan sólida como el resto de la producción de Alison Bechdel.

Manuel, cuarenta años después

Releer ahora Manuel, de rodrigo (Rodrigo Muñoz Ballester), gracias a la nueva edición llevada a cabo por Cielo Eléctrico, es como revivir un estado (un momento, más bien) que tuvo lugar hace nada menos que unos cuarenta años o así. Se dio por llamar a ese momento, ya institucionalizado, “la movida madrileña”, pero a mí me parece que en ejemplos como el de Rodrigo y su Manuel, el rótulo se queda corto o no da la medida de lo que fue todo aquello. Quizás el asunto estriba en no ponerle nombre a lo que fluye. O en no prolongar un relato manido. 

Esta viñeta sacada del tebeo Manuel aparece al principio, a manera de epígrafe previo a la Introducción, en la edición de 2011 de El discurso del cómic, de Luis Gasca y Román Gubern. Es una imagen suficientemente significativa, no solamente por su riqueza icónica, sino por el discurso que sugiere y en el cual se inserta. Supongo que Gasca y Gubern lo entendieron así. 

De la misma época que Manuel es Anarcoma, de Nazario, pero esta es otra historia, por más que ambas obras ―la de Nazario y la de Rodrigo― figuren juntamente en variados catálogos, repertorios y antologías. Ambos títulos, a fin de cuentas, remiten al imaginario de colectivos comunes, si bien en uno y otro caso el tormento y el éxtasis se viven de manera distinta… o acaso se trata de dos versiones de la misma pasión. 

Los viajes de Javier de Isusi

En el número recién salido (T3-18) de la revista Tebeosfera le dedico un comentario a Javier de Isusi con motivo de la edición integral de su novela gráfica Los viajes de Juan Sin Tierra. El texto lo titulo «Destierros y ballenas en Javier de Isusi» [ver aquí]. El hecho ha coincidido con la aparición de otra novedad de Isusi, un cómic poéticamente titulado El mar recordará nuestros nombres que, bajo la apariencia de un relato histórico, acerca al lector al territorio de lo extraordinario. 
Esta nueva obra de Isusi se inscribe en el empeño actual de recuperación de la historia por medio del cómic … mostrando entre viñetas el papel desempeñado por los silenciados en esa historia olvidada. El mar recordará nuestros nombres conecta además con la actualidad por la vía del asunto narrado: la expedición española de expansión de la vacuna antivariólica por tierras de ultramar a comienzos del siglo XIX. Es, junto a la de la recuperación de la historia, la actualidad de las vacunas, pero también la actualidad del viaje y del exilio.
Hay una curiosa sintonía que unifica el conjunto de historietas de Javier de Isusi.