Berlín

Diríamos que Frans Masereel forma parte de la tradición europea del cómic, pero solo en la misma medida en que pudiéramos decir que Charles Chaplin forma parte de la tradición europea de cine. Es decir, con reservas.

En cualquier caso, la europea es una tradición en origen distinta a la americana, que encuentra su mayor expresión en la denominada historieta franco-belga.

 http://es.wikipedia.org/wiki/Historieta_franco-belga

No obstante, actualmente las tradiciones confluyen y las diferencias locales se van diluyendo. El movimiento es de doble dirección: Estados Unidos influye en Europa y a la vez Europa influye en Estados Unidos.

Concretamente, el fenómeno de la novela gráfica que se está produciendo en EEUU es incomprensible sin tener en cuenta el efecto que la historieta franco-belga en general y la línea clara en particular han tenido sobre los autores de allí.

Lo que digo se observa claramente en el caso de Jason Lutes, nacido en 1967 en Nueva Jersey. Acabo de terminarme el segundo volumen de Berlin:

Se trata de un proyecto inacabado, ya que de los tres volúmenes previstos, de momento han sido publicados dos de ellos: Berlín, ciudad de piedras. Libro Uno y Berlín, ciudad de humo. Libro Dos. Es decir, la novela, una vez conclusa, tendrá casi setecientas páginas.

Lo que sorprende un poco es que Lutes podría pasar perfectamente por ser un autor europeo.

La novela Berlín trata de esta ciudad durante la República de Weimar en los meses previos a la implantación del nazismo. Es un fresco histórico y coral, donde multitud de personajes intervienen y ayudan a que el lector clarifique ese importante periodo de la historia europea.

La minuciosidad en los detalles y la documentación que aporta Jason Lutes en Berlín son dignas de consideración. Aun así, no hay que olvidar que estamos ante un medio frío, el de la historieta, y que es el lector el que tiene que completar por sí mismo, leyendo con atención, la definición del relato. De hecho, a veces cuesta un poco identificar a los personajes que aparecen, si bien al final todo queda claro.

Jason Lutes cuenta que descubrió las posibilidades artísticas de la historieta cuando cayó en sus manos un ejemplar de la revista Raw, fundada en 1980 por Art Spiegelman. Y de Spiegelman yo mostraba ayer una cita en la que reconocía la importancia de Masereel en la historia secreta del cómic. El círculo se va cerrando en el mundo global y por tanto también en el mundo del cómic.

Zapatillas

Hay hasta una línea de zapatillas Converse inspiradas en el cómic. Sin ir más lejos, una serie comercial de esa empresa obedece al sesenta aniversario de Charlie Brown. Hay más series. Y es lo que decía arriba. La historieta americana utiliza incluso los envoltorios de chicles para hacerse propaganda. La tradición europea va por su camino.

La ciudad

Se acaba de publicar en España el clásico La cité (1925), de Frans Masereel. Es una novela en imágenes, sin palabras. Masereel (1889-1972) fue un artista belga que cultivó la xilografía. De hecho, sus libros son conjuntos de planchas de madera entintadas e impresas.

La ciudad es una explosión de imágenes en las que el negro prevalece sobre el blanco. Hay duelo y hay luto en ellas. Expresionismo puro. Curiosamente, otra gran obra de arte, la película Metrópolis (1927), de Fritz Lang, es de la misma época. Pero si bien la película de Lang describe una ciudad distópica del futuro, la ciudad de Masereel se percibe como muy apegada al entorno real.

La influencia de La cité en la historia de la novela gráfica es impresionante. Una cita de Art Spiegelman, el creador de Maus, ilustra la contraportada de esta nueva edición:

«Una parte importante de la historia secreta de los cómics.»

Y tan importante.

Lichtenstein

Algo tuvo que ver el pintor Roy Lichtenstein (1923-1997) en la consideración artística de los cómics al componer sus cuadros y colgarlos en los mejores museos de arte moderno.

En su tradición americana, la historieta es un genuino producto de la cultura popular, presente en las tiras de los periódicos, en las publicaciones en papel barato (las pulp fictions), en las envolturas de los chicles. Es normal que este género llamase la atención de los artífices del Pop-Art: Andy Warhol y Roy Lichtenstein entre otros.

¿Un medio frío?

Si adoptamos la distinción de McLuhan entre medios fríos y medios calientes:

http://www.sabersinfin.com/index.php?option=com_content&task=view&id=282&Itemid=89

tenemos que la historieta, el tebeo, el cómic es un medio frío.

El grado de participación del lector de historietas es muy elevado. Lo mismo ocurre con internet. Y el teléfono. Son medios fríos en los que la definición de la señal tiene que ser completada por el sujeto receptor. Baja definición y alta actividad del perceptor.

Los medios calientes son otra cosa. El cine, la radio, la televisión. En ellos, la participación del oyente y espectador puede llegar a ser tan nula como cuando alguien duerme la siesta con los documentales de ‘la 2’ como fondo. Son curiosamente los medios más masivos. Por sí mismos no exigen la dedicación que sí es requisito en los medios fríos.

Leer una obra gráfica exige un comportamiento similar al que exige leer un libro de poemas, o un ensayo, o una novela. Pero se trabaja más la vista.

Jóvenes leones

Y tanto que la historieta es un medio frío que exige la atención completa del lector. (En el límite, esta distinción entre frío y caliente se desvanece cuando el sujeto se implica activamente con el medio que sea.)

En cierta ocasión conversábamos, allá por los ochenta, cuando la transición del tebeo al cómic, unos cuantos contertulios. Se hablaba de la educación de los jóvenes del día. Alguien dijo: Es que solo leen cómics. Otro respondió: Ojalá leyeran, aunque fuera solo cómics.

Brieva

El trabajo de Miguel Brieva (n. 1974) es muy interesante. Difícil de clasificar, se le incluye en el apartado de humoristas gráficos, pero su obra tiene más dimensiones. Su estética visual está claramente inspirada en el grafismo ingenuo y optimista de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. Los textos que acompañan a las viñetas, sin embargo, son mordaces, demoledores, un poco mostrando el disparate a que nos ha llevado el consumismo ingenuo y optimista de aquellos años de felicidad prometida.

Brieva emplea textos propios, aforismos, eslóganes mediáticos, cualquier tipo de cadena significante para alumbrar viñetas cargadas de significado.

Sorprendente, según mi opinión.

Familias de tebeo

Los tebeos españoles de nuestra infancia estaban llenos de familias; la familia tal, la familia cual. El paradigma de todas ellas era «La familia Ulises», del TBO. Eran tiempos en los que la familia, junto con el municipio y el sindicato, llenaban los tres tercios de aquella autodenominada democracia orgánica. En fin, los tebeos como reflejo de la época en que se producen.

El naturalismo de los Ulises desapareció en las otras familias de la editorial competidora del TBO, la editorial Bruguera y sus Pulgarcito, DDT, Can Can, etc. En esos tebeos publicaban Vázquez, Ibáñez, Escobar, Peñarroya y otros, cada uno de ellos con sus correspondientes familias.

De Manuel Vázquez, La familia Cebolleta forma parte del imaginario colectivo. En particular, el abuelo Cebolleta, que ya es un lugar común en conversaciones cotidianas.

De Vázquez también fue notorio en aquellos tebeos, además de «La familia Cebolleta», otro singular clan de este autor, el de «La familia Churumbel»:

Los Churumbel eran una familia de gitanos cuyo principal negocio consistía en afanar. Hablaban un lenguaje propio. Es normal que en un momento dado la serie fuera suprimida por los tintes racistas que pudiera contener. Censurada antes de la moda de lo políticamente correcto, cabe decir.

No sé si la costumbre actual de referirse a los niños de uno como los churumbeles guarda relación con los personajes de la serie de Vázquez. En todo caso, dichos personajes permanecen en la retina de los de mi generación.

Crumb

El cambio cultural y social iniciado entre finales de los cincuenta y principios de los sesenta en EEUU, tuvo una clara manifestación en el mundo de los cómics. A Robert Crumb se le considera el padre en cierto modo del cómic underground:

A Crumb lo conocimos en España a través de la revista Star. Luego aparecerían tiras suyas en El Víbora y en Makoki. Fue uno de los inspiradores de la denominada aquí «línea chunga», en oposición a la «línea clara». Algo diremos sobre ello.

El trazo y la obra de Crumb es reconocible a primera vista. Dos personajes suyos la mar de influyentes en todo aquel cotarro fueron el gato Fritz y Mr. Natural.

Maus. Relato de un superviviente

 Está más o menos reconocido y aceptado que Maus. Relato de un superviviente, de Art Spiegelman, supuso la mayoría de edad definitiva del cómic. Fue publicado por entregas entre 1973 y 1991 conformando dos series: I «Mi padre sangra historia» y II «Y aquí comenzaron mis problemas». Finalmente las dos series fueron reunidas en un solo volumen bajo el título común antedicho. Maus ganó un premio Pulitzer en 1992, junto a otros prestigiosos galardones.

Con Maus el cómic consolidó definitivamente aquella línea independiente, surgida con el underground y separada de las tradicionales historietas de superhéroes. Dio pie a la denominada novela gráfica, un género que demuestra que las historias dibujadas pueden abordar cualquier tema o asunto, individual o colectivo, histórico o autobiográfico, social o político, realista u onírico… exactamente igual que la literatura no gráfica.

La materia de Maus es abiertamente política. Trata de la biografía de Vladek Spiegelman, padre de Art, un judío de origen polaco que padeció la persecución antisemita y los campos de concentración de los nazis. Finalmente emigró con su familia a EEUU, donde se instalaron definitivamente.

La obra recuerda las fábulas tradicionales, ya que los personajes -indudablemente humanos- están representados mediante animales. Los judíos son ratones (Maus en alemán significa ratón), los nazis gatos, los franceses ranas, los polacos cerdos, los ingleses peces, etc.

La forma de hablar en inglés de Vladek refleja influencias de la lengua yiddish, de forma que hay giros en los tiempos verbales y en las preposiciones que suenan extraños al lector. Esta característica se ha recogido en algunas de las traducciones españolas, como la que tengo ahora a la vista. No obstante, Maus se lee y se entiende sin ninguna dificultad.

Una buena novela.