Un médico novato

La memoria, las memorias.

Pablo Uriel (1914-1990) fue un médico que después de la última guerra civil se instaló en A Coruña, donde desarrolló su carrera y formó una familia. Miembro de la Real Academia de Medicina de Galicia, en 1972 fue elegido presidente del primer Ateneo Cultural de A Coruña, claro antecesor del actual Ateneo Republicano de la misma ciudad.

Nacido en Gómara, Soria, Uriel estudio medicina en Zaragoza -su lugar de residencia en aquel momento- y recién licenciado, en julio de 1936, le encomendaron una sustitución de 28 días del médico titular de Rincón de Soto, un pueblo de La Rioja. Llevaba allí un par de semanas ejerciendo, cuando a Pablo Uriel le sorprendió la revuelta (el llamado «glorioso alzamiento») y el inicio de la guerra en una zona afín al bando de los sublevados, ya que el pueblo fue ocupado el 19 de julio por los requetés.

A los pocos días de iniciada la contienda fue movilizado y posteriormente recluido en la prisión militar de Zaragoza sin saber cuál era su delito. En la misma situación se encontraban sus compañeros de celda y hasta Antonio, un hermano de Pablo, que fue fusilado en uno de los «paseos» habituales entonces. Finalmente fue excarcelado y con los años, Uriel reflejó esta experiencia en su libro de memorias No se fusila en domingo, de cuya publicación póstuma (2005) se ocupó Elena, hija de Pablo Uriel y esposa del valenciano -saguntino- Sento (Vicent Llobell Bisbal), conocido ilustrador y dibujante de cómics.

Un médico novato, entonces, es una obra de Sento que narra en tebeo buena parte de la experiencia descrita por su suegro Pablo Uriel en el libro de memorias No se fusila en domingo. Y es este cómic de Sento el que ha sido galardonado en la VI edición del «Premio Internacional Fnac/Sins entido de Novela Gráfica».

07.12.2013

El mero título Un médico novato ya revela un estilo, un ‘hacer’ por parte de Sento fuertemente influido por el historietismo tradicional, aquel que conocimos en los tebeos de nuestra infancia. Me refiero a que siendo tremendo lo que nos cuenta Sento en esta obra, su relato tiene un tratamiento formal que podría parecer acaso ingenuo o inocente, aunque más bien lo que mejor revela es un talante inasequible al desaliento, por no decir optimista. Es así este cómic una buena muestra de ese aire progresista, ciertamente moderno, que caracteriza el trabajo de Sento. Lo cual ratifica la inclusión de este autor en aquella «Nueva Escuela Valenciana» que en los años ochenta pasados despuntó con su personal adscripción a la línea clara.

Lo tratado en Un médico novato, ya digo, es tremendo, por más que presentado con frescura. Se nos muestra el horror de unos golpistas que, como ya habíamos leído en Las bicicletas son para el verano, de F. F. Gómez, truncaron al calor del estío del 36 un sinnúmero de vidas y de esperanzas mediante el procedimiento de aplicar sistemáticamente el terror en la población. Simplemente una denuncia, ser militante de Izquierda Republicana o simpatizante de la F. U. E., no digamos ya miembro de la U. G. T., era suficiente para satisfacer aquella voluntad de exterminio del otro declarada por los fascistas. Al general Mola se le atribuye esta orden: someter a las zonas dominadas mediante la aplicación sistemática de terror. Y es esa voluntad la que se recoge en este diálogo de Un médico novato entre un profesor de la facultad de medicina de Zaragoza y el protagonista, recién incorporado a filas:

–Le parecerá increíble, pero pienso que estamos asistiendo, en esta ciudad, a un experimento de psicología colectiva.

–¿Qué quiere decir?

–«El terror actuando sobre una comunidad.»

Parece que el terror, siempre que se ejerza con frialdad, con la suficiente intensidad y con la máxima brutalidad, produce, en la colectividad castigada, una abyecta conformidad…

…un sentimiento de gratitud degradante por parte de aquellos miembros de la comunidad que hayan conseguido escapar al castigo.

El terror es como una gangrena que nos degrada a todos…

…a los verdugos, los hace sádicos…

…a las víctimas, las hace pasivas…

…a los espectadores, nos hace cómplices.

¿Sabe, Uriel? El terror es el arma de moda en estos tiempos.»

Un médico novato supone el tratamiento en cómic de una memoria individual, la del doctor Uriel, que se incorpora a una memoria colectiva, la de los españoles que intentan comprender qué pasó en aquellos años de barbarie. Aunque la sobriedad de este relato no es óbice para que Sento nos muestre su personal buen hacer tebeístico y hasta su dominio del arte secuencial.

Alternativos. Beto y Valenzuela

En esta entrevista a Gilbert Hernandez (de Abril de 2007) que encuentro en el Blog de Espiral,

http://llauna.blogspot.com.es/2011/03/entrevista-beto-hernandez-abril-2007.html

tras ser descrito Beto por el entrevistador como «uno de los nombres más exitosos de los cómics alternativos» y en referencia a su forma de trabajar, él responde (subrayado mío):

«Sí. Así es la clase de cómics que hago, y que hace mi hermano; en verdad nadie más los hace. Es un tipo de cómics alternativos que principalmente sólo hacemos mi hermano y yo. Todos los demás recurren al Panteón porque tiene una trágica biografía que contar. Yo no tengo problemas con eso, sino que simplemente intento hacer sólo historias con imaginación –sólo historias pasadas de moda, ¿no?»

Si, según vamos viendo y diciendo, el componente auto-biográfico es un elemento constitutivo de muy buena parte de la novela gráfica actual, con todos sus gozos y sus sombras, Gilbert Hernandez (junto con su hermano Jaime) parece desligarse de dicha tendencia egocentrista. Lo suyo es más la pura imaginación, la creación de personajes y tramas que configuren historias más acá o más allá de la cotidianidad, antes que la exposición directa de la experiencia vivida. Esta postura recuerda un poco a la que mantiene entre nosotros Santiago Valenzuela, quien lejos de contarnos su vida, nos muestra un universo imaginario -el Micromundo- en que discurren las aventuras del Capitán Torrezno.

Vista así la cosa, podría parecer que tanto Hernandez como Valenzuela estarían en el mundo del cómic más cerca del mainstream o corriente principal (la ficción superheroica y el tebeo de género especialmente), que de las narrativas alternativas posteriores al underground. Sin embargo, tampoco es así. Ya que tanto en un caso como en otro, estamos hablando de autores que crean ficciones ciertamente alternativas.

¿Alternativas a qué?

Pues al mainstream, precisamente. Siendo aquí, en la noción de mainstream donde se halla el quid de la cuestión.

Las aventuras de Torrezno pueden ser leídas como uno de los reversos, sumamente castizo, de la literatura de superhéroes. En ellas Valenzuela explora los límites de la imaginación heroica, elaborando un cóctel propio que pasa tanto por Moebius como por Ibáñez y otras hierbas. No cabe duda de que el suyo es un empeño imaginativo de altos vuelos, alejado de la mera exposición de su vida.

El caso de Gilbert Hernandez es menos obvio en lo que estamos tratando, ya que sus ficciones son de índole costumbrista. Ciertamente, la obra de Beto es un ejercicio de imaginación que se aleja de las automanifestaciones que abundan en la literatura gráfica actual. Sin embargo, no es menos cierto que dicha obra configura no solamente una gran novela, sino que es una enorme novela familiar.

Y es por ahí, por el lado de la representación de las relaciones intrafamiliares de Luba y los suyos, por donde se cuela, o se puede colar, el elemento autobiográfico de Gilbert Hernandez a lo largo y a lo ancho de su obra. No es ya que toda representación sea indiscernible de la conciencia de todo autor; es que en el caso de Beto, sus historias rezuman una autenticidad inherente a su propia persona. Y sea o no así, esta literatura es pasto abonado para los aficionados al psicoanálisis o, lo que viene a ser lo mismo, se presta a múltiples lecturas psicoanalíticas.

Queda claro, entonces, que lo que convierte en alternativa a una modalidad de cómic respecto a la corriente principal no es la presencia o ausencia directa o indirecta del yo del autor en su obra. La cosa no va por ahí. Lo que marca la diferencia habría que encontrarlo en otros respectos, los cuales no dejan de ser más o menos los mismos que convierten ciertas narraciones y dramas en auténticos textos literarios o en literatura sin más.

Y todo ello, independientemente de que estemos ante historietas de género, de superhéroes o de «novela gráfica». Ya que, bien mirado, la única alternativa que hay ante lo que predomina, la corriente principal que como tal es cambiante, es la creación artística, la cual debe pasar siempre por la originalidad entendida, eso sí, como autenticidad.

Por otra parte, es corriente  caracterizar lo alternativo (no solo en cómic, también en cine, literatura, música, etc.) refiriéndose a los canales de edición, de distribución, de difusión… alejados de las majors que imponen sus criterios y acaparan el mercado. En realidad, eso caracterizaría más bien lo independiente. Pueden darse juntamente los dos, ser alternativo y ser independiente, aunque se puede ser independiente sin ser alternativo y, por supuesto, ser alternativo sin ser independiente.

Río Veneno

Río Veneno (Poison River), de Beto Hernandez, expone la historia de Luba desde su nacimiento hasta su decisión a los dieciocho años -una decisión inducida- de instalarse en Palomar con su prima Ofelia y su hija Maricela.

Más novela gráfica que Palomar en su ejecución, aunque yo creo que no en su resultado (o más bien cuyo resultado es menor), Río Veneno es en cierto modo una representación de varios de los rostros en ocasiones alegres de la sordidez, frente a la apacible existencia -aunque no exenta de sobresaltos- sugerida en Palomar. Hay en Río Veneno abandono, narcos, sexualidad paralela, tráfico de bebés, terrorismo contra la izquierda, ultraviolencia… Hay también un repertorio de pasiones. Y deseo. Y desdicha. Hay el México de Buñuel, la sacudida de Bajo el Volcán, el realismo visceral de Bolaño.

Y hay una música de fondo que suena, con ritmo de congas, dedicada a «gente con aventura en el alma y el alma en los pies». Como en un bolero salvaje.

La habilidad como guionista de Gilbert Hernandez manifiesta de nuevo su riqueza en Río Veneno, cuyos arcos narrativos implican una complejidad de tramas hábilmente resueltas, como es usual en este autor.

Una complejidad de tramas que son correlativas a un buen número de personajes, entre los que destacan Luba y Ofelia junto a Peter Río, María, Eduardo y Gorgo. Si otro de los puntos fuertes de Beto Hernandez es la caracterización de sus personajes, en Río Veneno es también evidente esa capacidad suya de dar vida a sus dibujos.

Palomar

Probablemente, la gran creación de Beto Hernandez es Palomar.

 

Las dos circunstancias referidas al trabajo de los hermanos Hernandez que señalé en un post anterior confluyen en esta obra.

En primer lugar, Palomar puede ser considerada una novela gráfica, y de hecho lo es, teniendo en cuenta que es también una recopilación ordenada de historietas publicadas previamente en formato de revista versión comic book (Love and Rockets) . Es lo mismo que sucede en la tradición europea, por ejemplo, con Persépolis, de Marjane Satrapi. En este caso no se trata de revistas o comic books, sino de álbumes. Las fechas de inicio de ambas obras, la de Gilbert Hernandez y la de Satrapi, explican su publicación seriada previa a su difusión en formato de libro.

Es de hecho un tópico o lugar común en el mundo del cómic actual el debate acerca de qué es lo que convierte una recopilación (TPB) en novela gráfica o, lo que viene a ser lo mismo, el debate acerca de la licitud o no de aplicarle a una recopilación el rótulo «novela gráfica».

Dejando de lado la respuesta que resuelve la cuestión indicando que lo de ‘novela gráfica’ es una moda fomentada por el mercado, es interesante el planteamiento que compara las recopilaciones bajo un nombre común de historietas seriadas más o menos autoconclusivas, como Palomar y Persépolis, con las series de televisión compuestas por capítulos y temporadas también más o menos autoconclusivas, como A dos metros bajo tierra, p. e.

Y es también convincente entender la palabra «novela» de un modo abierto y como la más moderna de las formas de escritura, en la que caben diferentes estructuras formales y narrativas al servicio de una unidad de planteamiento y resolución.

Así, Palomar  es un universo narrativo con personajes, situaciones, escenarios, arcos y tramas que configuran un todo novelesco.

16.11.2013

En segundo lugar, la condición latina hispanoamericana de Beto Hernandez alcanza en Palomar una manifestación de universalidad verista que a menudo se equipara con la que alcanzó Gabriel  García Márquez en Cien años de soledad. Y es cierto que al abrir cada página de Palomar, resuenan a la vista y al oído los acordes del realismo mágico. Y a veces hasta telúrico.

Palomar es un pueblito que recuerda el Macondo de García Márquez e incluso el Comala de Juan Rulfo, alegorías de Latinoamérica. Está situado «en algún lugar al sur de la frontera con Estados Unidos». Carece de teléfono y de gasolinera. Entre sus habitantes también hay fantasmas. Y allí saben cocinar una «sopa de gran pena» que alivia los corazones rotos.

Son muchos los personajes que pueblan Palomar. Más de cien solo en «Sopa de gran pena» (yo no los he contado, pero hay quien sí). Destacan sobre todo mujeres, personajes femeninos, heroínas. La shérif Chelo, Pipo, Carmen, Tonantzín, Ofelia, la finalmente alcaldesa Luba. Y están también las hijas de Luba: Maricela, Guadalupe, Doralis, Casimira, Socorro y Concepción. Y el hijo Joselito. Hay también, cómo no, personajes masculinos. Heraclio, Israel, Vicente, Gato, Jesús, Khamo, Satch, Martín «el loco» y otros varios.

Uno de los problemas a los que se enfrentan los realizadores de literatura episódica o seriada es el de la continuidad. Es difícil mantener la atención del lector cuando hay intervalos temporales de semanas o de meses entre una y otra historieta. Y es difícil, también, sostener de ese modo argumentos congruentes siendo tantos los personajes en juego. Sin embargo, sorprende el arte de Gilbert Hernandez para concitar en una historia personajes familiares y diversos con detalles que remiten a su vez a otras historias anteriores que identifica el lector. La continuidad estriba en eso. Y es un arte, como digo, que domina Beto Hernandez.

Y es también lo que permite tildar Palomar de acertada novela coral. Y tremenda.

Hernandez Bros

Los Bros Hernandez (Gilbert o Beto, n. 1957 y Jaime, n. 1959) irrumpieron en el mundo del cómic a comienzos de los años ochenta del siglo pasado, en el periodo de transición que media entre el puro cómix underground y el asentamiento de la novela gráfica. Este dato explica el hecho de que la primera publicación de ambos fuese un fanzine conjunto autoeditado, en el que intervino también su otro hermano Mario (los Hernandez eran -o son- seis hermanos a los que su madre inculcó desde niños la pasión por los tebeos). En 1981, dicho fanzine se convirtió en el primer número de la revista Love and Rockets, la cual continuó hasta 1996 abarcando un total de 50 números.

Percibir las características del formato revista, concretamente el formato comic book es, entonces, fundamental para apreciar cabalmente el trabajo de los hermanos Hernandez. Lo suyo es un ejemplo paradigmático de ficción seriada.

Otro dato fundamental a tener en cuenta al acceder a la obra de los Hernandez Brothers es su origen geográfico y su filiación. Oriundos de Oxnard, una localidad de la California estadounidense, son parte de una familia de inmigrantes mexicanos. Y así, tanto en la expresión gráfica como en la expresión literaria de ambos autores, esta realidad existencial hispanoamericana es consustancial a sus historietas dibujadas y narradas.

Pero el carácter hispano de los hermanos Hernandez no es una mera condición particular que da color local a sus obras, sino que ambos trascienden esta condición hasta imprimir dichas obras con tintes de universalidad.

Esa es, sin lugar a dudas, su grandeza. Y ese es, al cabo, su arte.

Luba

El universo de la ficción está lleno de heroínas, que es, al igual que los héroes, como antes se llamaba a los personajes principales de las narraciones y de las obras dramáticas.

Las heroínas son mujeres de fuste que, en la mayoría de los casos, fueron concebidas y creadas por hombres.

Aunque hay en esto, como en todo, grandes excepciones: La princesa de Clèves (publicada de forma anónima en 1687 y atribuida a Madame De La Fayette), Mrs. Dalloway (de Virginia Wolff) y Scarlett O’Hara (de Margaret Mitchell) son algunos ejemplos de mujeres concebidas por mujeres.

También el territorio cómic tiene sus heroínas.

Una de ellas es Luba, enorme criatura de Gilbert «Beto» Hernandez.

Aunque Luba en realidad es una heroína que ejerce como centro o referente de otras muchas heroínas.

Y es que tanto Gilbert Hernandez como su hermano Jaime -los Hernandez Brothers o Bros Hernandez- realizan cada uno, desde su mirada personal y postunderground, una representación ficcional genuina y certera de mujeres que son muy creíbles. (Metaficción postunderground de la transvanguardia: cultura de prefijos, vacío de lenguaje.)

Estoy por decir que si un valor que se le reconoce a Pedro Almodóvar es su acierto al representar la mirada femenina en sus filmes postmodernos, ese aspecto de su cine es aguachirle en comparación con la vívida representación de mujeres realizada por los hermanos Hernandez en sus cómics.

20.11.2013

Luba es el personaje central de buena parte de la narrativa de Gilbert Hernandez. Es hija del indio Eduardo y de María, por lo que a veces alguien se refiere a ella como «la india Luba». Tiene dos hermanastras por parte de madre, seis hijas y un hijo, más otro -el primogénito- que presumiblemente se lo robaron en la clínica para venderlo nada más nacer. Son hijos e hijas de diferentes padres. Tiene también una prima, Ofelia, con la que pasa buena parte de su vida y es la que cuida a sus hijas pequeñas. Y una sobrina, Venus. Y un marido y amante duradero, Khamo… Cada uno de estos personajes establece relaciones con otros personajes, los cuales a su vez también se relacionan con otros y así. Con lo cual, tenemos un universo narrativo sumamente poblado.

La centralidad de Luba, entonces, no consiste en que ella sea el foco permanente de la narración. Consiste, más bien, en que opera a modo de polo magnético, a modo de referencia a la que remite la mayoría de los personajes de ese universo ficticio. Y Luba es una referencia a la que remite también la imaginación del lector.

Se trata en todo caso de personajes que están vivos, es decir, nacen, crecen, envejecen, etc.

Tras las historias de Palomar y de Río Veneno, Beto Hernández siguió publicando diferentes cómics de historietas referidas al universo de Luba. Luego fueron sucesivamente recopiladas en tres tomos titulados cada uno:

Luba en Norteamérica,

El libro de Ofelia

y Tres hijas,

La sucesión encadenada de tramas y personajes continúa en esta serie, si bien centrada ahora en avatares de la familia de Luba.

La transición entre esta etapa estadounidense de la heroína y su anterior estadía en Palomar la establece Gilbert Hernandez en las últimas historias del segundo tomo de Palomar. La diferencia entre ambas series es muy notable y a favor de la primera, la que transcurre en aquel pueblecito «más allá de la frontera del sur de los Estados». Con todo, el arte tebeístico de Beto se impone igualmente al lector.

De entre las muchas historias de la serie de Luba en Norteamérica, destaca tal vez la de Doralis, que es la que cierra el ciclo. Es tan conmovedora como la historia de Tonantzin, correspondiente al primer ciclo, el de Palomar.

Ardalén

Me enteré ayer de la noticia. La novela gráfica Ardalén, de Miguelantxo Prado, ha obtenido el Premio Nacional del Cómic. Lo que no he leído aún es la obra, La tengo entre manos, en las manos en este momento, pero debe esperar. Estoy enfrascado en otra fascinante historia.

Lo que sí he hecho es hojear el libro, en preciosa encuadernación con su cinta punto de lectura y todo. En efecto, Miguelanxo Prado tiene una «maestría técnica en el uso del color», lo que ya se nos reveló al leer Trazo de tiza y al visionar De Profundis. Prado viene a ser así un pintor de cuadros que es autor de cómics o un autor de cómics que pinta cuadros. Tanto monta, monta tanto.

Para hacer boca, copio lo que aparece al comienzo de Ardalén:

«ábrego.

(Del lat. afrïcus).

  1. 1. Viento templado y húmedo del suroeste, que trae las lluvias.

ardalén s. m. (del gallego ar de / do alén, aire de / del más allá). Viento ábrego que sopla desde el mar hacia la tierra, procedente del suroeste, en las costas atlánticas europeas. Se trata de un viento húmedo que llega a portar muchos kilómetros tierra adentro olores a sal y a yodo. Según ñas creencias populares, el ardalén se origina en las costas americanas, atraviesa el Océano Atlántico y llega al suroeste de Europa.»

La cosa promete.

01.12.2013

La memoria es buena parte de nuestro patrimonio mental o psíquico. Los recuerdos nos constituyen. Son un alimento inmaterial.

En tanto que contenido mental, los recuerdos no siempre son calcos o representaciones de experiencias directamente vividas. Ya que en la formación de la memoria interviene en mayor o menor grado la imaginación, hasta el punto de poder una y otra llegar a confundirse o mezclarse, como en los falsos recuerdos que son, sin embargo, vividos como verdaderos. En su aspecto vivencial, por otra parte, la memoria se encuentra atravesada por emociones y sentimientos asociados a sus contenidos. Rememorar es una forma de revivir.

La neurociencia actual localiza en el hipocampo la función cerebral vinculada a la elaboración de recuerdos; pero no deja de ser este, el de la memoria, un territorio ignoto sujeto a múltiples hipótesis  e investigaciones. Por ejemplo, ¿es posible aceptar, como hipótesis de trabajo, que un sujeto pueda incorporar en su memoria recuerdos procedentes de la experiencia de otro sujeto?

Estos son los materiales intelectuales que inspiran el argumento de Ardalén, de Miguelanxo Prado, último Premio Nacional del Cómic de España.

Es también Ardalén un hermoso ejemplo de lengua o literatura dibujada, pintada más bien.

02.12.2013

El ardalén es un viento imaginario, inventado. Aunque bueno, lo que inventa realmente Miguelanxo Prado es la palabra ‘ardalén’, con etimología gallega. Existen en España los vientos ábregos, procedentes del sur y del suroeste. Pero el ardalén, con ese nombre, es una creación de Prado. No obstante, hacia el final del libro nos enteramos de que ciertamente puede haber influencias en Galicia de vientos procedentes del Atlántico caribeño, como el caso datado del huracán «Dolly», de 1953.

Y esa es la clave de la historia. El ardalén lleva hasta una aldea de la Galicia profunda, hacia el interior de Rías Baixas, olores y sabores de mar, pero también ensoñaciones y recuerdos que son recogidos por la mente desordenada del lugareño Fidel.

Ardalén es también la historia de una búsqueda, la que emprende Sabela tras las huellas de su abuelo materno que embarcó para Cuba en los años treinta del novecientos.

Hay así en Ardalén reminiscencias, muchas reminiscencias que entroncan con esa quinta provincia gallega en el hemisferio sur.

Y hay amores. Y hay tormentas de alta mar. Y naufragios.

Y hay nombres de lugares que Cuando los digo se me llenan los ojos de colores como de fiesta, y me dan ganas de reír.

Y hay también algún mal rollo.

03.12.2013

Lo mejor de Ardalén son varias cosas. En particular, la singular belleza que el autor extrae de esa especie de armonía entre contrarios que parece inspirar la obra entera y que es a la postre la que fundamenta esa otra belleza -esta netamente formal- que evidencia el libro.

Tampoco está de más referir el realismo poético, más que mágico, puesto al servicio de una alegoría del naufragio que bien pudiera ser el sentido final de Ardalén.

Y queda, finalmente, esa franca alegría iluminada con olor y sabor a salitre y acompasada con sonidos y con ritmos de ultramar.

La novela gráfica en escena

Más allá de la clásica utilidad que los cómics de superhéroes ofrecen para ser llevados al cine y a la televisión, también la nueva novela gráfica se presenta como «un arma cargada de futuro» en el mundo del espectáculo y de las artes escénicas.

Dejo un par de informaciones que muestran la importancia de dos novelas gráficas que han servido como respectivas fuentes, una para un exitoso musical y otra para una premiada película. El hecho de que ambas obras giren en torno a la condición sexual de sus protagonistas lo consideraré anecdótico.

1.- De Fun Home hemos hablado ya en este hilo. Ahora triunfa como el musical de moda en Nueva York. Pongo al respecto el siguiente enlace y copio el primer párrafo de la noticia:

Un cómic que arrasa en vivo

Un musical adapta la rompedora novela autobiográfica de la dibujante Alison Bechdel

 ‘Fun Home’, con una excelente acogida de crítica y público, extiende el calendario de funciones

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/11/06/actualidad/1383764649_031275.html

“Mi padre y yo crecimos en la misma pequeña ciudad de Pennsylvania. Mi padre era gay y yo soy gay. Mi padre se mató y yo soy una dibujante lesbiana”. Con esta contundente explicación arranca el musical que triunfa este otoño en Nueva York, sobre el escenario del Public Theater en el circuito Off Broadway. Fun Home, adapta el cómic del mismo título con el que la ilustradora Alison Bechdel quedó catapultada a las lista de ventas y mejores libros del New York Times en 2006. Con su audaz, sincera y estremecedora tragicomedia familiar –como quedó subtitulado el libro– Bechdel dio un nuevo sentido a la novela gráfica, más auto-bio-gráfica que nunca hasta entonces.

2.- 

La vida de Adèle (2013) ha obtenido la Palma de Oro del último festival de Cannes. Pese a sus tres horas de duración, está siendo considerada por público y crítica una de las mejores películas del año, tal vez debido a la estupefacción emocional o emotiva que parece provocar en el espectador.

Pues bien, el asunto es que La vida de Adèle es un largometraje basado en la novela gráfica El azul es un color cálido (2009), de la joven francesa Julie Maroh, ganadora en 2011 de un premio en la prestigiosa cita de Angoulème. El azul es un color cálido es una suerte de tranche de vie o de slice of life enmarcable tal vez en el estilo de la nouvelle manga.

99 Ejercicios de Estilo

Una de las claves del éxito de las artes, también o incluso más en esta era en que ya han perdido el aura que las conectaba con lo sagrado, descansa en su capacidad de asombrar al que las recibe.

A mí me ha asombrado 99 Ejercicios de Estilo, del neoyorquino Matt Madden (n. 1968).

La traducción literal del título original de este libro revela su contenido: 99 formas de contar una historia. Esto es, dada una corta historieta inicial en ocho viñetas que ocupan una página:

el autor propone otras noventa y ocho variantes formales de la misma historieta. Por ejemplo, una de esas versiones o ejercicios está realizada en estilo Línea Clara:

otra en estilo Comix Underground:

en estilo Superhéroes:

y así sucesivamente.

Según declara el propio Matt Madden, la idea, la inspiración de este cómic procede de un libro ya clásico de 1947 escrito por el francés Raymond Queneau: Ejercicios de estilo.

25.10.2013

Refiriéndose al libro de Raymond Queneau que es la fuente de su inspiración, Matt Madden escribe:

En cuanto leí ‘Ejercicios de estilo’pensé que sería divertido y, todo un reto, aplicar esa idea a la narrativa visual,…

Ya el libro de Queneau sugiere un cierto alejandrinismo en el que el juego y la experimentación formal constituyen el núcleo del proyecto. Y el libro de Madden no sería más, entonces, que el rizo de un rizo al trasponer al lenguaje del cómic la aventura literaria y experimental de Queneau.

Sin embargo, más allá de esta constatación, queda por resolver un dilema. Y es que no sabemos si estas variaciones experimentales son un mero juego formalista o formal que revela un agotamiento creador y estético, o es más bien al contrario, de modo que estos ejercicios de estilo son como una ventilación de las enormes posibilidades estéticas implícitas en cualquier leve fragmento de la vida.

En el caso de optar por el segundo cuerno del dilema, desbarataríamos además esa dicotomía escolar que distingue y separa entre el fondo y la forma en las artes; una posición esta que recuerda aquella otra de Paul Valéry que afirmaba que lo más profundo es la piel. Y que es, por cierto, la que Matt Madden asume:

Espero que esta obra, en vez de repetir la eterna batalla entre la forma y el contenido, el estilo y la sustancia, ponga en tela de juicio esas gastadas dicotomías y sugiera un modelo diferente: la forma como contenido, y la sustancia inseparable del estilo.

Lo cual no quita que Ejercicios de estilo sea un excelente manual de aprendizaje de lectura y de escritura, tanto aplicado a la literatura (Queneau) como al cómic (Madden).