«La politoxicomanía es un mundo, una lengua, un léxico exclusivo…»
El inmortal de Carlos Giménez
«En Roma, conversé con filósofos que sintieron que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes.» (Borges, El inmortal)
«Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible es saberse inmortal.»
Vidas cruzadas (6). Andreu Nin
El hilo nos lleva de Trotski a Nin.
En efecto, la trama inicial de las vanguardias artísticas ha derivado en la de las vanguardias políticas, y de ahí desembocamos en «la revolución traicionada» (en palabras de Camus). Los asesinatos de Andreu Nin, primero, y de Trotski, después, revelaron el poder omnímodo del estalinismo y el aplastamiento de la revolución, sustituida por la burocracia del Partido Comunista único al servicio de la maquinaria estatal y por la actividad de los tentáculos internacionales del Komintern.
El ninotaire Lluís Juste de Nin nos dejó, en lenguaje de cómic, un testimonio biográfico y político de su pariente Andreu Nin. Tiene mérito la cosa, pues el autor del tebeo fue militante clandestino del PSUC, en la órbita estalinista, durante la dictadura de Franco. Justo es reconocer que los únicos partidos organizados contra el franquismo en aquel periodo eran el PCE y su primo hermano, el PSUC. Pero el subtítulo del cómic Andreu Nin, Siguiendo tus pasos da cuenta de que el posibilismo de Juste de Nin cuando Franco vivía fue sustituido por una visión más amplia del horizonte revolucionario.
Uno de los cruces entre La sombra roja y Andreu Nin lo proporciona Constancia de la Mora Maura, tía de Jorge Semprún. Su nombre aparece en los relatos acerca de las muertes de Trotski y de Nin.
Vidas cruzadas (5). Caritat del Río
«Caritat del Río» es el título de la historieta de Pep Brocal ganadora de la primera edición del Premi Ara de Còmic en Català dirigido a obras de no ficción. El volumen Vinyetari (2021), publicado por Norma Editorial, recoge dieciocho historietas seleccionadas de entre las que optaron al Premio, incluidas la de Brocal y otras dos finalistas. Lo curioso es que en La sombra roja, el tebeo de Pécau y González señalado en la entrada anterior de este blog, aparece también una referencia a la madre de Ramón Mercader, el asesino de Trotski.
En los dos cómics se representa además el momento del asesinato de Trotski en México el año 1940. Así en la historieta de Pep Brocal:
Así en La sombra roja:
El asesinato de Trotski en sí mismo, el conocimiento de sus causas y de sus circunstancias, proporciona un conjunto de claves de primer orden para comprender un buen tramo del siglo XX desde la perspectiva de las vanguardias políticas y, a través de personajes como Tina Modotti, en su relación con las vanguardias artísticas. El hilo de Vidas Cruzadas que sigo a propósito de la representación en cómic de estas vidas y de sus relaciones nos sirve para tejer la trama de ese periodo.
Vidas cruzadas (4). La sombra de Tina Modotti
Es la sombra de una vida que se apaga a la luz de la revolución. O la luz de una revolución que se apaga y de la que solamente quedan una brasa y su sombra. La figuración narrativa articula relatos entretejidos a la luz de esta brasa con personajes reales, muchos de ellos quemados por el fuego de la historia, otros meros supervivientes. Tina Modotti no sobrevivió, pero queda su sombra.
Dos tebeos ya veteranos se centran en la fotógrafa de origen italiano: Modotti. Una mujer del Siglo Veinte (2003-2005), de Ángel de la Calle, y Un verano insolente (2009-2010), de Rubén Pellejero y Denis Lapière. Hay ahora un tercer título, muy reciente, que se añade a la lista: La sombra roja (2021), de Jean-Pierre Pécau y Jandro González.
La investigación acerca de la vida y la muerte de Tina Modotti planteada en La sombra roja se encuentra muy cerca de la emprendida por De la Calle en Una mujer del Siglo Veinte. Pero el guion de Pécau introduce un personaje central a propósito de la historia: Jorge Semprún, a quien se le encarga en el cómic investigar el final de Modotti. Aunque no llegaron a conocerse, la fotógrafa y el escritor compartieron la atmósfera común que proporcionaba la militancia comunista en la era del estalinismo, una atmósfera que impregna el relato de Pécau y González.
Lo de menos es la veracidad del encargo y de la investigación representada en el cómic; lo de más, la plausibilidad que en él se despliega respecto a las hipótesis sugeridas. A fin de cuentas, precisamente Semprún defendía “la legitimidad de la ficción literaria para transmitir la verdad histórica”, y así lo practicó alguna vez en su tarea de escritor al combinar ambas parcelas. La sintonía de esta tesis del polifacético Semprún con la estructura y composición de La sombra roja añade rotundidad no solo al relato, sino a lo que de él se desprende. La sombra roja de Tina Modotti y de los militantes que intervienen en la trama, incluido Semprún, ilumina la historia.
Maridaje Pulp (2)
Maridaje Pulp

La extensión del manga
Un tercer sentido de ‘la extensión del manga’ alude al número de páginas de las historietas y sagas del tebeo japones, muy superior al de los cómics occidentales. Tiene que ver con la puesta en página, con la secuenciación, con el estilo, aunque no es independiente de las condiciones de producción. Lo dejaremos para otro día.
Gekiga al cuadrado
¿Qué mejor manera de presentar el gekiga que a través de un gekiga, una historia gráfica que cuente los orígenes de esta modalidad de historieta nacida en Japón a finales de los años cincuenta del siglo pasado? ¿Y si además contamos no con uno, sino con dos gekigas centrados en esta misma historia?
El primero de estos dos cómics es obra de Masahiko Matsumoto: Los locos del gekiga (Gekiga baka-tachi!!), publicado en revista entre 1979 y 1984 y aparecido recientemente en nuestro país ―en 2021, unos cuarenta años después― editado por Satori.
El segundo corresponde a Yoshihiro Tatsumi: Una vida errante (Gekiga Hyoryu), serializado entre 1995 y 2006 y publicado prontamente en España en dos volúmenes por Astiberri en 2009.
Si tenemos en cuenta que tanto Masahiko Matsumoto como Yoshihiro Tatsumi, junto a Takao Saito, son los tres protagonistas más inmediatos del nacimiento del gekiga, llama la atención que el tebeo de Matsumoto, siendo anterior a la hora de tratar este asunto, haya tardado tanto tiempo en ser traducido a nuestro idioma, especialmente en comparación con el tebeo de Tatsumi, tan celebrado de inmediato aquí. Sobre todo, lo más sorprendente no es solo que nos encontramos ante una misma historia contada según dos versiones gráficas distintas, la de Matsumoto y la de Tatsumi, sino que además resulta que la segunda versión parece en ciertas ocasiones un calco de la primera. Entendámonos. El tebeo de Tatsumi, Una vida errante, abarca mayor extensión cronológica y dramática que el de Matsumoto, Los locos del Gekiga. Sin embargo, en lo que concierne al periodo en que los tres dibujantes coincidieron, primero en Osaka y luego en Tokio, da la sensación de que, o bien nos encontramos ante una historia previamente consensuada al detalle, la de los orígenes del gekiga, o bien es que Tatsumi ha copiado a Matsumoto sin más. Una simple muestra sirve para ilustrar lo que digo. La viñeta de la izquierda está sacada de Los locos del Gekiga: la de la derecha, corresponde a Una vida errante:

Los dos libros, el de Matsumoto y el de Tatsumi se encuentran intercalados con referencias socioculturales del Japón de la época en que transcurre la historia. Incluso ahí encontramos en el segundo poco menos que calcos de lo hallado en el primero. Es más, en el Epílogo con que Tatsumi cierra Una vida errante dedica el autor un recuerdo al artífice de Los locos del gekiga: «Matsumoto me aportó numerosos documentos de gran valor para la realización de Una vida errante». Y es cierto que cuando corresponde, Tatsumi cita como fuente a Matsumoto. Pero en ningún momento o lugar de Una vida errante aparece una sola alusión a Los locos del gekiga. Supongo que, como suele decirse, el tiempo aclarará este asunto.
Dejo de lado ahora los contenidos de ambos tebeos, así como cuestiones conceptuales o descriptivas implicadas por términos tales como manga, komaga, gekiga, mangaka… e incluso novela gráfica (por ejemplo, la consideración de la fórmula «’manga’ es a ‘gekiga’ como ‘cómic’ es a ‘novela gráfica’»). Es materia para otra ocasión.
Según el planeamiento inicial de esta entrada, quizás me quedo corto cuando la titulo “Gekiga al cuadrado”, pues más bien parece que el producto de estas dos obras, la de Matsumoto y la de Tatsumi, viene a ser algo así como elevar el gekiga a la cuádruple potencia.
Entre los bocetos y las versiones finales























