El arte de Charlie Chan Hock Chye. El arte de Sonny Liew

Uno de los efectos que trae consigo la costumbre de leer habitualmente cómics es que uno acaba por leer cualquier otro texto de cualquier otro tipo como si fuera también un cómic. No solamente las novelas de Philip K. Dick, también cumplidos manuales de geografía urbana o de Historia y hasta, si me apuran, la misma Fenomenología del espíritu, por aquello de la narratividad de estos textos, pueden ser abordados por un lector de tebeos como si fueran tebeos. Eso sí, con la seriedad conveniente a cada caso.

En el límite, percibir la realidad a la manera de un cómic inmenso se inscribiría en el orden de lo patológico, de no tener clara la distinción entre lo real y las maneras de acceder a la realidad, o la diferencia entre el lenguaje y lo significado por él. Y es más o menos pacífico, me parece, que una de las vías de acceso a la realidad la proporcionan las artes, entre otros artificios, a través de sus diversos lenguajes.

(Este efecto al que me refiero no es exclusivo de la lectura de cómics. Se asemeja al producido por el hábito de ver muchas películas de cine o muchas series de televisión, o el de leer abundantes novelas, o el de seguir ciegamente los telediarios. Si no se aplicara la distinción señalada, una fusión entre lo simbólico y lo real derivaría en el peor de los casos en carne de patología, como a veces ocurre. De ahí la importancia del sujeto interpuesto que filtra la información que recibe.)

Desde la posición del autor -y no solo lector- de tebeos, esta percepción de la realidad según el lenguaje del cómic se traduce cada vez más en la realización efectiva de obras no ficcionales… con todas las matizaciones y reparos inherentes al término ‘ficcional’. Es el caso de los cómics de Joe Sacco y el periodismo gráfico, de los tebeos de materia científica como NeurocómicLogicómixPseudociencia y tal, o de las representaciones históricas y biográficas según el lenguaje de la historieta: La guerra civil españolaLa mujer rebeldeDr. Uriel, etc.

Sin embargo, el historietista e ilustrador Sonny Liew (n. 1974) le ha dado una vuelta de tuerca a este planteamiento mediante El arte de Charlie Chan Hock Chye (2015, ahora publicado aquí).

El subtítulo que aparece en la coedición española de El arte de Charlie Chan no deja de dar una pista: Una historia de Singapur. En efecto, el cómic de Sonny Liew ofrece una representación de la historia política de aquella república insular situada en el océano Índico.

Pero la vuelta de tuerca de Liew en esta obra, respecto a otros tebeos de índole no ficcional, estriba en la sagacidad con que el artista combina el plano de lo real, el de la no ficción, el de la historia… con el plano de lo simbólico, el de la ficción, el de la historieta.

Chan Hock Chye es el personaje principal del cómic de Sonny Lew. Y es también un dibujante de cómics.

Lo que lleva a cabo Sonny Lew en El arte de Charlie Chan, entonces, es la representación de la historia política de Singapur mediante las historietas de un personaje de cómic creado por el propio Sonny Lew.

De paso, Sonny Liew sintetiza en su cómic la historia del medio (Chan Hock Chye nació -en papel- en 1938, fecha emblemática en este medio). Y todo el tebeo de Liew, por cierto, es un homenaje al mundo del cómic, a su historia (empezando por Osamu Tezuka), a su capacidad para referir con sus propios recursos la realidad, a la pasión que se apodera de los poseídos por este arte.

Es el arte de Sonny Liew.

Hay más cosas en El arte de Charlie Chan Hock Chye, como las sugeridas por este vídeo promocional:

https://vimeo.com/218132635

(Continuará.)

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