‘Relato soñado’ y el teorema de Solaris

Stanislaw Lem escribió una novela cuyo título, Solaris, es el nombre de un planeta de existencia incierta. Entre otros hallazgos, el texto del autor polaco imagina -y propone- una nueva ciencia, la solarística, que viene a ser un acopio de las tentativas humanas para acceder a la comprensión del planeta, para establecer un contacto siquiera intelectual con él. El número de hipótesis, experimentos, interpretaciones, ensayos o meras elucubraciones que nutren esta solarística se acrecienta sin reparo, aunque infructuosamente. El planeta Solaris es tan inaccesible, complejo y rico en matices como inaccesible, compleja y rica en matices es la novela Solaris. La solarística, entonces, es también el arte de interpretar la novela de Lem, tal y como postula Jesús Palacios.

Hasta el momento sabemos de dos películas que con el mismo título, Solaris, se basan en esa novela de Stanislaw Lem. La primera, dirigida por Andréi Tarkovski, se estrenó en 1972; la segunda, de Steven Soderbergh, en 2002. Son dos versiones cinematográficas, dos intentos de verter aquella novela al lenguaje del cine. Son a la vez muy diferentes entre sí en su concepción, planteamientos y ejecución. Sin embargo, en el mejor de los casos ambos filmes forman parte ya de la solarística. Por otra parte, que yo sepa, no existe hasta ahora una versión en cómic de la novela Solaris (la némesis de Superman así llamada no cuenta, claro). Pero lo dicho acerca de las dos películas citadas puede servir respecto a tantas reescrituras en cómic de otros textos literarios sin imágenes. Es bastante probable que cualquier historieta que surja inspirada en Solaris, en el mejor de los casos (siendo magnífica, quiero decir) pasará a engrosar los anaqueles de la solarística.

La novela Solaris es como un planeta inaccesible a la encapsulación intelectual y representacional, a cuyo alrededor orbitan a manera de satélites las creaciones artísticas que tratan de reproducirla con diferentes lenguajes. Esto es a lo que me refiero cuando hablo del teorema de Solaris. Las versiones tales como películas, cómics, etcétera emanadas a partir de Solaris no tendrán un valor de sustitución de la propia novela, igual que los satélites que reflejaran con mayor o menor fortuna las imágenes de Solaris no podrían sustituir la realidad del planeta.

Es un teorema que, por cierto, no implica que no pueda haber excelentes obras de arte planteadas como reescrituras de textos literarios previos.

Esta elucubración me ha venido a propósito de Relato soñado (Traumnovelle, 2012), un tebeo de Jakob Hinrichs propuesto como versión gráfica de la novelita (y novelaza) de igual título escrita por el vienés Arthur Schnitzler entre 1921 y 1925, publicada en Berlín en 1926. Se da la circunstancia de que hay una versión cinematográfica de este mismo relato de Schnitzler, previa a la historieta de Hinrichs. Me refiero a la película póstuma de Stanley Kubrick, estrenada en 1999 con el título Eyes Wide Shut.

Traumnovelle, de Arthur Schnitzler, es un texto escrito bajo la estela de Die Tramdeutung (La interpretación de los sueños, 1899, 1900) del también vienés Sigmund Freud. En las poco más de cien páginas de Relato soñado, Schnitzler figura en su ficción novelesca los mecanismos de la condensación y el desplazamiento referidos por Freud con respecto a las imágenes oníricas y a su secuencialidad. La ficción de Schnitzler, en suma, recrea una sucesión de situaciones que participan de una atmósfera onírica tal, que no llega a saberse si el sueño del título concierne a las peripecias de Fridolin, a la fantasía que le cuenta su esposa Albertine o a la narración entera. El relato del escritor vienés apunta a la experiencia familiar monógama en relación con la sexualidad. En mi opinión, Schnitzler denuncia la situación asimétrica de la mujer con respecto al marido en este esquema matrimonial, pues él intenta realizar a la inversa, y con rabia, lo que ella meramente ha soñado e ingenuamente le cuenta. En cualquier caso, el acierto de Relato soñado estriba en ayudar al lector a descubrir territorios mentales y vívidos, que es a fin de cuentas lo que persigue el arte.

El alemán Jakob Hinrichs (n. 1977) dibuja y escribe una versión en lenguaje de cómic del Relato soñado de Arthur Schnitzler. Emplea una adecuada combinación de expresionismo pop y surrealismo, junto a técnicas gráficas procedentes de la ilustración, el cartelismo y la publicidad, más un uso inteligente de los colores primarios y secundarios. Dota a su obra, en este sentido, de la modernidad exhalada por la novela de Schnitzler. Además, Hinrichs establece un orden secuencial, visual y gráfico que, junto a ofrecer una cumplida reescritura del texto original, presenta al fruidor también la posibilidad de encontrar conexiones mentales y vívidas. Nada que objetar, en fin, acerca de este significativamente bello tebeo.

Vano resulta, con todo, pretender otorgar al cómic de Hindrichs un valor de sustitución respecto al relato de Schnitzler. El teorema de Solaris encuentra aquí una aplicación de primera, en la medida en que la novela Relato soñado escapa a una representación definitiva o única, como ocurre con la novela Solaris. El planeta Solaris es mutante, evanescente y efímero; es esto lo que fundamenta su inabarcabilidad. Igualmente son mutantes, evanescentes y efímeras las percepciones de los lectores que acceden a la obra de Lem. Es lo mismo que sucede con Relato soñado y lo que este describe. Un artista podrá plasmar esas percepciones variables fijándolas instantáneamente. Y aportará, quizás, una obra importante. Pero las percepciones mutantes, evanescentes y efímeras que proceden del texto matriz continúan sugiriendo innumerables posibilidades artísticas.

Bien  mirado, el teorema de Solaris afecta a los mejores tebeos, películas y tal que resignifican los mejores textos literarios.

Y así, Relato soñado, de Hinrichs y Eyes Wide Shut, de Kubrick son dos satélites que giran en torno a Traumnovelle, de Schnitzler.

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