El tributo de Joe Sacco

Es lo que yo supongo. Un tributo a la tierra (2020) es otro hito de Joe Sacco, una nueva estación significativa de ese viaje suyo que se extiende por la representación de sí mismo, de los otros… y hasta del lector mismo, como enseguida veremos. Considerado el gran exponente de lo conocido como ‘periodismo gráfico’, la de Sacco es una trayectoria que oscila entre el periodismo gonzo (El rock y yo), el de investigación y denuncia (PalestinaNotas al pie de Gaza), el bélico (Yonqui de la guerraGorazde zona protegidaEl mediadorWar’s End), el que da voz a los olvidados (Reportajes) y a los excluidos (Días de destrucción, días de revuelta), etcétera; aunque en realidad, si se observan las gráficas sucesivas de las obras de Sacco, se aprecia que todas estas categorías se conjugan en ellas en función de modulaciones de grado. 

[Algunos enlaces acerca del periodismo gráfico de Sacco: https://saludytebeos.blog/2012/10/24/los-reportajes-de-joe-sacco/, https://saludytebeos.blog/2014/04/30/joe-sacco-periodista/, https://saludytebeos.blog/2013/09/15/el-rock-y-yo-joe-sacco-y-el-periodismo-gonzo/]


Sin embargo, ante el nuevo tebeo del dibujante maltés, Un tributo a la tierra, se me ocurre que ventilar sin más el trabajo de Sacco calificándolo de periodismo gráfico es quedarse corto o, quizás, pasar de largo ante las muchísimas sugerencias que el mismo contiene. Es cierto, desde luego, que Sacco prosigue en esta obra reciente su labor de reportero de denuncia, en íntima conexión con lo realizado en Días de destrucción, días de revuelta (2012, en colaboración con Chris Hedges), aunque ahora se centra en el país al norte de Estados Unidos, concretamente en los territorios del noroeste de Canadá. Es cierto también que las lentes de Joe Sacco reflejan aquí lo que la revista Babelia titula como la extinción de una cultura indígena; y es cierto sin duda que esas lentes iluminan la realidad de los denes y el resto de nativos de aquella región canadiense. Pero pienso que la cosa no se queda ahí (lo mismo que rechazo cualquier autocomplacencia o atisbo de condescendencia disfrazadas de reivindicación ajena). Según voy progresando en la lectura de Un tributo a la tierra me percato de que en realidad el alcance de algunas de las condiciones que denuncia Sacco no son tan ajenas a nosotros mismos. Por ejemplo, los efectos aculturadores de la educación religiosa llevada a cabo sobre los nativos en los internados que durante un siglo y medio funcionaron en aquella región son extrapolables, en mayor o menor medida, a los efectos padecidos aquí por la misma causa, o por el servicio militar obligatorio en nuestras latitudes hasta hace cuatro días, o por las diversas variantes ejercidas para la domesticación de los niños y niñas en nombre de una educación de provecho. Otro ejemplo, en una línea similar, lo proporciona la cuestión de las lenguas minorizadas, una lacra que ha afectado no solo a los aborígenes denes, sino también a tantísimos hablantes muy cerca de nosotros. Es decir, la narrativa de Sacco me parece que establece puentes interculturales de un modo que, en el límite, sería ciertamente exagerado afirmar que todos somos el mismo, pero no lo es tanto entender que todos somos víctimas y actores, agentes y pacientes de ciertas estructuras que son tan universales quizás como viene a ser la humanidad cuya vida trazan. 


La estructura en la que se enmarca la alienación de los sujetos en Un tributo a la tierra, como antes en Días de destrucción, es el sistema capitalista depredador, bien auspiciado por sus superestructuras. Se trata del sistema que destruye la naturaleza a la vez que, como nos muestra Sacco, destruye la autosuficiencia original de los nativos sustituyéndola por un salario que a la postre desaparece y deja un rastro de paro y de vida dependiente y subsidiada. Esto es algo que recuerda, siguiendo con mi argumentación, a lo sucedido en Europa cuando la primera revolución industrial, que sustituyó los oficios gremiales por el trabajo en las fábricas con su retahíla de formas de alienación. Por supuesto que hay matices y circunstancias específicas en cada momento y lugar, lo mismo que la honestidad de Sacco le lleva a mostrar las contradicciones inherentes a tantas situaciones y comportamientos, pero adonde quiero llegar es a que Sacco no se limita a mostrar las condiciones particulares de un pueblo o nación, sino que muchas de esas condiciones nos alcanzan a todos (o a la inmensa mayoría).

Ese es el tributo de Joe Sacco. Un tributo que conecta con las expectativas actuales de un cambio de alcance universal en las relaciones de los seres humanos no solo con la naturaleza y con sus componentes, sino también consigo mismos. 

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