ABCdari il.lustrat: el mundo de Mariscal

¿Se trata de acceder al mundo a través del lenguaje, o acaso de acceder al lenguaje a través del mundo? De las dos cosas juntas, al unísono, parece decirnos Javier Mariscal con su abecedario ilustrado, o ABCdari il.lustrat.
Aunque más bien lo que aquí nos propone Mariscal es que accedamos, mediante el orden alfabético de sus dibujos, a su mundo. Las lenguas solo existen idealmente en las gramáticas y en los diccionarios. Lo que hablamos y escuchamos a diario, lo que realizamos en la vida común, son los dialectos y los idiolectos. ¿Y qué es lo que componen los trazos de un dibujante si no es su idiolecto particular? Mariscal nos habla con sus dibujos y nos representa su mundo. ABCdari il.lustrat fue iniciado en 1975 y publicado en 1978 por Antoni Bosch para la colección Quaderns Crema. Ahora vive una segunda edición. El universo de Los Garriris, pero también el diseño y el mobiliario de Mariscal se encuentran prefigurados en este primer libro suyo.
Además de mostrar un imaginario privado, el del autor, la lectura y contemplación de este abecedario ilustrado nos retrotrae a un tiempo en el que el lenguaje se extendió hasta invadir la realidad entera. Eran los años del postestructuralismo y del placer del texto. Luego llegaría la era de la digitalización y con ella el triunfo de la sustitución de la realidad por los códigos alfanuméricos y la manipulación de algoritmos. Pero estamos todavía, con la lengua de Mariscal en este libro, en la fase previa al predominio de la telemática. Una rosa era una rosa era una rosa era una rosa, pero en este caso accederíamos a ella a través de la palabra y el dibujo del autor valenciano.
En cierto modo, Mariscal configura un metarrelato. La exposición de su universo, el relato del artista, se realiza mediante la exposición del lenguaje de ese relato. Tratándose además de Mariscal, el juego y la exploración del humor que se esconden tras el orden y la seriedad, aparentemente escolar, desempeñan aquí el papel de fundamento de la narración. Es una de las virtudes del arte de la representación que tan bien lleva a término nuestro autor. Igual que nos sorprende con alguna greguería («La J es la letra porno del abecedario»), también es llamativa una puesta en página peculiar.
La lengua de Mariscal se encuentra en su trazo, en sus dibujos.

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