La sublimación compartida

Este fin de semana, Silvia Hernando firma en Babelia el siguiente artículo:
El artículo coincide en el tiempo con la aparición en nuestro idioma de Seguir dibujando, un tebeo de la francesa Coco (Corinne Rey) publicado originalmente en 2021. Es una coincidencia que no pasa de ahí. El malestar es una constante de la civilización, como constantes son los medios para sublimarlo: arte, filosofía, literatura, ciencia, religión, viajes, gastronomía… (la cultura es causa, pero también efecto del malestar) El artículo de Silvia Hernando trata de escritoras y escritores que convierten su trastorno en objeto directo de la narración, y considera que se trata de una novedad (poco menos que una moda, tal y como lo plantea) en literatura. Pero en materia de cómic, qué les voy a decir, llevamos ya años con este asunto, conscientes de que el cómic es un arte visual, además de narrativo, que goza de los beneficios de la sensorialidad

El tebeo de Coco tiene su origen en una experiencia extremadamente traumática, para nada infantil: la matanza llevada a cabo por dos islamistas enmascarados el 7 de enero de 2015 en las dependencias de la revista Charlie Hebdo en París. Fue un horrible atentado perpetrado directamente contra dibujantes y humoristas gráficos (aunque las víctimas excedieron ese marco). Los miembros de la redacción de Charlie ―o dibujantes cercanos a ella― que por diferentes motivos no sucumbieron en la masacre deben sobrellevar esa experiencia traumática, es una circunstancia vital que les acompaña. Seguir dibujando, pues, se inscribe en un conjunto de cómics cuyo origen se encuentra en aquella brutalidad: Catharsis (2015), de Luz (Rénald Luzier), autor que quedó a las puertas de la redacción el día del atentado; La levedad (2016), de Catherine Meurisse, quien llegó tarde a la reunión de los lunes porque el despertador no sonó; Si Dios existe (2015), de Joann Sfar, testimonio honesto de un dibujante allegado, y ahora el cómic de Coco, redactora que abandonó la reunión previamente y tuvo la desgracia de tropezarse a la salida con los terroristas que la obligaron a que les facilitase el acceso a la sede de Charlie Hebdo.

«Hay algo insoportable en la belleza» (Coco)
Por diversas razones, Seguir dibujando remite de algún modo a La levedad (puede que una de esas razones sea la práctica coetaneidad de Coco y Meurisse, con solo dos años de diferencia entre ambas). No para compararlas en su calidad, al menos en mi caso, pues creo que son las dos absolutamente completas en su singularidad. A mí me ha interesado ver de qué distinta manera subliman una y otra el trauma común.
«He vivido una muerte en mi interior: la de la levedad» (Coco)
Por decirlo de algún modo, Coco se centra más en el proceso traumático mismo, en su lucha con él, mientras que Meurisse representa en su obra diferentes medios de sublimación (finalmente, la belleza y el arte [aquí]). En Coco, en cambio, es el dibujo mismo la tabla de salvación… el dibujo asociado al buen rollo de la revista (pese a las inevitables discusiones) y de Cabu en particular.
«No lo puedo aceptar» (Coco)
Coco nos regala, así, un hermoso libro dibujado, hermoso a pesar de la dureza del motivo del trauma y del doloroso proceso de liberación. De paso, nos recuerda la importancia de los valores de la laicidad, de la sátira, del inconformismo, de la risa, de la celebración de la vida. Valores, en fin, indisociables de la revista Charlie Hebdo.
Los que no sabemos dibujar sublimaríamos un trauma, si fuese el caso, escribiendo. Mientras tanto, seguiremos leyendo tebeos.

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