¡No pasarán!

La última guerra civil española (1936-1939), nunca jamás, da mucho de si en diferentes órdenes. Su tremenda realidad está cargada de referentes simbólicos que alimentan el imaginario consciente e inconsciente de muchos aún. También en el territorio de las artes.

En el ámbito del cómic, una muestra de lo que digo es No pasarán!, del italiano Vittorio Giardino (n. 1946).

Se trata de una historieta que bebe del género policiaco y de espías ambientada en la España de 1938, en Barcelona y en el Frente del Ebro.

Giardino tardó ocho años en confeccionar esta historia publicando poco a poco tres álbumes, tres partes de la narración con el mismo título común: ¡No pasarán!. Ahora han sido reeditados en un solo volumen a modo de novela gráfica.

El protagonista principal de este libro es uno de los personajes emblemáticos de Vittorio Giardino: Max Fridman:

A propósito de Louis Riel

Un par de observaciones a propósito de Louis Riel.

Ante todo, cabe decir que se trata de una historieta biográfica muy documentada que trata de un personaje real e influyente en una parte de la historia de Canadá.

La primera observación se refiere al tratamiento o acercamiento del personaje Louis Riel que nos proporciona el autor del cómic, Chester Brown.

No estamos ante una biografía hagiográfica, al modo de las edificantes «Vidas ilustres» a que me refería en un post anterior.

Brown se ha centrado en ciertos aspectos políticos de la vida de Riel, así como en su juicio y ejecución final en la horca, según lo atestiguan la historia y multitud de documentos consultados.

Pero este tratamiento llevado a cabo por Brown está realizado desde una perspectiva narrativa en la que destaca la sucesión de acontecimientos con un cierto aire épico ligado a las estructuras y naturaleza del cómic. La finalidad viene a ser, ante todo, entretener al lector relatando acciones. Y eso requiere, cómo no, simplificar tanto el número de personajes como las características de esos mismos personajes.

Se puede, si se quiere, convertir la biografía de Louis Riel en una historia de buenos y malos. Es una simplificación retórica. Y en todo caso, Brown ha simplificado siguiendo un soporte interpretativo textual. No tiene desperdicio el siguiente párrafo de Chet Brown que copio a continuación extraído del cuerpo de notas que acompañan al libro:

… He creado mi historieta en base a las teorías de McLean y Sprague, no porque esté convencido de que sean ciertas (sinceramente no tengo formada una opinión sobre el asunto), pero esta hace a Macdonald [el Primer Ministro de Canadá, contra el que se enfrentaría Riel] más mezquino. Los villanos hacen las historias divertidas y yo estoy tratando de contar esta historia de una manera atractiva.

Por cierto, aunque piense que Macdonald era capaz de abusar de su poder, no creo que fuese de hecho un villano. No estoy de acuerdo con mucho de lo que hizo y defendió, pero admito que intentó hacer lo que consideraba que era lo mejor para el país. Y, francamente, preferiría vivir en un país gobernado por John A. Macdonald que en otro gobernado por Louis Riel.

Así pues, no estamos ante una biografía hagiográfica, sino ante un cómic que da que pensar.

La segunda observación sobre Louis Riel se refiere al tratamiento (o más bien ausencia de él) por parte de Chester Brown acerca de un aspecto relevante en la biografía de Riel: su discutible locura.

http://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Riel

Lo cierto es que Louis Riel estuvo ingresado unas temporadas en un par de manicomios de la época. Y es cierto también que se percibía a sí mismo como un elegido por Dios a manera de un nuevo profeta en la Tierra.

Pues bien, ante este asunto Chester Brown es fiel a sus propias concepciones acerca de la denominada «locura»; unas concepciones que lo acercan al movimiento psiquiátrico en boga en los años sesenta y setenta del pasado siglo conocido como «antipsiquiatría».

De hecho, en 1995 Chet Brown publicó un pequeño y mordiente cómic titulado My Mom was a Schizophrenic que recoge los puntos de vista de antipsiquiatras como Laing y Sazasz, según los cuales la esquizofrenia no es una enfermedad, sino una manera de etiquetar a ciertas personas en base a sus creencias y comportamientos socialmente inaceptables.

Este punto de vista antipsiquiátrico lo mantiene Chester Brown en su tratamiento de la biografía de Louis Riel, aunque es eludido en aras de ofrecer una historieta orientada hacia otros fines.

Escribe el autor en una nota final sobre este respecto:

No creo que los comportamientos que la gente asocia con «enfermedades mentales» estén causados por anormalidades biológicas o disfunciones en el cerebro. Para hacerlo más claro: las «enfermedades mentales» no son enfermedades. Estuve tentado de elaborar largamente por qué los comportamientos y creencias de Riel a finales de 1875 y principios de 1876 no eran síntomas de ninguna enfermedad, pero todo hubiese sido un refrito de lo que escribí en mi historieta «My mom was a schizophrenic»…

Unas líneas después, Brown cita un pasaje del historiador Thomas Flanagan que refuerza su tesis:

Mucho de lo que sorprende al lector contemporáneo como incomprensible y por lo tanto perturbador, cobra sentido en la visión ultramontana del mundo que tenía Riel, la cual incluía a un Dios que controlaba los asuntos humanos, castigaba el mal y recompensaba el bien, hacía milagros en la vida diaria y hablaba directamente a los hombres a través de la revelación y la profecía. Un recurso precipitado a etiquetas médicas se arriesga a quitar sentido a esta fase de la vida de Riel, cuando de hecho es clave para entender su carácter y, de este modo, el patrón global de su carrera.

Así pues, Louis Riel, de Chester Brown, es un muy entretenido cómic basado en serias claves de interpretación de una biografía peculiar y políticamente relevante. De alguna manera, la lectura política en clave de acción prevalece en detrimento de otras lecturas y claves. Y estoy por decir que afortunadamente para el resultado final.

Louis Riel, de Chester Brown

En la estela del cómic biográfico destaca Louis Riel, del canadiense Chester Brown.

De este autor comentamos más arriba su obra más reciente, Pagando por ello. La biografía de Louis Riel es bastante anterior, de 2003. No obstante, el estilo de Chet Brown es inconfundible.

En realidad, a mí Louis Riel me ha parecido menos una biografía que un libro que cuenta una historia interesante: la lucha del pueblo métis, mestizos de la zona francesa del Canadá del s. XIX, por reservar sus derechos sobre su propia tierra.

Fiel a la historia, aunque simplificando los hechos por razones narrativas, Chester Brown nos sumerge en un trepidante relato que tiene mucho regusto de las epopeyas del western. La acción predomina en una sucesión de viñetas que narran y explican a la vez.

A diferencia de Alan Moore, Brown sí que utiliza bocadillos de pensamiento en sus viñetas. Sin embargo, su técnica es netamente conductista: establece las secuencias narrativas al modo de una sucesión de respuestas dadas a estímulos dados.

Cabe decir que Louis Riel ha sido un best seller en norteamérica y que está en la mayoría de ránkings de novela gráfica.

En cualquier caso, es un libro muy entretenido. Tiene un extenso cuerpo de notas al final donde se aclaran numerosas cuestiones referidas a la historia que se cuenta y al modo en que se lleva a cabo. Igualmente, cuenta con una Bibliografía.

Vidas ejemplares. Binky Brown

Se oye a veces decir, o se lee, que el historietismo actual siente predilección por la biografía. Yo no veo que ese sea un distintivo específico de los cómics de ahora. Recuerdo que en mi infancia la prolija Editorial Novaro publicaba unas series de tebeos dedicadas a enaltecer con fines didácticos vidas de santos de la Iglesia y vidas de personajes ilustres. Eran las curiosas

«Vidas ejemplares»:

Y «Vidas ilustres»:

Otra cosa es la autobiografía. O la inserción de aspectos de la vida del autor en su novela gráfica. Es lo que hemos caracterizado en otros posts como autorreferencia y metanarrativa. Y esos sí serían tal vez mecanismos y objetivos narrativos específicos del historietismo actual.

A los entendidos en esto les gusta datar los cambios que se van produciendo en el mundo de la historieta con el fin de reflejar su evolución. Y en este sentido, hay un cómic underground de 1972: Binky Brown conoce a la Virgen María, de Justin Green, que está considerado como el invento de la novela gráfica autobiográfica.

Un invento este, el de la autorreferencia del autor en el cómic, similar en cierto modo al que Woody Allen llevó a cabo en el cine.

Logicomix

Qué sea en su factura Logicomix es lo de menos. En palabras de sus autores: «Es -y quiere ser- una novela gráfica». Para mí es un cómic singular y sorprendente. Narra un periodo importante de la historia de la filosofía de las matemáticas.

El personaje central de la obra es uno de los filósofos más interesantes y completos del siglo XX: Bertrand Russell.

Pero Logicomix no es una biografía completa de Russell, que vivió casi cien años. El libro contiene, con todo, importantes elementos biográficos del filósofo británico. En especial referidos a las primeras décadas de su vida.

De un modo más que llamativo, Logicomix consigue introducir al lector en un asunto especializado: el llamado «el problema fundacional» de las matemáticas, esto es, el problema de encontrar un fundamento lógico para la aritmética y, a partir de ella, para el entero edificio de la matemática. Se trata de un episodio intelectual que se inicia con la aparición de la nueva lógica de Boole y con los planteamientos logicistas de Frege. Toda una aventura del pensamiento que se vio alterada de raíz cuando Russell descubrió su famosa paradoja concerniente a las clases que se autoincluyen.

No es plan de detallar aquí ahora el meollo del asunto. Lo que les garantizo es que si acometen la lectura de Logicomix no se verán defraudados ni se sentirán impotentes ante su comprensión. Eso sí, verán desfilar por la obra a grandes pensadores, excéntricos en algunos casos, sin los cuales hoy posiblemente no estaríamos comunicándonos con nuestros ordenadores y a través de internet.

Además de su interés por la lógica matemática, y tras dejar en cierto modo en segundo plano ese interés, Bertrand Russell fue un filósofo comprometido con causas variadas: el pacifismo, la educación… aparte de otras materias filosóficas. Así, la explicación de la historia de Logicomix corre a cargo de un Russell dando una conferencia en EEUU al comienzo de la II guerra mundial y acerca de la lógica aplicada a los asuntos humanos.

Conseguir presentar en un cómic una historia tan abstrusa con garantías de éxito depende totalmente del arte de la composición de sus autores. De hecho, el artífice principal del relato, el griego Apostolos Doxiadis, ya consiguió hace unos años entusiasmar a muchísimos lectores con una novela referida a un problema matemático: El tío Petros y la conjetura de Goldbach.

Y es que el progreso de la educación para todos conlleva que fenómenos como el que comentamos no caigan en saco roto. Presentar lúdicamente materias abstractas que son comprendidas por muchos va siendo usual en nuestras sociedades postilustradas.

Pero no todo en Logicomix es historia de la lógica.

Hay también una incursión de la perspectiva de los autores del libro en lo que nos cuentan.

Y lo hacen a través del procedimiento de la autorreferencia; un recurso, ya vimos, poco menos que constante en el historietismo actual.

(Que por cierto, esto de la autorreferencia por parte de los narradores de Logicomix casa muy bien con el núcleo del problema fundacional tal y como fue revelado por la paradoja de Russell.)

En Logicomix aparecen los autores de la obra en Atenas, su ciudad, mientras debaten acerca del libro que están escribiendo. Nos acercan así a su propio mundo en su propio ambiente.

Una de las claves del libro, sobre el cual se centran sus guionistas, es el tema: «Lógica deriva de locura».

El fantasma de la locura como fundamento de la búsqueda de la certeza matemática y lógica.

Y bueno, para terminar, diremos que la incursión de los autores de Logicomix en el contenido de la historia que cuentan, la hacen a través de una representación actual de La Orestiada de Esquilo en la Atenas contemporánea.

La épica de la verdad. Logicomix

Es obvio que mundo de los cómics está lleno de héroes y de superhéroes. Y no solo en los ámbitos «americano» y asiático. También en el europeo. Y desde la época clásica. Pues qué pretende ser el personaje Tintin sino un héroe, y qué vienen a ser Astérix y Obélix sino superhéroes.

Tanto es así, que bien puede decirse que el cómic se presta como un guante para la literatura heroica y superherioca, por más que haya otras formas de entender una historieta cuando está protagonizada por personajes corrientes y cotidianos. Es como si el cómic fuese un medio idóneo para representar acciones de héroes, lo cual en definitiva confirma la afinidad existente entre el arte de la historieta y otras artes narrativas.

Independientemente de su alcance, calidad, verosimilitud y otros factores, la literatura heroica se inscribe en el género tradicional de la épica.

Ahora bien, la épica como tal no se limita a la lucha del bien contra el mal o a la representación del combate de los justicieros contra la injusticia.

La lucha agónica muestra diferentes frentes. También puede tener altura épica la búsqueda de la verdad o, mejor dicho, la representación de algún momento o variante de esa búsqueda.

En esta última línea se inscribe Logicomix, cuyo subtítulo es precisamente Una búsqueda épica de la verdad.

A vuela pluma (Whatcmen)

A vuela pluma

Lecturas de Watchmen

~ El discurso mediato o mediatizado. La ironía.

~ La deconstrucción del género de superhéroes.

~ Sociológica. El papel de la prensa. La violencia urbana. El poder del miedo.

~ Política. El fascismo americano. La carrera armamentística. Nixon. La guerra fría y la guerra de las galaxias. La tercera guerra mundial.

~ Psicológica. La nostalgia. Actitudes y motivaciones de los superhéroes.

~ Filosófica. El determinismo científico. El debate moral: absolutismo, relativismo, nihilismo, pragmatismo, utilitarismo.

~ Ficción científica. El doctor Manhattan puede ver los neutrinos.

~ Policíaca, serie negra. La investigación criminal en ambiente urbano. El subgénero carcelario.

~ Gráfica, estética, formal. La técnica del cut-up (W. Burroughs).

~ Lúdica. El divertimento.

Comics Code Authority

Los recientes sucesos de Aurora (Colorado, EEUU) han vuelto a traer a colación un viejo debate iniciado hace más de medio siglo y que no se limita a la legitimidad de la libertad de comercio de armas en aquel país.

Más específicamente, el debate alude a si los cómics tienen por sí mismos una naturaleza perniciosa para la sociedad y sobre todo en la formación de la infancia.

Fredric Wertham (1895 – 1981), psiquiatra germano-estadounidense, fue protagonista de una cruzada para protestar contra los supuestos efectos nocivos de los medios de comunicación de masas —los cómics, en particular— en el desarrollo de los niños. Su libro más conocido fue La seducción del inocente (1954), que condujo a una comisión de investigación del Congreso de EE. UU. contra la industria de los comics y a la creación del Código del cómic, o Comics Code Authority.

Dice la Wiki:

El »’Comics Code Authority»’ (Autoridad del Código de Cómics, o CCA por sus sigla en inglés) es parte de la Asociación de Revistas de Cómics de los Estados Unidos (en inglés, Comics Magazine Association of America, o CMAA), y fue creado para regular el contenido de cómic books estadounidenses. Las editoriales miembro mandaban sus comics a la CCA, quienes los revisaban para comprobar que se ajustaban al Comics Code y autorizaban el uso de su sello en la portada si lo cumplían. En la cumbre de su influencia constituyó un censor de facto para la industria del cómic estadounidense.

Resumen del Código en 1954

  • Los crímenes nunca serán presentados de modo que creen simpatía por el criminal, promuevan desconfianza de las fuerzas de seguridad o inspiren a desear imitar a los criminales.
  • Si el crimen es representado, lo será como una actividad sórdida y desagradable.
  • Los criminales no serán presentados como glamurosos o que ocupen una posición que cree el deseo de emularlos.
  • En cada momento el bien triunfará sobre el mal y los criminales serán castigados por sus acciones.
  • Las escenas de excesiva violencia serán prohibidas. Las escenas de tortura brutal, el excesivo e innecesario uso de pistolas y cuchillos, la agonía física y los crímenes sangrientos y truculentos serán eliminados.
  • Ninguna revista de cómics usaran la palabra horror o terror en su título.
  • Todas las escenas de horror, demasiado sangrientas o repelentes, la depravación, la lujuria, el sadismo y el masoquismo no seran permitidos.
  • Todas las ilustraciones repelentes y soeces serán eliminadas.
  • La inclusión de historias sobre tratos con el Mal serán usadas o publicadas

solo cuando su intención sea ilustrar moralmente y no en caso que el Mal se presente atractivo ni cuando se dañe la sensibilidad del lector.

  • Las escenas que traten con, o con instrumentos asociados con muertos vivientes, tortura, vampiros y vampirismo, ghouls, canibalismo y licantropismo están prohibidas.
  • La profanación, obscenidad, el lenguaje soez, la vulgaridad o palabras o símbolos que puedan adquirir significados indeseables están prohibidos.
  • La desnudez en cualquier forma está prohibida, así como poses indecentes o inapropiadas.
  • Las ilustraciones sugerentes o libidinosas o en poses sugerentes son inaceptables.
  • Las mujeres serán dibujadas realísticamente sin exageración de ninguna cualidad física.
  • Las relaciones sexuales ilícitas no serán retratadas ni insinuadas. Las escenas de amor violento, así como anormalidades sexuales son inaceptables.
  • La seducción y la violación nunca serán mostrados o sugeridos.
  • La perversión sexual o cualquier inferencia a lo mismo esta estrictamente prohibido.
  • La desnudez con intenciones prostituidoras y posturas salaces no serán permitidas en la publicidad de ningún producto. Las figuras vestidas nunca serán presentadas de modo alguno que sean ofensivas o contrarias al buen gusto y a la moral.