Habibi

La perfección de la página

Habibi, de Craig Thompson (n. 1975), es un libro sorprendente.

Bajo la apariencia de un cuento árabe, mejor dicho, de un cuento de cuentos árabes, el autor nos ofrece una historia tremenda, tan universal como puede serlo la sed insaciable o el anhelo de infinitud.

Solo que a la postre, escondido entre los guarismos, resulta un libro humano, demasiado humano.

Habibi se inicia con las siguientes palabras que dan pie a una extraordinaria sucesión de viñetas:

De la Pluma Divina cayó la primera gota de tinta.

Y a partir de la gota, un río.

La mística del sufismo está pues presente en esta obra desde su mismísimo arranque.

El Libro es la Madre de la Creación. Sus letras son las semillas. Y el Padre es Alá. Hay un fragmento del Noble Corán que afirma:

No cae una sola hoja sin que El no lo sepa, ni hay semilla en la profundidad de la tierra, ni nada húmedo o seco que no esté en un libro claro. (6, 59)

Según este planteamiento, cada letra del Corán es una fuente de vida y de conocimiento. La Cábala de los judíos también relaciona el lenguaje, las palabras, las letras… con el origen del mundo. Y de un modo manifiesto está escrito al comienzo del Evangelio según San Juan: “En el principio era el Verbo”.

Hay, pues, en Craig Thompson una voluntad de superación, de trascendencia de las religiones del Libro sacando a la luz los principios que trascienden en esas mismas religiones y son comunes a ellas. Lo vimos con su novela gráfica anterior, Blankets (2003), de la que daremos cuenta más adelante. Más de siete años le ha costado a Thompson culminar Habibi, publicada en 2011.

De momento, nos quedamos con el hecho de que Habibi, palabra cuya traducción viene a ser Mi amado, es una obra de arte.

El grafismo de esta novela es tan meticuloso como las filigranas orientales. Y eso que el autor es un estadounidense de pura cepa. Tal y como veremos cuando comentemos Blankets, su educación fue la del cristianismo fundamentalista.

Hay en Habibi una sabia conjunción del desierto y la ciudad, rascacielos y basura, arena y excrementos, pasado y presente, violencia y piedad, sufrimiento y amor. Y la plenitud que asoma.

 Y bueno, hay también cierta delicadeza en la crítica intercultural.

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