Onomatopéyame. Del Boom al Crack

Se repite a menudo: la banda sonora de la historieta se articula mediante onomatopeyas, que son a la vez una marca específica e identitaria del lenguaje de cómic. No en vano fue Bang! el título de la primera revista española de estudios teóricos sobre el medio, aparecida en 1968 de la mano de Antonio Martín, entre otros. Por su parte, Luis Gasca y Román Gubern dedicaron un Diccionario de onomatopeyas del cómic (2008) a este tipo de grafías sonoras. Y un año después, por citar solo tres referencias de distinto calado, Diego Matos publicaba en Zona Negativa el artículo: V de Vigilantes: “BOOM”, “CRASH!, “¡RIIIIING!, “PAW”… [aquí]. Cualquier lector de tebeos reconoce como inseparables del medio no solo esas onomatopeyas, en sentido estricto, sino también ciertos verbos sobre todo que aparecen en determinadas viñetas indicando una acción (“rasca rasca”, p. e.).

Las onomatopeyas tienen un tremendo poder descriptivo, debido quizás a que enraizan directamente con la naturaleza y con la cultura. Su referente es un sonido, un hecho o evento (o un conjunto de eventos) de naturaleza física; su grafía, en cambio, es convencional, arbitraria, varía de un tiempo a otro y según el idioma en que se exprese. Este rasgo convencional de las onomatopeyas, unido a su poder descriptivo, daría pie, se me ocurre, a un título tan sintético como el siguiente: “De Bang! a Crack!“, a la hora de encabezar un estudio acerca de la evolución del género western desde el período clásico del tebeo hasta la obra de Hugo Pratt. Es un título imaginario en el que intervienen dos onomatopeyas internas, bang y crack (el sonido de los disparos), propias del medio -la histotrieta- al que se referiría el estudio propuesto.

Sin embargo, en el título bien real del reciente libro aparecido en las mesas de novedades: Del boom al crack. La explosión del cómic adulto en España (1977-1995), tanto boom como crack son onomatopeyas externas, aluden al mercado y al entorno específico en el que proliferaron las revistas de historieta en el periodo indicado. En realidad, no funcionan como puras onomatopeyas; pero sí que conservan el poder descriptivo de aquellas para referir sintéticamente el principio y el fin del fenómeno sociológico, industrial, artístico y económico aludido en el subtítulo. (Después de todo, ciertas teorías defienden un origen onomatopéyico del lenguaje humano.)

Se trata de un volumen colectivo, coordinado por Gerardo Vilches. El propio Vilches, por cierto, nos informa en su Introducción de que la primera frase del título del libro, Del boom al crack, está tomada del título del artículo de Pepo Pérez, referido a la aparición y desaparición de las revistas de ficción de género en los ochenta. El acotamiento de fechas corresponde al año de aparición de la revista Totem, 1977, y al del cierre de Cimoc, 1995.

El libro, a través de un plantel de colaboradores de primer orden, da cumplida cuenta de aquel fenómeno de la historia del tebeo español, cuando se hizo definitivamente adulto. En concreto, junto a lo abordado por Pepo Pérez, Daniel Ausente detalla el tránsito que hubo del encargo de agencia a la conciencia autoral. Roser Messa trata del tebeo underground y de la transformación de lo marginal en oficial. Álvaro Pons, por su parte, establece con la excusa del análisis de dos revistas fundamentales del momento, Cairo y Madriz, un nutrido mapa de la vanguardia comiquera de entonces. Marika Vila comenta el papel no del todo reconocido de las autoras españolas en el boom del cómic adulto. Y Julio Andrés Gracia Lana desvela la supervivencia de los autores de cómic ante la desaparición de la revista como formato. También recoge el libro un ensayo de Jordi Riera en torno a Enric Sió y otro de Roberto Bartual sobre Carlos Giménez y su personal plasmación de la memoria histórica. Octavio Beares realiza una entrevista de enjundia a Miguelanxo Prado y Daniel Ausente otra al editor Rafa Martínez, fundador de Norma Editorial. Por último, aunque no en el orden del índice, Rubén Lardín compone un texto a modo de conversación con Emilio Bernárdez, responsable actual de Ediciones La Cúpula.

El sumario refleja la complejidad del fenómeno. Los diferentes autores abordan en consonancia su estudio y resaltan por ejemplo la importancia histórica de editores como Josep Toutain, Roberto Rocca y Josep Mª Berenguer, así como la eficacia de Joan Navarro en la gestión o de Ramón de España en la concreción de algún proyecto. La información que aportan los textos no apabulla, sino que clarifica. Llama la atención el hecho de que tanto Rafa Martínez como Emilio Bernárdez, hoy al frente de Norma y de La Cúpula, respectivamente, empezaron su carrera profesional como chico de los recados, el primero y como mozo de almacén, el segundo. Cuando aún no se empleaba apenas el término “emprendedor”. Es curiosa también la lucidez de Rafa Martínez cuando afirma que en realidad no hubo crack, sino transformación del mercado del cómic. Etcétera.

Estamos ante un libro, en fin, cuya calidad sobrepasa el enorme interés que suscita.

 

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