Sento en El Prado. Por amor al arte

En ciertas ocasiones la autocomplacencia no solamente es justa, sino también necesaria. Es lo que se percibe ante el último tebeo de Sento Llobell, Historietas del Museo del Prado. Autocomplacencia plenamente justificada. El Museo del Prado cumple en 2019 doscientos años, y a los fastos de la celebración se suma este nuevo trabajo del reconocido historietista valenciano.

“Por amor al arte”. Es otra forma de sintetizar el sentido de estas historietas y del volumen entero de Sento. El Museo del Prado es una de las joyas del patrimonio nacional español, una joya repleta de joyas. Uno de sus múltiples valores, sin embargo, se encuentra fuera de sus muros; en concreto, en el imaginario común a los tantísimos amantes del museo… y en el corazón de cada uno de ellos. En este tebeo, la estrategia de Sento se ha orientado a transmitir mediante lo que tan bien sabe hacer, historietas, ese amor compartido por el Museo del Prado. Y lo hace desde una perspectiva tan castiza y costumbrista como corresponde, primero, a ese templo madrileno que es la pinacoteca del Prado; y, segundo, al arte de los tebeos predominantes en el segundo tercio del siglo pasado, un arte que Sento actualiza en cada entrega, incluso en ese cómic tan serio que es su Dr. Uriel. Es la caricatura como palabra mayor al servicio de la narración y sus significados, justamente lo contrario de lo que sería una narración al servicio de la caricatura sin más.

Desde este planteamiento, la ficción atañe más a la técnica de representación que a su contenido. Todas las historietas reflejan acontecimientos reales vinculados al museo, incluida la sorprendente noticia del incendio de 1891. El propio Sento protagoniza con su familia una de las historietas, la cual transcurre en una de las extenuantes colas de espera ante la antológica de Velázquez de 1990. Y así sucesivamente, hasta completar las siete historietas que conforman el libro al estilo del más puro tebeo, como ya dijimos. Hay ficción, eso sí, contenida en el prólogo, firmado por Etelvino Gayangós, conserje perpetuo de la pinacoteca que actúa como testigo de lo que se narra. Hay en fin, también lo hemos dicho, complacencia por el Museo del Prado y autocomplacencia por ser un bien común y de cada uno. Y un desmedido amor por el arte.

Historietas del Museo del Prado invita a su vez a reflexionar sobre el valor y la importancia de los bienes públicos, a diferencia de los privados. Pero esa es otra historia, no del todo ajena a estas historietas de Sento.

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