La llamada de Cthulhu

La narrativa de Howard Phillips Lovecraft supondrá seguramente un reto para dibujantes de cómic e ilustradores varios. Buen indicio de ello es la cantidad de versiones basadas en relatos y narraciones del visionario de Providence disponibles, bien en lenguaje de historieta, bien ilustradas por diferentes autores de Europa (Erik Kriek, François Baranger, INJ Culbard…), o de América (Alberto Breccia, Richard Corben, Hernán Rodríguez…). Otra manifestación del interés por Lovecraft como fuente de inspiración es la llevada a cabo por el escritor Alan Moore, junto al dibujante Jacen Burrows, en Neonomicom y en la trilogía Providence, si bien en este caso no se trata tanto de representar directamente algún texto de Lovecraft, sino de componer historietas originales que, inmersas en el universo del escritor de Rhode Island, transmiten la inquietante atmósfera y la invisible tensión que atraviesan sus relatos. El proyecto de Moore actualiza el imaginario de un Lovecraft revisitado en el que no se ocultan cuestiones como la sexualidad, el racismo o la misoginia latentes en su seno. Es la misma pretensión de Richard Corben en El dios rata, aunque en este caso en un tono más paródico.

A. Breccia: El llamado de Cthulhu
Edginton – D’Israeli: La llamada de Cthulhu

El reto al que me refiero se fundamenta en la dificultad de representar aquello que la propia literatura de Lovecraft califica, con profusión de adjetivos, como irrepresentable, indefinible, innominable, indescriptible, etcétera. Lovecraft pone a prueba a los dibujantes, pero también al lector, cuando ubica el contenido de sus relatos en los límites de la representación.

Esta posición liminar de la literatura del autor de Nueva Inglaterra se proyecta en una doble vertiente. Por un lado, se halla la enormidad monstruosa de los grandes antiguos, los primordiales, los primigenios, los arquetípicos ancestrales. Por otro lado, está el terror sugerido por la presencia en ocasiones insinuada, pero en otras vislumbrada o directamente vista de tales seres pavorosos que el lector, como el dibujante ―que es antes que nada un lector― únicamente puede aunque con esfuerzo imaginar, siempre en función de su capacidad (o incapacidad) para visualizar lo pavoroso fantástico. Se trata del famoso horror cósmico característico de los escritos de Lovecraft.

Es obvio que Albero Breccia asumió la imposibilidad de representar mediante el dibujo y la línea las monstruosidades de Lovecraft. En su versión de Los mitos de Cthulhu (1973-1979), Breccia puso en práctica recursos gráficos ensayados por él previamente en El Eternauta (1969) y en Informe sobre ciegos (publicado en 1991, aunque abocetado a comienzos de los años setenta, antes de embarcarse en El Ceremonial (1973), primero de los Mitos versionados por “El Viejo”), unos recursos que extendió posteriormente en Buscavidas (1981) y en Perramus (1983). No es difícil apreciar cierta continuidad formal entre el empeño de representar a los atacantes que intervienen en El Eternauta (los cascarudos, los gurbos, los manos, los ellos) y luego a los primigenios aludidos en Los Mitos de Cthulhu. En realidad, inseparable de la evolución técnica iniciada por Breccia en Sherlock Time, reforzada en Mort Cinder y desplegada sucesivamente en los títulos del autor, se encuentra una unidad temática común vinculada, se diría que obsesivamente, a la representación del horror. El resultado de esa técnica progresiva de Breccia, inseparable de la unidad que subyace en ella, queda resumido en una frase que Oscar Masotta incluye en su comentario sobre Mort Cinder y es perfectamente aplicable a Los mitos de Cthulhu:

«…el horror no está aquí representado directamente, sino que se representa el modo de representarlo.»

La singularidad gráfica de Breccia se percibe por sí misma, pero además destaca al contrastarla con gráficas de otros dibujantes referidas a lo mismo (a textos de Lovecraft en nuestro presente caso). Leer y contemplar relatos como La sombra sobre InnsmouthEl horror de Dunwich o El color que cayó del espacio en las respectivas versiones de L. Gallagher, E. Kriek, INJ Culbard y A. Breccia equivale a observar la diferencia que existe entre historietas ajustadas a un patrón figurativo-tebeístico más o menos compartido (pese a las diferencias bien visibles entre ellas), e historietas que rompen con ese patrón, esto es, las de Breccia. No creo que sea preciso insistir en que la literatura de H. P. Lovecraft encuentra mejor acomodo y mejor expresión gráfica en las historietas del uruguayo-argentino.

Es bien destacable, con todo, el efecto llamada que aquella literatura encuentra en tantísimos ilustradores y creadores de cómic. La llamada de Cthulhu, la denomino, que por cierto es el título de uno de los relatos más celebrados de Lovecraft: The Call of Cthulhu.

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