La historia como voluntad de representación

«El ser humano no tiene naturaleza, solo historia.»

(Ortega y Gasset)

Epílogo es una novela gráfica de Pablo Velarde con la que, como pistoletazo de salida, Nuevo Nueve se incorpora al mercado editorial español. Dos sorpresas se sucedieron ―en mi ánimo primero y en mi entendimiento después― cuando la leí. En primer lugar, la fluidez con que se desarrolla el relato. Una fluidez tal, que me llevó a confundirla erróneamente con la ligereza. El error se hizo evidente cuando al terminar el tebeo sobrevino la segunda sorpresa, dado que percibí de inmediato la condensación conceptual y temática de la historia que cuenta Velarde, una densidad paradójicamente envuelta, y de ahí mi asombro, en la desenvoltura de su narración. Concluida la lectura de Epílogo, uno vuelve al principio y comienza de nuevo, sorprendido por la astucia y la habilidad del argumento. Y es entonces cuando la cita del filósofo madrileño que encabeza la contracubierta del libro se engarza con la historia que cuenta Velarde en él, y la fragilidad de lo que somos asoma por entre las rendijas del endiablado argumento de Epílogo, en el que el poder del poder se manifiesta tan desmedido. No se puede decir más, salvo en el apartado técnico, sin destripar el argumento del cómic. Epílogo tiene un prólogo y un epílogo. Pero el de verdad, el epílogo verdadero, comienza en la mente de uno tras haber terminado la lectura de este ingenioso y rico tebeo y descubre la historia como voluntad de representación.

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