La realidad de los mitos (a propósito de ‘Joker’)

Seguramente, cuando Hugo Pratt proponía que uno de los cometidos del cómic podría ser el de crear los grandes mitos contemporáneos, se equivocaba tan solo en el uso intensivo del adjetivo ‘grandes’, si no es que lo limitaba a su uso extensivo. Es un hecho que el consumo de tebeos no se encuentra hoy tan extendido como en los días de Pratt; sin embargo, este escaso alcance social de los cómics se ve incrementado por el acercamiento a sus signos ―o a sus personajes― por parte de otros lenguajes, como el de la publicidad o el de la moda, y específicamente el del cine. Joker, la reciente película de Tod Phillips, refuerza esta impresión. Es cierto que Joker no es cómic, es cine por donde se mire (y así lo certifica el León de Oro de la Mostra di Venezia 2019). La película se sustenta en el cómic solo por referencias imaginarias a un mito de la historieta, aunque en este caso se trata más que de un mito de una historia, previa a la del surgimiento de Batman, en relación con la familia Wayne y sus aledaños… El centro absoluto de la película de Phillips es Arthur Fleck, antes de ser conocido como Joker. Y, según veo, hay más signos, gestos y actitudes ―lenguaje en definitiva― en este filme procedentes del cine que de las historietas de Batman.

No obstante, la mayor filiación de la película Joker con el lenguaje de la historieta, y más en concreto con la que se inscribe en el universo de Batman, tiene que ver, en mi opinión, con el timbre de voz, la atmósfera  y el pathos instaurados por Frank Miller, tanto en El regreso del Caballero Oscuro como en Año Uno (un pathos hallado, más bien, en buena parte de sus historietas). De un modo más abarcante, me atrevería a decir que el Joker de Phillips conecta con la esctritura de Miller mucho más que con esta o aquella presencia en particular del siniestro personaje en cualquiera de sus versiones, fílmicas o tebeísticas, igual que Arthur Fleck (el protagonista de Joker) se encuentra más cerca de Travis Bickle (el protagonista de Taxi Driver) ―y más cerca de Scorsese en general― que del Joker de las historietas y películas de Batman. Por otra parte, si bien es cierto que Alan Moore nos presentó, con el dibujo de Brian Bolland, a un Joker en la intimidad de su hogar, por así decir, como igualmente lo hace Tod Phillips con el suyo, y en este sentido es inevitable aludir a La broma asesina en una consideración de la película Joker, creo que, en lo que concierne al pathos aludido, el filme de Phillips se encuentra más cerca de la escritura de Frank Miller que de la imaginación de Alan Moore. Hay en Miller una suerte de existencialismo postcatólico, en el que los sentimientos de culpa y redención campean poco menos que angustiosamente, lejos de las filigranas posmodernas de Moore. Con todo, es el enfoque biopolítico (Foucault) lo que tal vez impregna mayormente Joker.

La inserción del realismo en los cómics, particularmente en el género fantástico o en el de superhéroes, convierte el mito en historia (bien biográfica, bien colectiva). En este respecto, David Mazzucchelli introduce una magnífica reflexión en viñetas en uno de los Epílogos que cierran Batman: Year One, un tebeo escrito por Frank Miller y dibujado por el propio Mazzucchelli. En concreto, el dibujante afirma: «Quizá no sea muy buena idea aportar demasiada “realidad” al reino fantástico del superhéroe». Podemos debatir acerca de si Batman (el multimillonario traumado Bruce Wayne) es técnicamente hablando un superhéroe… o un héroe sin más, si bien está aceptado que sus historietas forman parte del cómic superheroico. Pero el caso es que Batman no tiene poderes paranormales (o sobrehumanos), ni por naturaleza (Superman), ni por accidente (Daredevil) ni por mutación genética (X-Men). El origen de Batman, su formación como vigilante de Gotham, procede de un suceso biográfico de su infancia que marcó fuertemente su personalidad. Hay un realismo inicial de corte psicoanalítico en la historia de Batman, y esto aleja al hombre murciélago (a la creación de Bob Kane aparecida en 1939, a sus secuelas y revisiones) del resto de superhéroes (aunque cada uno tenga sus peculiaridades). También tiene lecturas psicoanalíticas el papel y la importancia de los mitos en su imbricación con lo real, aunque se encuentren en otro plano. Para ser creíbles y creídos, los mitos han de ofrecer una lectura alternativa de la realidad que enriquezca el sentido de ella misma. Y aunque suene paradójico, es esta posición alternativa de los mitos lo que les da su realidad en cuanto mitos, a la vez que les permite ejercer su función. En una de las historietas de The Sandman, Neil Gaiman encadenó a Calíope en un sórdido relato realista y la musa, el mito, perdió toda su fuerza y valor. Algo parecido ocurre con la inserción del universo de Batman en los entresijos de la realidad cotidiana, o al revés, con la inserción de los entresijos de la realidad cotidiana en el universo de Batman. Pierde el mito, gana la historia dramática. Lo que pueda ocurrir con el cómic como cómic en su tarea forjadora de mitos no lo se, pace Hugo Pratt.

Mazzucchelli 2005

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