La paradoja de Hicksville

Existe un lugar secreto que solo es conocido si permanece oculto, y solo puede permanecer oculto en la medida en que se lo conoce. Dylan Horrocks (Nueva Zelanda, 1966), al desvelar la existencia de ese lugar, desvela el secreto; pero cuanto más conocido, más oculto permanece. Es un secreto compartido. Su lugar se encuentra en la imaginación de los que lo saben. Tebeos como Hicksville (1998) actualizan la existencia de ese sitio y extienden su conocimiento íntimo.

Hicksville es una historieta que trata sobre el mundo de las historietas, un mundo que inspira a Horrocks y atrapa a los lectores que siguen su narración gráfica. Hicksville, como indica la paradoja enunciada, se halla en una imaginación compartida, habitada en este caso por espacios y personajes de cómic. El arte de Horrocks sitúa en un mapa, que es real ―reconocible― e irreal a la vez, ese lugar singular. La lectura de Hicksville sugiere la paradoja a la que he puesto su nombre.

La tierra natal de Dylan Horrocks, la ubicación geográfica en que el autor sitúa Hicksville en su narración, su afición por los mapas (el dibujado por James Cook, el de los maoríes Tuki Tahua y Ngahuruhuru), el sentido de su relato gráfico (Hicksville)… todo junto me ha recordado el lema Now Longer Down Under. Horrocks cartografía uno de los universos de la imaginación. Con ello eleva la posición del imaginario de los tebeos, pero también la importancia de su realidad efectiva.

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