Por cierto, y termino por hoy, en Qualsevol nit pot sortir el sol, de Sisa, salen muchísimos de los personajes que alimentaron nuestra infancia. Y muchos de ellos son personajes de nuestros tebeos.
Por cierto, y termino por hoy, en Qualsevol nit pot sortir el sol, de Sisa, salen muchísimos de los personajes que alimentaron nuestra infancia. Y muchos de ellos son personajes de nuestros tebeos.
Entre los tebeos de nuestra infancia había dos publicaciones peculiares: Pumby y Jaimito. Eran diferentes de las de la editorial Bruguera (Pulgarcito, p. e.) y el TBO. Después nos enteraríamos de que eran tebeos cien por cien de Valencia y que, además, se habla de una escuela de historietistas valencianos clásicos que tuvo una segunda promoción en los años ochenta del pasado siglo.
Hola, lectores.
No soy lector habitual de cómics, pero he ido disfrutando con el tiempo de algunas buenas historias. Lo mismo os sucederá, imagino, a los que os acerquéis por aquí. No estaría mal dejar comentarios en este hilo acerca del interesante y variado mundo de eso: los tebeos, las historietas, los cómics.
Me consta que las expresiones «literatura gráfica» y «novela gráfica» no son muy del agrado de los especialistas, aunque sí gozan de beneplácito entre muchos aficionados. A mí me da igual el nombre que se utilice. Cuando los de mi generación nos entreteníamos con estas cosas, decíamos simplemente «tebeos». Aunque insisto en que para mí el nombre del producto o del género en este caso es lo de menos.
Iré dejando algunos comentarios. Os animo a que participéis.
Uno de los tebeos que leíamos cuando éramos niños era Hazañas bélicas. Eran historias en formato apaisado de la II Guerra Mundial y las había en dos versiones: aliados contra alemanes en el continente y estadounidenses contra japoneses en el Pacífico. Con esas historietas aprendimos a distinguir a los soldados por el casco que llevaban, además de saber lo que es un bazooka, un panzer, la Luftwaffe… y el sargento Gorila. Hazañas bélicas era un producto netamente nacional. Su autor era un catalán que firmaba como Boixcar. El paso del tiempo llevó a que desapareciesen de los kioscos, pero permanecían en nuestra memoria.
Ahora acaba de salir a la luz un empeño editorial por retomar aquellos tebeos. Se trata de las Nuevas hazañas bélicas. La propuesta es fuerte. También consta de dos versiones: una, la serie roja, y otra, la serie azul. En ambos casos se trata también de historias que transcurren en la II Guerra Mundial, pero en esta ocasión protagonizadas por españoles. La serie roja la protagoniza un superviviente de la revolución de Asturias y de nuestra guerra civil que huye a Francia y se alista en el maquis para asesinar a Franco y a Hitler en Hendaya. La serie azul gira en torno a una monja que se hace pasar por muchacho y se va con la División Azul a luchar contra los bolcheviques. En ambos casos, el móvil de estos personajes es más personal que político. Ambos desean vengarse de sus respectivos enemigos por razones que no desvelaré aquí.
Cada uno de los dos relatos: «Dos águilas de un tiro» (serie roja) y «Unidos en la división» (serie azul) lleva en su interior un tebeo apaisado igual que los de las míticas Hazañas bélicas en los que se narran las circunstancias del pasado que provocan en los héroes su ansia de venganza. Son el complemento perfecto para un buen producto.
Los guiones y la concepción de las historias son de Hernán Migoya. Las ilustraciones se alternan entre diferentes dibujantes. Es notable la modernización gráfica que acompaña a estos tebeos. Los resultados difieren en un caso y otro, pero es innegable su calidad.
El proyecto huye del maniqueísmo. No son unos los buenos y otros los malos, sino que cada historia tiene su descarnada narración de unos hechos tremendos, donde los personajes se muestran, más que como caricaturas, como seres de carne y hueso. Y es que a mi juicio el humanismo acompaña a la pasión narrativa de estas Nuevas hazañas bélicas que huyen del debate ideológico. Aquello fue una carnicería de seres cegados por un odio atávico que se apoderó de sus conciencias. Lo que ahora comentamos, en cambio, es lo que parece un ejercicio de recuperación tebeística. Eso sí, sumamente entretenido.
Yo empecé con TBO y Pulgarcito, Tio Vivo, DDT, Hazañas bélicas… Luego vinieron los cómics de la Marvel, en formato pequeño y bastante gruesos. Era el mundo de los superhéroes, y los mutantes: Dan Defensor, Los 4 fantásticos, Spiderman, Patrulla X, Capitán América, el británico The Spider… Luego vinieron otras historias, incluidas las aventuras de Corto Maltés. En realidad, somos la generación del tebeo.