Cómics

El otro día charlaba con un allegado joven que conoce este hilo. Me decía: «Es que tú dices ‘cómic’ y yo pienso en Batman, en frikis, en los personajes de la serie Big Bang…»

Yo aproveché para enrollarme. Le hablé de la diferencia entre cómics de héroes y cómics de superhéroes. Tintin, Asterix y The Spirit son héroes. Luego están los superhéroes, no todos ellos mutantes. Luego están también los tebeos de nuestra infancia, los de Bruguera, los de la escuela valenciana y el TBO. Y está, finalmente, la literatura gráfica, la que a mí más me interesa por ahora en el mundo de la historieta.

Y le hablé del caso de Will Eisner. De cómo la trayectoria personal de este dibujante y autor refleja la evolución del mundo del cómic. Eisner fue el creador de The Spirit. Tras un silencio creativo, fue también el creador (?) del concepto de novela gráfica.

Un manifiesto de Chester Brown

Chester Brown es un historietista canadiense nacido en 1960. Está pues en nuestra generación.

Hace poco publicó un tebeo, por decirlo así, titulado: Pagando por ello. Y como subtítulo: Memorias en cómic de un putero. Está claro el tema del libro.

Más que de un cómic se trata de un manifiesto.

García Lorca

A raíz de esa cierta analogía que encuentro yo entre el caso Pasolini y el caso García Lorca, andaba preguntándome si el poeta granadino tendría también su correspondiente biografía ilustrada.

Y sí, en efecto, la tiene. Desde hace poco más de un año. Esta es la noticia que da cuenta del hecho. Data del 11 de abril de 2011:

Federico García Lorca salta al cómic con la primera novela gráfica dedicada al poeta

Es obra del dibujante Carlos Hernández y el guionista «El Torres»

http://www.rtve.es/noticias/20110411/federico-garcia-lorca-salta-comic-primera-novela-grafica-dedicada-poeta/423617.shtml

Se titula La huella de Lorca.

El caso Pasolini

La segunda novela gráfica dedicada al poeta-cineasta italiano es de Gianluca Maconi: El caso Pasolini, cuyo subtítulo esclarecedor es Crónica de un asesinato.

Y es que, en efecto, este tebeo publicado en Italia en 2005, coincidiendo con el trigésimo aniversario del asesinato de Pasolini, está íntegramente dedicado a narrar los acontecimientos de aquella noche del 1 al 2 de noviembre de 1975.

El caso Pasolini está basado en los informes policiales, periciales y de la fiscalía, así como en las conclusiones de los tribunales de primera y segunda instancia más la sentencia final del tribunal de casación. Desfila por el libro el artículo en que Oriana Fallaci desvelaba que no había habido un único agresor y las múltiples hipótesis posteriores favorables a esa teoría. Queda claro, en fin, que hay muchas incongruencias en este caso y que ni la policía ni el sistema judicial obraron con la diligencia debida.

En particular, se muestra cómo a Pasolini lo juzgaron la prensa y la sociedad italianas de un modo precipitado y cruel, convirtiendo en una historia de chaperos algo que va mucho más allá por las connotaciones políticas que rodean al caso.

El libro presenta también la realización de la última entrevista que concedió Pasolini a su amigo Furio Colombo unas horas antes de ser asesinado. Cuando se despedían, fue el mismo Pasolini quien, a petición de Colombo, sugirió a este un título para la entrevista: «Estamos todos en peligro».

Impresiona el panegírico fúnebre que Alberto Moravia dedicó a Pasolini en el funeral del poeta.

Pagando por ello

Pagando por ello es un libro de 280 páginas con un solo tema: la prostitución femenina vista desde la óptica de un usuario. No todo el libro es novela gráfica. Tras las historietas que se suceden, hay unas cincuenta páginas escritas (sin ilustraciones) que contienen un epílogo, veintitrés apéndices y un cuerpo de notas; todas ellas dedicadas a razonar y exponer detenidamente el punto de vista del autor al respecto.

Obviamente, Pagando por ello se inscribe en el género autobiográfico tan del agrado de muchos historietistas actuales. El sujeto de la historia que se cuenta es el mismo sujeto que cuenta la historia. Chester Brown se dibuja y nos muestra en su libro a Chester Brown.

No hay apenas erotismo en el libro. La cosa consiste en una fría y contundente defensa de la descriminalización del hecho de que dos adultos concierten una relación sexual pagando uno de ellos un precio. Nótese que Brown no defiende la regulación de ese hecho, sino simplemente su descriminalización.

Como suele suceder en los alegatos, tras la un tanto fatigosa exposición monotemática de Chester Brown se ventila otra cosa. El libro va más allá de lo que dice. La prostitución es un tema muy concreto y a fin de cuentas no todo el mundo está interesado en él. Pero sí que es universal, apetecida por todos, la libertad.

Y ahí está la clave de este extraño libro. Pagando por ello expone una concepción ultraliberal de la sociedad. Los Estados, los gobiernos, solo deben intervenir en las relaciones sociales a la hora de proteger la libertad y, por encima de todo, la propiedad. Es el programa de los libertarianos americanos.

Por otra parte, llaman la atención la sinceridad y honestidad, junto con la frialdad emotiva de Chester Brown a la hora de escribir y dibujar Pagando por ello.

Pasolini

Davide Toffolo (n. 1965) es un dibujante de cómics además de guitarrista de un grupo italiano de rock.

El estilo que presentan sus obras refleja ese aire miltidisciplinar y ecléctico propio de la generación que se incorporó a la industria cultural en las últimas décadas del pasado siglo.

Su tebeo sobre Pasolini, asesinado en 1975, está concebido como una larga entrevista filmada a un hombre que dice llamarse Pier Paolo Pasolini, tiene el mismo físico que él, viste igual, tiene su misma voz…

El texto de la novela, lo que se dice a lo largo de la entrevista, está entresacado de los libros, artículos, entrevistas y demás que Pasolini dejó como legado. Hay, pues, un trabajo de documentación que sirve de puerta de entrada al universo pasoliniano.

Lo que sobresale en esta obra de Toffolo, Pasolini, por encima del acercamiento a las vicisitudes e ideas del poeta italiano, es un aullido, una especie de grito contra la muerte que  cortó de raíz una vida sincera y contra la hipocresía de una sociedad que, con todo su ruido mediático, facilitó el silenciamiento de esa vida humana.

La infancia recuperada

Hacia finales de los setenta del siglo pasado, Fernando Savater publicó uno de sus libros más conocidos: La infancia recuperada:

El título se inspira en una frase de Georges Bataille: La literatura es la infancia finalmente recuperada.

Y en efecto, Savater habla en esa obra de los libros que le cautivaron en su infancia y juventud. Libros de aventuras, fantásticos, de misterio, de narrariva pura al servicio de la imaginación.

Para otros adultos, también el cine puede ser su infancia recuperada. O la televisión. Tampoco me extrañaría que para la generación de nuestros hijos, algún día alguno hable de Nintendo, de Sega o de PS como siendo su infancia recuperada.

A mí se me ocurre que para nuestra generación, además del cine, el tebeo y el cómic son la infancia finalmente recuperada.

Pier Paolo Pasolini

El género biográfico se lleva bien con el cómic actual. Tanto referido a la propia vida del autor (autobiografía) como a la vida de otros.

Yo no creo que esta sea una característica específica de la novela gráfica, sino que es una muestra de que la literatura con dibujos es tan versátil como la literatura sin más.

La vida y la muerte de Pier Paolo Pasolini (1922-1975), lo mismo que su más que interesante obra poética, narrativa, ensayística, cinematográfica y de opinión, están incrustadas en el imaginario colectivo de la cultura contemporánea.

Más en concreto, Pasolini es una ausencia todavía presente en la vida política y cultural italiana. De alguna manera y obviando las diferencias, y junto a su proyección internacional, Pier Paolo Pasolini viene a suponer para Italia lo que Federico García Lorca supone para España. Son heridas de muerte sin cicatrizar. En ambos casos, mataron a un poeta en circunstancias nunca aclaradas. No basta con aludir a su condición de homosexuales en unos tiempos y un país primitivos. Había algo en sus voces que resultaba insoportable para muchos y que había que silenciar. Sin embargo, esas voces permanecen entre nosotros.

Son muchas las indagaciones que acerca del misterio de Pasolini se llevan a cabo incesantemente desde diferentes medios. En el ámbito del cómic, y en Italia, al menos dos novelas gráficas que sepamos han sido dedicadas a esto.

Una de ellas, del año 2002, ha sido publicada recientemente en España. Me refiero a Pasolini, de Davide Toffolo:

La comento en otro post.

Cine y arte secuencial

Volviendo al asunto del cómic y el cine. Un asunto, por cierto, que no se agota a través de un post.

Art Spiegelman opina sobre Will Eisner:

Eisner aportó algo nuevo al mundo del cómic, no «películas de papel», sino una narración gráfica que cobra vida en la cabeza.

Lo de «películas de papel» parece una clara referencia a Hergé, el creador de Tintin, quien precisamente describió las historietas como «cine sobre papel». Y es cierto que los tebeos del dibujante belga pueden parecer eso, películas dibujadas.

Pero lo de Eisner es otra cosa. Por supuesto que al leerlo uno puede sentir  que está viendo una película, aunque la experiencia no se limita a eso. Yo, de hecho, establezco algún tipo de asociación entre Eisner y Billy Wilder. Sin embargo, como afirma Spiegelman, las viñetas de Eisner cobran vida en la cabeza y es el lector quien las dota de un sentido peculiar.

Eisner, por cierto, describió el cómic como «el arte secuencial». Y escribió sobre ello.

Mujeres artistas

De la estrecha relación de Valencia con los tebeos algo dijimos también (aunque queda pendiente de comentar).

Ambas circunstancias confluyen en esta noticia:

«Tebeo valenciano, firmas de mujer

Varias dibujantes valencianas sobresalen en el mundo de la historieta»

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/05/20/valencia/1337537020_448886.html

Una de las dibujantes destacadas es Ana Miralles, de la que dice la noticia que enlazo:

Nacida en Madrid (1959), Ana Miralles vivió en Valencia desde el año 1973 hasta el 2006. Ahora reside en Santander, adonde se trasladó porque “llegó un momento en que las condiciones se hicieron insoportables en el lugar donde viviamos a causa del boom de la construcción”, por lo que se considera “una refugiada medioambiental”.