Saltarse el marco y los límites de la historieta

Winsor McCay: Little Sammy Sneeze, 24 de septiembre de 1905
El afán de sorpresa o de espectacularidad asociado a las historietas desde sus comienzos se traduce a lo largo de la historia del medio en un afán de experimentación practicado por muchos dibujantes, concretamente acerca de los límites no solo del soporte y el marco de la representación, sino también del relato mismo. Estos experimentos gráficos descubren que el marco del dibujo es el que marca los límites del relato y que, por tanto, saltarse el marco de la representación equivale a trascender los límites de lo narrado.
Un magnífico ejemplo de actualización de este planteamiento lo pudimos ver en el IVAM de València entre los meses de marzo y junio de 2019. Fue una exposición titulada El dibuixat en la que Paco Roca había dibujado una historieta en las paredes del museo. El soporte habitual del cómic quedaba de este modo superado al sustituir el autor la plancha impresa (o el monitor electrónico) por los muros que acogían la exposición. Además, el marco e hipermarco elegidos por Roca no eran la viñeta y la página, sino que lo que encontrábamos ahí era un personaje dibujado que trascendía esos marcos y componía su propia historieta en términos secuenciales y de pura narración. Finalmente, el relato trascendía los límites de la representación mediante la acción del intérprete. Dos años después, en 2021, la editorial Astiberri publicó un tebeo de Paco Roca, El dibujado, que recogía en papel impreso, con algunas páginas desplegables en horizontal o en vertical y una cubierta troquelada, lo expuesto por Roca en el IVAM.
La experiencia sensorial e intelectual proporcionada por Paco Roca en El dibujado se actualiza, si bien de otro modo, a través de un tebeo reciente de Matt Madden titulado Ex libris.
Ex libris es ante todo un título libresco, pero su contenido también lo es. Matt Madden juega además con un doble significado implícito en la sílaba ex: ‘de’ o ‘desde’, por un lado, ‘fuera de’, por el otro. Sin necesidad de desvelar su contenido, diremos que Ex libris es un cómic, los libros que contiene son cómics y los personajes se encuentran encerrados en diferentes cómics, incluido el principal encerrado en el cómic real que el lector tiene en sus manos. Madden repite un poco aquí el alejandrinismo estético característico de 99 ejercicios de estilo, pero en menor medida, pues el virtuosismo del autor en Ex libris se encuentra al servicio de una historia existencialista de liberación y realización personal, en la que se difuminan los límites entre el narrador y la narración, o entre el sujeto y el objeto del relato.
En  ambos casos, en El dibujado y en Ex libris, se trata de la creación como medio de realización personal. A través de la historieta, que es el tema de este blog.

ABCdari il.lustrat: el mundo de Mariscal

¿Se trata de acceder al mundo a través del lenguaje, o acaso de acceder al lenguaje a través del mundo? De las dos cosas juntas, al unísono, parece decirnos Javier Mariscal con su abecedario ilustrado, o ABCdari il.lustrat.
Aunque más bien lo que aquí nos propone Mariscal es que accedamos, mediante el orden alfabético de sus dibujos, a su mundo. Las lenguas solo existen idealmente en las gramáticas y en los diccionarios. Lo que hablamos y escuchamos a diario, lo que realizamos en la vida común, son los dialectos y los idiolectos. ¿Y qué es lo que componen los trazos de un dibujante si no es su idiolecto particular? Mariscal nos habla con sus dibujos y nos representa su mundo. ABCdari il.lustrat fue iniciado en 1975 y publicado en 1978 por Antoni Bosch para la colección Quaderns Crema. Ahora vive una segunda edición. El universo de Los Garriris, pero también el diseño y el mobiliario de Mariscal se encuentran prefigurados en este primer libro suyo.
Además de mostrar un imaginario privado, el del autor, la lectura y contemplación de este abecedario ilustrado nos retrotrae a un tiempo en el que el lenguaje se extendió hasta invadir la realidad entera. Eran los años del postestructuralismo y del placer del texto. Luego llegaría la era de la digitalización y con ella el triunfo de la sustitución de la realidad por los códigos alfanuméricos y la manipulación de algoritmos. Pero estamos todavía, con la lengua de Mariscal en este libro, en la fase previa al predominio de la telemática. Una rosa era una rosa era una rosa era una rosa, pero en este caso accederíamos a ella a través de la palabra y el dibujo del autor valenciano.
En cierto modo, Mariscal configura un metarrelato. La exposición de su universo, el relato del artista, se realiza mediante la exposición del lenguaje de ese relato. Tratándose además de Mariscal, el juego y la exploración del humor que se esconden tras el orden y la seriedad, aparentemente escolar, desempeñan aquí el papel de fundamento de la narración. Es una de las virtudes del arte de la representación que tan bien lleva a término nuestro autor. Igual que nos sorprende con alguna greguería («La J es la letra porno del abecedario»), también es llamativa una puesta en página peculiar.
La lengua de Mariscal se encuentra en su trazo, en sus dibujos.

Atom Agency. Permanencia y renovación del álbum BD

Un hecho diferencial importante entre la historieta española y la francesa atañe a la distinta relación que ambas mantienen con su tradición respectiva, la del tebeo en un caso y la de la bande dessinée o bd en el otro. Es una diferencia que se manifiesta en la estética, indudablemente, pero cuyas raíces se encuentran en el ámbito de la política editorial e industrial de los dos países en materia de cómic. Si nos centramos, por ejemplo, en los efectos de la permanencia y la constancia empresarial en la historia del medio, veremos que son tales que terminan por plegar sobre sí mismo este arte a la vez que lo dilatan. Mientras en España las editoriales clásicas de tebeos (Editorial Valenciana, El Gato Negro-Bruguera, Marco, Maga, Cliper, Toray, Hispano Americana…) desaparecieron, junto con los personajes que les dieron vida, en Bélgica y Francia sus equivalentes clásicas (Casterman, Le Lombard, Dupuis, Dargaud…) no solo se mantienen ―aunque integradas en grandes grupos como Gallimard o Média Participations―, sino que además de dinamizar ampliamente la bd, han consolidado un estilo mundialmente reconocible, el de la historieta franco-belga con su estética particular.
Un ejemplo de la renovación permanente (o de la permanencia renovada) de esta estética nos la proporciona el tándem conformado por Yann Le Pennetier y Olivier Schwartz (El botones de verde  caquiLa mujer leopardoGringos locos), quienes en 2018 iniciaron la publicación de la serie Atom Agency, en la editorial Dupuis, con el álbum Les bijoux de la Bégum, seguido en 2020 por Petit Hanneton, segundo tomo de la serie. Ambos títulos han sido convenientemente publicados en español por la editorial Nuevo Nueve: Atom Agency. Las joyas de la Bégum (2021) y Atom Agency. Pequeña escarabajo (2022).

Elemento fundamental de la estética de la historieta es el marco espaciotemporal del relato. Las narraciones de Yann y Schwartz se desarrollan en el marco específico de la escena francesa durante la inmediata postguerra mundial (salvo en el caso de Gringos locos, un álbum totalmente bd que transcurre en esa misma época, pero en suelo norteamericano, sobre todo mexicano). Por Atom Agency desfilan, igual que por los álbumes de Spirou firmados por los dos autores, personajes e historias de la Resistencia y del gobierno de Vichy, policías y delincuentes, las calles, los cafés y la vida cotidiana… en el trasfondo de un París liberado. Es una de las magias de la serie, acrecentada por el arte de Schwartz. Luego está el prodigio narrativo de Yann, que infunde a los relatos una justa complejidad y una familiar extrañeza que ligan muy bien con la intriga propuesta. No obstante, al menos en los dos títulos conocidos hasta el momento, la intriga como tal es poco menos que una excusa para facilitar secuencialmente el despliegue escénico y humano que tiene lugar en la serie. Atom Agency se encuadra en un estilo que permanece renovándose, o que se renueva permaneciendo, gracias a la pericia de los dibujantes y guionistas, sin duda, pero con el necesario apoyo empresarial sin el cual (junto con las ventas) el arte de la historieta no es posible.

Las tres causas de Carles Esquembre

Tras la reciente aparición de Las tres heridas de Miguel Hernández, y su consiguiente lectura, es posible referir un discurso propio del autor, Carles Esquembre. Se trata de un discurso iniciado en 2016 con Lorca, un poeta en Nueva York, seguido en cierto modo en 2018 con La brigada Lincoln (con guion de Pablo Durá y coloreado por Ester Salguero), y ahora confirmado, en 2022, con su monografía sobre Miguel Hernández. Son tres títulos que apuntalan un espacio acotado por tres causas de Carles Esquembre: la del tebeo, la de la historia y la de la poesía. Son tres causas que confluyen, tres inspiraciones o motivos que actúan entreveradamente en la actividad del autor y configuran sus tres obras.
La del tebeo es la causa material, por así decir, pero también la formal y final. Esquembre realiza tebeos, pone en página historietas previamente desglosadas, produce cómics. Utiliza en ocasiones la fotografía como soporte gráfico, aunque redibujada, pero también el puro dibujo a mano alzada. Combina el blanco y el negro, con gran presencia de grises en su libro sobre Lorca, o de manera casi límpida en el de Hernández (coloreada la combinación en el de la brigada Lincoln). Los tebeos, está claro, alimentan la formación de Carles Esquembre, igual que determinan su trabajo.
La causa de la historia configura el marco temporal de los tres cómics del autor. Se da la circunstancia de que es un periodo común el que subyace en ellos y los amuebla: la Edad de Plata de la cultura española, truncada por el golpe de estado fascista e inmediata guerra civil. En este último tramo, el de la guerra del treinta y seis, se desarrolla La brigada Lincoln, un tebeo centrado en la participación de 3.000 voluntarios estadounidenses que vinieron a España a luchar en defensa de la democracia y de sus ideales. Las vidas de García Lorca y de Miguel Hernández, por su parte, también truncadas ambas por el fascismo, son inseparables de los acontecimientos de esa guerra y del imaginario que la misma conforma.
La de la poesía, finalmente, es la tercera causa que sobresale en estos tres tebeos de Carles Esquembre. Indirectamente, se aprecia la influencia de esta causa en la dedicación del autor a dibujar un tebeo sobre el batallón Abraham Lincoln, entendiéndola como el alimento de los ideales más o menos poéticos, en tanto que ilustrados, de los voluntarios de la brigada. Pero sobre todo es una causa primera en los otros dos libros, de manera acaso más esencialista, más íntima, en el de Miguel Hernández. Se trata de dos cómics configurados, respectivamente, en torno a un poemario de Lorca: Poeta en Nueva York (publicado de manera póstuma en 1940), y en torno a un poema de Hernández: «Llegó con tres heridas» (del libro Cancionero y romancero de ausencias, publicado también póstumamente en 1957). Lo curioso es que en ambos casos (en Lorca, un poeta en Nueva York y en Las tres heridas de Miguel Hernández) estamos ante una simbiosis mutuamente fructífera de gráfica poética y de narración secuencial. El relato de las vidas de los poetas (el valor de la fotografía) se imbrica con una puesta en página salpicada por yuxtaposiciones surrealistas o abstractas y por rimas visuales que operan a manera de trenzado (el dibujo a mano alzada). Lo mostrado y lo narrado se enlazan aquí en esa mixtura que es a fin de cuentas lo específico del cómic.
Tebeo, poesía e historia confluyen en estos tebeos. Son las tres causas de Carles Esquembre.

Sobre Teoría bd y traducciones

Leyendo La bande dessinée et le temps, de Thierry Groensteen, me sorprende observar que el autor inicia la página 129 citando a Roberto Bartual con la correspondiente referencia en nota al pie. Es el mismo tipo de sorpresa que me produjo en su momento encontrar a Antonio Altarriba citado por Benoît Peeters en su Lire la bande dessinée. Sorpresa en ambos casos sumamente agradable, aunque acompañada de cierta murria. Es loable la calidad de las intervenciones teóricas de Altariba y Bartual, pero a la vez se echa de menos una mayor presencia internacional de los estudios sobre historieta realizados aquí. 

Groensteen y Peeters, junto a otros como Thierry Smolderen, Jan Baetens, Philippe Marion o Benoît Mitaine pertenecen a un nutrido grupo de teóricos del cómic que escriben en francés. Representan, de hecho, ese momento dulce que está viviendo la teoría francesa (o francobelga), frente al otro gran grupo de teóricos con sede en norteamérica. 

Lo que ocurre es que las editoriales españolas (o que publican en español) no ven margen de negocio en la traducción y posterior publicación de teoría sobre cómic escrita en otros idiomas. Con lo cual, el interesado de aquí no tiene más remedio que leer a estos autores en su propia lengua (lo cual tampoco está nada mal). Pero es que además, resulta que la extensión de la francofonía ha disminuido enormemente en nuestro país, de manera que casi nadie lee ya en francés, aunque sí en inglés. Con lo cual, es corriente acceder a Groensteen, pongamos por caso, a partir de las traducciones de la obra de este autor al inglés. Y así se pierde una parte importante de la producción teórica europea sobre cómic, concretamente la que corresponde al dominio lingüístico francés.

El interés académico por el cómic aumenta en España. Es un hecho esperanzador. Es normal hasta cierto punto que los estudios sobre historieta se centren sobre todo en tebeos nacionales del área lingüística a la que corresponde el estudio. No obstante, hay un ámbito teórico no circunscrito, me parece, a ningún idioma ni a ningún país. Ocurre en teoría sobre cómic lo mismo que en filosofía, en las ciencias o en el arte, cuya actividad no se encuentra reducida (o no debería) por limitaciones de idioma. Todo ello en beneficio de esa misma actividad. 

Los viajes de Miguel Gallardo

«La obra de Gallardo puede ser entendida como el diario de un largo viaje»

(Eduardo Bravo)

Hay muchas maneras de acercarse a la figura de Miguel Gallardo, tanto desde sus personajes de ficción: Makoki y la Basca (con Juan Mediavilla), Perico Carambola o Roberto España y Manolín (con Ignacio Vidal-Folch), Pepito Magefesa, Perro Nick, Buitre Buitaker… como desde sus obras de no ficción, especialmente a partir de Un largo silencio. En realidad, como la diferencia entre ficción y no ficción se revela complicada en tantos casos, en el específico de Gallardo sería mejor distinguir entre obras con mayor o menor predominio de la autoexpresión o, mejor, entre títulos manifiestamente autorreferentes, los cuales, eso sí, arrancan de un modo notorio en 1997 con la recuperación gráfica de la memoria paterna ―y la de todo un país― que supuso Un largo silencio.
En este grupo de obras autoexpresivas de Gallardo se incluyen títulos como Tres viajesTel Aviv, Buenos Aires, Turín (2006):
¡Viaje con  nosotros! (2008), con historietas de Keko, Mauro Entrialgo, Max, Micharmut y Miguelanxo Prado, además de la suya:
Emotional World Tour (2009), con Paco Roca:
Turista accidental (2016):
Todas estas obras se encuentran unidas por un dispositivo común, el cuaderno o diario de viaje (carnet de voyage); el mismo que encontramos, por cierto, en las obras más íntimas o personales de Gallardo, en María y yo (2007):
y, en fin, en Algo extraño me pasó camino de casa (2020):
El formato del diario de viaje permitió a Gallardo expresarse de un modo que desborda la autobiografía, sin salirse por ello del marco del yo que se muestra y enuncia. El uso del presente continuo es lo más sorprendente en estos libros de Gallardo, un uso que da cuenta de la modernidad del autor. A la vez, es un uso que produce un cierto estupor, por así decir, pues revela una presencia fuertemente vitalista de alguien que nos dejó hace poco. Los viajes de Gallardo nos lo acercan cada vez que los leemos y los contemplamos. Permanecen el gesto y la voz que acompañan a sus dibujos, lo cual no deja de ser una forma de inmortalidad.

El árabe del futuro 5

Hace siete años empezábamos a leer el primer volumen de El árabe del futuro, recién publicado en español unos meses después de la edición original en francés. En 2020 apareció en el país vecino el quinto volumen de esta clara novela gráfica, recientemente publicado aquí.
El fenómeno editorial que es El árabe del futuro resulta inseparable del fenómeno llamado Riad Sattouf. La lista de éxitos, premios y reconocimientos de este autor, tanto de historieta como de cine, lo verifica. Afirmar que es Sattouf quien encaja sus percepciones con las del público que le sigue, o al revés, que es el público que le sigue el que encaja sus percepciones con las propias de Sattouf es del todo indiferente. Saber o acertar, esa es la cuestión. Lo que no tiene vuelta de hoja es que la unidad de la obra de Sattouf se acrecienta con cada nueva publicación suya. Así, mientras las entregas anteriores de El árabe del futuro conectaban sobre todo con Mi circuncisión o, en otro sentido, con Los cuadernos de Esther, este quinto volumen de su autobiografía se encuentra más cerca de Las pobres aventuras de Jeremías, de La vida secreta de los jóvenes o del Manual del pajillero. En el caso de Sattouf, la afirmación de que toda la obra de un artista es autobiográfica no es una mera hipótesis, pero lo que importa es la obra. Y esta, desde luego, atrapa al lector.
Parece que ya está claro que las entregas de El árabe del futuro serán finalmente seis. Esperaremos el resultado final. De momento, el quinto volumen es un poco diferente de los anteriores, por cuanto la presencia del padre es aquí una ausencia, manifestada además por otra ausencia, la del hermano pequeño. La dialéctica constitutiva de la serie (Europa-Islam, Madre-Padre) continúa su rumbo, pero aquí es menos visible, o se ha internalizado en el joven Riad de un modo que actúa sobre él inconscientemente. La imagen y la voz de su primo en Ter Maaleh (Siria) se entremezclan con ensoñaciones lovecraftianas y espiritistas, con complejos e inseguridades, en un sarpullido existencial de Riad que es el propio de un adolescente en un instituto de secundaria en Rennes (Francia). Por lo demás, frente a la angustia de la madre, los padres de esta ―los abuelos maternos de Riad― ejercen de contrapunto balsámico en esta auténtica novela familiar.
En el segundo volumen de esta obra, Riad Sattouf describe su epifanía comiquera cuando descubrió a los seis o siete años el sentido que une los dibujos y los símbolos de los globos en las viñetas de El cangrejo de las pinzas de oro. Sin embargo, en El árabe del futuro 5 descubrimos que Sattouf saltó directamente de las aventuras de Tintín de su infancia a la conocida como «edad adulta de la bande dessinée«, de la mano de su amiga de instituto que acabará siendo su esposa.
Además del efecto de embrague que esta quinta entrega tiene para seguir con la historia de El árabe del futuro, es notable, me parece, esta declaración realizada por Sattouf del origen de su interés por el cómic más allá de su infancia. Un interés cuya fuente está en el padre de Anaïck, su amiga, tipógrafo profesional enamorado del cómic («¡Y pensar que en breve aquel genio iba a convertirse en mi suegro!», expresa Riad en una viñeta). En el volumen segundo que cito arriba, Sattouf escribe que, pese a los títulos y empleo de su padre (Doctor en Historia por La Sorbona, profesor universitario en su país), el único libro que había en su casa de Ter Maaleh era El Corán (bueno, y los tebeos de Tintín). Cuando Riad entra en la casa familiar de su amiga Anaïck, en cambio, declara: «¡Las paredes estaban llenas de libros de todo tipo!». La dialéctica, la lucha de contrarios, sigue operando en la vida de Riad Sattouf, de estirpe siriobretona.
Quedamos a la espera de la conclusión de esta interesante serie.

Jekyll, Hyde y el ausente

Es para celebrar la reedición de El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde, versión gráfica de la novela de Robert Louis Stevenson realizada por Santiago García y Javier Olivares. La edición de 2009 en SM ha encontrado en 2022 una recuperación en Astiberri con formato mayor, cambio de cubierta y páginas de extras. Entre entonces y ahora, en estos trece años transcurridos, García y Olivares han realizado juntos nada menos que Las Meninas (2014) y La cólera (2020). Es mucho aprovechamiento para los mismos autores, pero también para el resultado de las planchas y por ende, cómo no, para nosotros lectores. Sin entendimiento gráfico entre guionista y dibujante no hay historieta que valga ni colega que la disfrute.
 
El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde es un cómic realizado en su origen para una editorial con marcados intereses en el mundo de la educación secundaria, lo que no deja de apreciarse en el resultado. Esta observación no es de ningún modo valorativa, pues un cómic excelente no ha de estar supeditado a la edad de sus potenciales lectores (vaya tontería la de pensar que si el lector es adulto, mejor será el tebeo, o la inversa). De hecho, García y Olivares realizan aquí una historieta que incita a la lectura de la novelette de Stevenson, pero también van más allá del propósito editorial, por cuanto ambos autores (que en su confluencia vienen a ser como uno solo) trascienden dicho propósito. No obstante, aprovecho la ocasión para comentar una ausencia que observo en la obra de Stevenson y que García-Olivares han agudizado igualmente en su cómic.
Me refiero a la fenomenología del ausente, ya que que por no estar se le echa de menos. Aquí, en este extraño caso, el ausente es un personaje que representaría el bien, en la misma medida en que el personaje de Hyde representa el mal. Jekyll es a fin de cuentas un tipo normal, subido de tono en cuanto a su posición, pero tan humano, demasiado humano como cualquiera de nosotros, que no somos para nada epítomes del bien, aunque tampoco del mal. La lectura de la novela de Stevenson que aquí critico presenta a Hyde como la antítesis de Jekyll, pero creo que, si se mira bien, la cuestión no está bien planteada en términos de Hyde (el mal) versus Jekyll (el bien). Falta un ‘tercer hombre’, la representación del bien, para equilibrar una balanza en la que Jekyll desempeñaría simplemente el papel de fiel o indicador de esa misma balanza. Me parece que el tebeo de García y Olivares agudiza demasiado esta fácil lectura de un Jekyll entendido como paradigma del bien.
Ya sé que esto mismo, el bien, es difícil de representar sin que quede ñoño, aburrido, cursi o cosas así (habrá que releer el Paraíso de Dante). Esto no le quita un ápice de valor ni a la novela de Stevenson ni al tebeo de García-Olivares. Pero es una ausencia que se echa de menos en el ámbito de una representación digna de ser tenida en cuenta.
Será tal vez en La cólera donde Santiago García y Javier Olivares planteen de nuevo el caso de un mismo ser humano escindido, pero no tendrá en cualquier caso nada que ver con el problema del Mal absoluto y el Bien también absoluto (aunque ausente), presentes los dos en la figura de un personaje, tan moderno por otra parte, como el representado por el doctor Jekyll.

El accidente de caza (y III)

Lo mejor de El accidente de caza no depende ni de la (DivinaCommedia de Dante ni de la historia de Leopold y Loeb. Depende de la narratividad con que se cuenta el devenir de Matt Rizzo, la experiencia de Charlie, su hijo, y la comunicación entre ambos. Es una nueva expresión, esta vez gráfica ―tebeística― de la literatura que arraiga en los entresijos existenciales de sujetos inmersos en las oscuridades sinceras de la vitalidad.