Beverly – Sabrina – Literatura gráfica

En sus dos novelas gráficas publicadas hasta ahora: Beverly (2016) y Sabrina (2018), Nick Drnaso (n. 1989) va más allá de lo que Tim Lane (Coches abandonadosThe Lonesome Go) sintetiza mediante la expresión “El gran drama mitológico americano”. Va más allá, en primer lugar, porque Drnaso parece disolver la limitación geográfica estadounidense de ese gran drama, en absoluta conformidad con la globalización del planeta americano, de manera que sus historias se desarrollan en cualquier escenario ocupado por gente “corriente”; y en segundo lugar, porque a fin de cuentas se trata ya de un drama carente de mitología o, con igual resultado, con un panteón mitológico tan internalizado y tan desgastado, que los mitos reales parecen haber desaparecido del mapa, siendo sustituidos por mitos espurios que no duran nada. El presente dibujado y descrito por Drnaso en sus cómics nos resulta insoportablemente cercano y familiar, al menos si acabamos limitando lo que nos rodea a un mundo de urbanizaciones homogéneas, centros comerciales, autopistas, resorts, empresas de servicios y paisajes urbanos habitados por la desolación y por personajes igualmente desolados. Por otro lado, al poeta W. H. Auden le debemos otra descripción afortunada de la realidad contemporánea: The Age of Anxiety (La edad -o La era- de la ansiedad), título de un poema largo suyo publicado separadamente en 1947. Lo que dibuja y expresa Nick Drnaso en sus tebeos es una nueva manifestación de aquella Edad de la ansiedad referida por Auden. Solo que ahora está tan internalizada y asumida esa ansiedad, que aun siendo constitutiva y constituyente de los estados anímicos  que moldean nuestro entorno, cuando se visibiliza adquiere los tintes patológicos de una sociedad medicalizada y terapeutizada en exceso. Las figuraciones de Drnaso, de nuevo, nos resultan inquietantemente cercanas.

Beverly obtuvo el premio literario de Los Angeles Times a la mejor novela gráfica (the 2017 L.A.Times Book Prize for graphic novels). Por su parte, Sabrina ha quedado preseleccionado para el Premio Man Booker de ficción que se fallará en otoño de este año, un galardón concedido desde 1969 a escritores de cualquier nacionalidad que publiquen en lengua inglesa…

Novela gráfica. Literatura dibujada. Todavía el debate. Observo que una fuente de indignación entre los que se oponen a esta terminología procede de una jerarquización que ellos mismos asumen, pretendiendo que los que aceptamos hablar de novela gráfica o de literatura dibujada estamos implícitamente minusvalorando otros tipos de historieta, tradicional o no, bien vigente. En mi opinión, es esta una jerarquización fantasmática; solo existe en las cabezas de los snobs culturales, o en las de los pata negra del medio que se obcecan en denostar el término ‘novela gráfica’ diciendo que son simplemente tebeos y olvidando, tal vez, que si bien todas las novelas gráficas son tebeos, no todo tebeo es novela gráfica. Sin embargo, mientras me parece más o menos sencillo distinguir lo que es una novela gráfica de lo que no, siquiera sea por el procedimiento de las definiciones ostensivas (esto es una novela gráfica), no se me escapa que a la hora de establecer una distinción neta y clara entre ‘narrativa gráfica’ y ‘literatura dibujada’, la cuestión no es sencilla de resolver ni siquiera ostensivamente. Es un poco parecido al intento de establecer un criterio que demarque lo que es historieta y lo que es humor gráfico o ilustración. Se apelará a la secuencialidad, al número de viñetas mínimas necesarias para hablar de historieta, a la especificidad gráfica, etcétera, pero siempre quedará de algún modo abierto el debate. Volviendo a la cuestión de distinguir entre ‘narrativa gráfica’ y ‘literatura dibujada’, quizás una opción estribe en no establecer tal distinción (acaso recordando que R. Töpffer usaba indistintamente las expresiones ‘Historias en estampas’ y ‘Literatura en estampas’), quedándonos tan solo admitiendo que puede haber historietas mejores o peores, sin que eso signifique para nada que las primeras son ‘literatura’ y las segundas simplemente ‘historietas’.

En cualquier caso, le demos el nombre que le demos al trabajo de Nick Drnaso, lo cierto es que se sitúa también más allá, por supuesto del vitalismo underground de los abuelos como Crumb, pero también del nihilismo postunderground de sus hijos como Clowes (si bien la gráfica de Drnaso conecta con Ware especialmente y con Tomine, miembros ambos de la generación de Clowes -el propio Drnaso cita especialmente la influencia de Ivan Brunetti-). Frente al nihilismo caricaturesco de Daniel Clowes y el nihilismo más o menos humanizado de Chris Ware, diríamos que Nick Drnaso, sin abandonar el cariz nihilista, aporta una más concreta denuncia, marcadamente política en Sabrina y su irónico juego con las teorías de la conspiración y las sugerencias de manipulación de las redes sociales, y claramente social en Beverly, sobre todo en sus capítulos “La historia más triste jamás contada” y “Virgen María”. Seamos, pues, optimistas. Pese a la desolación postexistencialista implícita en las nosvelas de Nick Drnaso, heredera de la de sus padres (al menos en términos de narrativa gráfica: Ware, Clowes, Tomine), no es del todo ilusorio vislumbrar un posible repunte de la recuperación entre los jóvenes del compromiso con la política progresista.

En un reciente artículo titulado “En la senda de Steinbeck” [aquí], Álvaro Pons se refiere a la inserción de la novela gráfica estadounidense bajo el concepto de “la gran novela americana”. Es el reconocimiento del valor literario (sea esto lo que signifique) del cómic, presente ya en clásicos como Al Capp, anterior al auge de la novela gráfica, para quien John Steinbeck solicitó en su momento el Nobel de Literatura. No cabe duda de que Nick Drnaso participa de esta concepción literaria à la americana. Sin embargo, tal y como digo -al comienzo de esta entrada- cuando aludo a la expresión de Tim Lane “el gran drama mitológico americano”, Drnaso rompe con la limitación geográfica. El vacío y la desolación, la ausencia y la pérdida que reflejan sus historietas son motivos que se encuentran tan generalizados como los escenarios en que se desarrollan. Quizás “la gran novela americana” ha culminado, como el siglo en que floreció. No hay aquí épica, pero tampoco antiépica. Quedan la tragedia y el drama (sin apenas comedia). Con colores atenuados, tonos pastel. Como los que emplea Nick Drnaso en sus dos novelas gráficas publicadas hasta ahora.

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