Un poema gráfico y sonoro: La Tierra sin mal

Uno de los grandes retos del historietista es la expresión (por su parte), o impresión (por el lado del espectador), de sonidos en lenguaje gráfico. La rotulación de onomatopeyas tiende a satisfacer ese reto, hasta el punto de que se ha convertido en una marca distintiva del medio. Pero siempre hay un más difícil todavía: conseguir una impresión sonora sin el recurso de las onomatopeyas. Una alternativa consiste en escribir en un cartucho -o en un globo- “canta un pájaro”, por ejemplo; otra, más específica, dibujar un pájaro cantando (mientras que ambas cosas a la vez en una misma viñeta queda lejos de la pura narratividad gráfica). El reto, en fin, estriba en aunar texto e imagen de un modo tal, que el lector contemple una impresión sonora, o escuche una imagen visual.

Otro reto, por así seguir, no de todos los historietistas en este caso, pero sí de algunos (bastantes, diría yo) es practicar un cómic al margen del corsé de una narrativa secuencial concebida en términos cinematográficos, en los que prima la acción sobre el realce de los mecanismos poéticos u otras funciones discursivas. En este respecto, se utiliza últimamente la expresión “poesía gráfica” para referir un tipo de historieta susceptible de configurar un nuevo género¹. Por mi parte, sin entrar ahora en el debate de los géneros, pienso que la función poética es una constante cumplida en mayor o menor grado a lo largo de toda la historia del cómic. Otra cosa es la voluntad consciente de dibujar poemas, o la pretensión de convertir la materia poética en el objeto de una historieta. Aunque en fin, el gran reto, por seguir con mi argumento de hoy, es escribir con imágenes siguiendo criterios de ritmo, cadencia y demás específicamente poéticos.

Raúl (Fernández Calleja) pertenece a este grupo de dibujantes e historietistas que conciben el arte del cómic como un campo de experimentación gráfica y visual, al menos desde los tiempos de la revista Madriz (1984-1987). Bien a través de sus colaboraciones con el escritor Felipe Hernández Cava, bien en solitario como autor completo, Raúl presenta una poética singular, tan sugerente como la que ofrece Federico del Barrio -su compañero de promoción-, aunque perfectamente distinguibles las dos, también a través de sus respectivos heterónimos. Y bueno, el caso es que Raúl (n. 1960) publicó hace unos meses La Tierra sin mal, un artefacto (un cómic, caramba) que, siendo un poema a la vez gráfico y sonoro, recoge los dos grandes retos historietísticos a que me refiero arriba.

La impronta musical de este tebeo es patente desde las primeras palabras del libro, donde, en una especie de prólogo, tras mencionar el oído absoluto de su hija, Raúl escribe: «En este libro se trata con sonidos muy comunes, de toda la vida, aunque a las historietas no se las oiga, y se les pone un nombre para que también nos suenen a algo…». A continuación Raúl da algunas claves de interpretación de La Tierra sin mal, las cuales, un tanto a contracorriente o a contratiempo, remiten al blochiano ‘principio esperanza ‘ que confía en el mañana. No en vano el tebeo está dedicado a su nieta.

Pero donde el estallido visual y sonoro acontece es en el cuerpo propio de La Tierra sin mal. En su letra, en su música, en sus dibujos. Raúl enlaza la competencia musical de los guaraníes y la pauta sonora de su Aguyé o camino hacia una Tierra sin mal (un mito de su religión) con la erupción del Vesubio en 1944 ante las tropas aliadas y el comienzo del fin del mundo que, como siguiendo una norma orquestal, se irá deshojando en una serie de sonidos distintos para cada persona. La cuenta atrás sonora del propio Raúl irrumpe a partir de la enumeración desde el diez hasta el cero con que el presentador de cierta discoteca convocaba al público a la pista de baile, seguida de una eclosión de luz y de música. Del resto de la historia no cuento más, simplemente digo que es una maravilla. Eso sí, al final hay una sorpresa que conecta con la esperanza aludida.

Raúl sigue siendo fiel a su estética multiforme, pero en esta ocasión manifiesta una plenitud a la altura de los mejores artistas. Su Tierra sin mal es un tebeo tan afortunado como dichosa sería una Tierra sin mal realmente existente.

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1 Por ejemplo, Carmen Paula García Navarro: “Imbricaciones posibles: la poesía gráfica de Laura Pérez Vernetti”, o Céline Pegorari: “Poémic, liricómic, versoñetas: ¿Creación de un nuevo género?”, ambos en: Nuevas visiones sobre el cómic. Un enfoque interdisciplinar, volumen colectivo coordinado por Julio A. Gracia Lana y Ana Asión Suñer, 2018, Prensas de la Universidad de Zaragoza.

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