La gran fuga de Hannah Arendt

Las tres vidas de Hannah Arendt. La tiranía de la verdad (2021), de Ken Krimstein, es una biografía gráfica, pero también intelectual, de la pensadora nacida, como Kant, en Könisberg.
 
 
En cuanto cómic, sus características son afines a las de esos otros biómics (sobre Modotti, Ball-Hennings, Kiki, Miller, etc) a los que me he referido en anteriores entradas bajo el rótulo Vidas cruzadas, esto es, biografías de significadas mujeres del siglo veinte cuyo devenir se entremezcla con el de un buen número de protagonistas (varones en su mayoría, por mor de la época) de la cultura y el arte. No obstante, lo destacable en este caso es que Ken Krimstein realiza un sutil ejercicio consistente en sintetizar una filosofía y una vida a través de su relato dibujado. El resultado es brillante, pues el autor se atiene a lo que leemos en una de las viñetas: «…la narración revela el significado sin cometer el error de definirlo», que es una idea de la propia Arendt.
 
 
Una vez más, la observación del título original nos proporciona suficientes indicios para acceder al sentido del libro. Originalmente, The Three Escapes of Hannah Arendt. A Tyranny of Truth (2018) indica tres huidas, tres fugas de la protagonista. Y de hecho, así lo rubrican tres de las partes del libro: “La primera huida de Hannah, Berlín”, “La segunda huida de Hannah, París” y “La tercera huida de Hannah, Nueva York”. Sin embargo, la edición española ha optado por el título Las tres vidas de Hannah Arendt, quizás en consonancia con lo que en “la segunda huida” se caracteriza como “Tríptico parisino de Hannah: amante, pensadora, trabajadora”. Por otra parte, el segundo tramo del título original, Una tiranía de la verdad, ofrece una pista añadida, sobre todo si leemos el cómic entero como un relato de la relación no solo vital, sino sobre todo intelectual, entre Hannah Arendt y Martin Heidegger. Es una relación de distanciamiento, de vuelco filosófico por parte de ella. La gran fuga a la que me refiero en esta entrada es la que Hannah Arendt realizó en la esfera del pensamiento respecto a su maestro y amante inicial, Martin Heidegger. Es una gran lección de superación filosófica, pero también vital.
 
 
Dicho distanciamiento lo expresa ella misma al comienzo de la famosa entrevista que Günter Gaus le realizó en 1964 en la televisión alemana [aquí] y como tal es recogido por Krimstein en su cómic:
 
 
―«Señora Arendt, ¿considera que su papel en los círculos filosóficos es peculiar por ser mujer?»
 
 
―«Me temo que debo protestar: no pertenezco a los círculos filosóficos. Mi profesión, si es que puede definirse de algún modo, es la teoría política».
Sin embargo, cierto aire de fatalidad, yo diría que de origen histórico, asocia inextricablemente el nombre de Heidegger a la biografía de Arendt.
 
 
La sombra del nazismo se cernirá siempre sobre Heidegger, igual que la condición judía lo hará sobre Arendt. Lo cierto es que nuestra pensadora no representa lo que se ha dado en llamar “el renacimiento del pensamiento judío en el siglo XX” (Reyes Mate), por más que sí lo hace, aunque a su manera, el gran amigo de ella hasta el fin, Walter Benjamin. No obstante, la cuestión judía está presente en Las tres vidas de Hannah Arendt por vía de la actividad de su autor, Ken Krimstein. En efecto, el cómic está plagado de personajes ocasionales y de importancia en la vida cultural y científica del siglo pasado (un poco al estilo de las Vidas cruzadas de que hablo arriba), cada uno con su correspondiente referencia a pie de página; el caso es que la inmensa mayoría de tales personajes son de origen judío, y así lo constata cada vez el autor, pero no deja de ser chocante que en una ocasión lleguemos a leer: «Cole Porter (1891-1964), el único gentil entre los grandes compositores de música popular de Estados Unidos…». No importa. Las cosas son como son. No ha de haber problema en reconocer que el número de judíos es ciertamente escaso en el mundo (representan más o menos un 0,2 % de la población actual), pero sin embargo la nómina de científicos, intelectuales y artistas (incluidos los de cómic) está plagada de ellos, aunque su judaísmo sea de origen familiar simplemente. El pensamiento de Hannah Arendt es plenamente humano, sin mayores aditamentos, más allá de las circunstancias de su nacimiento.
 
 
Una forma de ilustrar la gran fuga filosófica de Hannah Arendt la recoge el cómic de Krimstein contraponiendo dos concepciones de la filosofía del lenguaje y, por ende, dos maneras de afrontar la verdad y, en el límite, la realidad. Una de ellas es en una conversación con Heidegger:
 
 
La otra, con Benjamin en 1955, ya suicidado el filósofo:
 
 
 
Esto último, a fin de cuentas, muestra la importancia de Benjamin en la evolución de Hannah.
 
La gran fuga consistió en liberarse de la tiranía de “La Verdad”.
 
13.06.2021
 

 

Es difícil encontrar hoy en día alguna referencia a Hannah Arendt que no aluda al “caso Eichmann”. Más bien sucede al contrario. La película Hannah Arendt, por ejemplo, dirigida por Margarethe von Trotta y estrenada en 2012, se centra en las circunstancias que rodearon a Arendt respecto al proceso llevado a cabo en Jerusalén en 1961 contra Adolf  Eichmann, un teniente coronel de la SS que se refugió en Argentina tras la II GM y fue luego secuestrado por el Mossad, trasladado a Israel, juzgado como criminal de guerra y condenado a muerte. 
 
 
14.06.2021
 
Hannah Arendt asistió al juicio a Eichmann en Jerusalén como enviada especial de la revista The New Yorker, pero el informe que redactó y fue publicado desató una acalorada tormenta de indignación especialmente entre los judíos. El informe fue recogido en un libro de 1963: Eichmann en Jerusalén: Un estudio [reportsobre la banalidad del mal. Desde entonces, el malentendido sobre los juicios de Hannah Arendt ante “el caso Eichmann” la acompaña, pero es un malentendido cuya fuente se encuentra a menudo en la renuncia a leer lo que en el libro se afirma. El filme de Von Trotta refleja el proceso y da claves suficientes para entender la posición de la filósofa metida a reportera. Pero en el cine todo va muy deprisa, el ritmo de lectura lo marca el dispositivo de proyección. En este sentido, ver una película es como asistir a una función teatral. 
 
El cómic de Ken Krimstein, en cambio, tiene una naturaleza distinta, y no lo digo solo por la obviedad de que no es lo mismo leer un libro, en el que el ritmo de lectura lo marca uno mismo, que ver una película. A diferencia de lo que sucede en el film de Von Trotta, pese a su título, lo que se muestra en el tebeo de Krimstein cubre la vida de Hannah Arendt con mucha mayor amplitud. Y lo hace de un modo en el que impera la narración hasta el final, en el que se presenta un destilado de su pensamiento y el autor dedica seis páginas al caso Eichmann (en el apartado “Un tango con el diablo: Buenos Aires, 1961”). Pero no es mi intención hurtarles a ustedes la lectura y el disfrute de Las tres vidas de Hannah Arendt, y mucho menos comentar en esta entrada la postura de la filósofa (que por cierto tiene bastante miga). Sí que dejaré plasmada su idea según la cual una vida no puede ser plenamente humana si renuncia a pensar detenidamente en términos de la comprensión del mal y la aspiración al bien (que es precisamente lo que Arendt le reprocha a Eichmann, su renuncia a pensar reflexivamente). 
 
 

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