Filosofía para profanos

La vis filosófica y metafísica de Max no solo se muestra en sus personalísimas historietas. Es un interés cuajado por la ya importante serie de pequeñas monografías que el dibujante ha ido editando desde hace años en colaboración con la profesora de filosofía Maite Larrauri.

Me refiero a la colección Filosofía para profanos, de la cual han aparecido hasta la fecha nueve volúmenes y que será completada con otros tres más. Los títulos publicados son:

El deseo según Gilles Deleuze, (2001).

La sexualidad según Michel Foucault, (2001).

La libertad según Hannah Arendt, (2002).

La guerra según Simone Weil, (2002).

La felicidad según Spinoza, (2004).

La potencia según Nietzsche, (2005).

La amistad según Epicuro, (2007).

El ejercicio según Marco Aurelio, (2009)

La educación según John Dewey, (2012)

Son unos libros ilustrados que muestran el valor de la filosofía como portadora de sentido para orientar la vida de los que se acerquen a ella. No se trata, entonces, de una filosofía académica y analítica para especialistas, sino de, remedando el lenguaje de Kant, una filosofía en sentido mundano que conecta con los intereses y, más en concreto, con el deseo de cualquier ser humano.

Vapor

Seis años después de Bardín, Max ha publicado Vapor.

Se trata de un tebeo cargado de ironía. Algo así como una broma metafísica. Ante una aparente búsqueda de la esencialidad, medio en serio medio en broma, Max apunta a trascender el significado de la frase: Be water, my friend. Mejor que ser agua, parece que nos dice, será ser vapor.

La esencialidad se presenta en Vapor también formalmente, mediante una simplicidad en los trazos y en las viñetas que se muestran, no obstante, cargadas de significado.

Curiosamente, el protagonista del relato, un tal nick (por Nicomedes) a mí me ha recordado a Gustavo, uno de los primeros personajes de Max.

A pesar de su brevedad, o acaso por ello, Vapor es una buena divagación.

Bardín el superrealista

El reconocimiento oficial del noveno arte en España se produjo cuando el Ministerio de Cultura instituyó el Premio Nacional del Cómic, que se concede anualmente a una obra de autor español publicada el año anterior al del galardón.

Fue 2007 el año en que se concedió por primera vez. La obra premiada fue Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas de Bardín el Superrealista (2006), de Max (nombre de guerra de Francesc Capdevila, n. 1956).

No estoy seguro de que sea sencillo escribir un comentario sobre Bardín el Superrealista. Es en todo caso un libro impactante. En ochenta escasas páginas, Max consigue introducir al lector-contemplador de la obra en un universo plenamente surrealista que trasciende la imaginación.

La primera plancha del libro, titulada «Guía oficial a la fenomenología Bardín», presenta magistralmente las claves y los referentes surrealistas que animan esta singular obra:

A propósito del término «surrealismo», se nos recuerda en Bardín que aquel procede del francés surréalisme, cuya traducción exacta sería «sobre…», «supra…» o «súper…» «…realismo», es decir, una mirada artística que otearía por encima de la realidad. Sin embargo, en español el surrealismo se asoció a un movimiento reivindicativo del subconsciente y se entendió más a manera de «sub-realismo». No obstante, lo de arriba y lo de abajo no se excluyen en el panorama de los surrealistas. La visión del subconsciente es una supravisión.

El su(pe)rrealismo un poco castizo que dibuja y escribe Max en Bardín es plenamente reconocible entre nosotros. No solamente por la presencia en la historia del perro andaluz, el homenaje a Buñuel, el escenario daliniano, el personaje llamado Cirlot, las pesadillas y demás situaciones oníricas y otras tantas sugerencias de aquella vanguardia que aparecen en la obra.

Se trata también del surrealismo inherente a los personajes e historietas que poblaron los tebeos de nuestra infancia, especialmente los de la escuela Bruguera y TBO y que no cabe duda de que dejaron unan huella indeleble en la formación del dibujante Max. Una influencia, la de esos tebeos, visible también en las aventuras de Peter Pank.

Incluso cuando Bardín se pone metafísico, el aire de aquellos tebeos se manifiesta.

Otras influencias más modernas e internacionales se advierten en Bardín el Superrealista, como la de Chris Ware o la de Jopo de Pojo, el personaje creado por Joost Swarte. No en vano tiene fama Max de ser un autor esponja.

Sin embargo, quería destacar yo aquí que el superrealismo de Bardín no es meramente importado. Conecta y mucho con aquellos famosos tebeos de nuestra infancia.

Dublinés

Retomando el hilo donde lo dejamos:

La biografía se consolida como uno de los géneros prioritarios en el campo de la novela gráfica

Puede que se trate de una moda, pero lo importante no es eso.

Si es cierto que el cómic es un arte popular donde los haya -aunque yo tengo mis dudas, al menos por lo que se refiere a España, donde tantas cosas salen caras-, la moda de escribir biografías dibujadas servirá para que muchos personajes interesantes por sí mismos o por sus obras, poco conocidos por el gran público, pasen a ser accesibles y tal vez inciten al lector a interesarse por ellos y, si es el caso, por sus obras.

Tal sucede con el escritor irlandés James Joyce, por cuya biografía, Dublinés, ha recibido Alfonso Zapico este año el premio nacional de cómic.

Joyce es un autor de primer orden en la literatura del siglo XX. Su novela Ulysses (1922) marcó un hito de tal envergadura que hoy se celebra anualmente y no solo en Dublín todos los 16 de junio lo que se denomina el «Bloomsday», en honor al nombre del protagonista y a la jornada completa en que se enmarca esta novela de Joyce.

Con todo, Ulysses es un libro controvertido y de difícil lectura. Más accesible al lector común es el libro de relatos Dublineses (1914), donde la prosa de Joyce se atiene a unos registros más usuales. El último relato de este libro, «Los muertos», dio pie al monumento cinematográfico que fue la última película de John Houston.

Finalmente, con Finnegans Wake (1939), novela absolutamente ilegible para muchos, Joyce dejó la prosa inglesa en un nivel prácticamente inconmensurable.

Pues bien, el tebeo de Zapico nos acerca con frescura, desenfado y sentido del humor a este oscuro y a la vez luminoso escritor que fue James Joyce.

Y como digo al principio, bienvenido sea Dublinés si consigue rebasar el interés por Joyce más allá de los joyceanos.

La ruta Joyce

Uno de los factores que han contribuido a darles credibilidad y valor a las novelas gráficas actuales inspiradas en biografías es el serio trabajo de documentación subyacente a las mismas.

Además, bucear entre los datos disponibles de la vida de alguien con el propósito de reconstruir y hacer pública esa vida supone una suerte de identificación con el biografiado, hasta el punto de anhelar en ocasiones visitar los escenarios y ambientes en que transcurrieron los hechos contados.

Así pues, no es extraño que Alfonso Zapico haya confeccionado en formato de cómic un personalísimo cuaderno de viaje: La ruta Joyce, el cual supone un complemento perfecto de Dublinés, la biografía que el historietista asturiano dedicó al escritor irlandés.

La ruta Joyce narra un personal recorrido por las cuatro ciudades principales en que transcurrió la vida de James Joyce: Dublín, Trieste, París y Zúrich. Es también algo así como la crónica de una experiencia interior, en la que Zapico desvela sus pasos y andanzas siguiendo las huellas de Joyce a través de una propia llamada.

El libro está escrito con la misma frescura y desenfado que la biografía de Joyce. Lo mismo que en ésta, prevalece la humanidad ante todo. Cabe decir que es un tono que a mí me ha recordado al que usa el canadiense Delisle en sus crónicas también tebeísticas.

Entre unas cosas y otras, leer cómics actualmente se está convirtiendo en una interesantísima fuente de información por acopio de datos. Una fuente gozosa, por cuanto en ella se combinan los elementos estéticos o figurativos con los narrativos.

Una fuente de placer, por consiguiente.

Biografías

El cómic como espejo de vidas

La biografía se consolida como uno de los géneros prioritarios en el campo de la novela gráfica

Dalí, Virginia Woolf y Olympe de Gouges, últimos ‘fichajes’

(Una viñeta de Superzelda, de la biografía sobre Zelda Fitzgerald, de Tiziana Lo Porto y Daniele Marotta.)

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/12/11/actualidad/1355251563_282448.html

The Spirit

Manfred Sommer describió a Will Eisner como «el Orson Welles del cómic». De un modo más preciso, el periódico USA Today se refirió a The Spirit como «el Ciudadano Kane de los cómics».

En ambos casos se están poniendo en paralelo, por un lado, la importancia que tuvo Orson Welles -especialmente con su película Citizen Kane (1941)- a la hora de mostrar las posibilidades expresivas del lenguaje cinematográfico a través de su sintaxis; y, por otro lado, la importancia que tuvo Will Eisner para fijar las posibilidades expresivas del noveno arte. Siendo el caso, como fue, que estas posibilidades gráficas y formales de la historieta fueron exploradas por Eisner sobre todo mediante su gran creación a manera de serie: The Spirit (1939-1952).

Tanto es así, que el libro teórico o pedagógico de Eisner: El cómic y el arte secuencial está plagado de ejemplos e ilustraciones procedentes de su The Spirit.

Actualidad

Superhéroes de la liberación gay

Las editoriales de cómics norteamericanas abren un mundo dominado por la testosterona a la diversidad

La sociedad obliga al género a evolucionar hacia una mayor tolerancia

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/08/actualidad/1352411770_418763.html

Por otra parte, o más bien por la misma, con la Iglesia hemos topado, as usual:

Dos foros integristas alertan de que la ficción pretende «lavarles el cerebro a los niños para que piensen que el estilo de vida homosexual es normal y deseable»

Indignación ultracatólica porque solo un superhéroe de cómic ha rechazado asistir a la boda gay de los X-Men

http://www.elplural.com/2012/06/08/indignacion-ultracatolica-porque-solo-un-superheroe-de-comic-ha-rechazado-asistir-a-la-boda-gay-de-los-x-men/

Quai D’Orsay

El cómic entendido también como crónica con trasfondo polìtico, pero esta vez realizado de un modo cómico y caricaturesco, es el que ofrece Quai D’Orsay, cuyo subtítulo es Crónicas diplomáticas.

Hasta ahora han salido dos volúmenes de estas crónicas centradas en el Quai D’Orsay, que es el nombre popular que recibe en París el ministerio de asuntos exteriores francés, debido al barrio en que se encuentra su sede.

Los protagonistas son reconocibles, aunque aparecen con los nombres cambiados.

Además de proporcionar entretenimiento y alguna risa, Quai D’Orsay da información muy interesante acerca de los entresijos de la política internacional y del funcionamiento de un importante ministerio del ramo, el francés, con toda su corte de asesores, secretarios, responsables y escribientes al servicio de su titular, el ministro.

Los dibujos, un tanto rabiosos, son de Cristophe Blain. El guion corre a cargo de Abel Lanzac, pseudónimo tras el que se esconde un exconsejero de Dominique de Villepin, exministro de exteriores francés y personaje importante de este cómic.

Así pues, nos encontramos con un producto específico de la BD francesa. Las historietas están basadas en hechos reales y cuentan con ironía cómo se cuecen en las alcantarillas ministeriales los comunicados políticos, entre otras cosas.

Dado el éxito que está teniendo en Francia esta serie, se ha anunciado ya el rodaje de una película sobre Quai D’Orsay.