Soy una escisión ontológica que anima mi indigencia metafísica,
soy un arquero sordo al que apuntan mis flechas,
soy un conglomerado de sales minerales,
soy una cicatriz que vaga a ciegas,
soy una sucesión de sensaciones,
soy un falso remedo de la divinidad,
soy parte interesada del teatro que me habita,
soy bits de información para computadoras,
soy rastros de una huella en la memoria de alguien,
soy mono y soy anfibio, soy ave y soy reptil,
soy un niño desnudo ante los ojos del pasado,
soy una multitud vociferante,
soy agua contenida en una presa energética,
soy luz que se proyecta en los abismos y alturas,
soy padre y también hijo, soy amante y soy amado,
soy tiempo que se funde en el devenir de las horas,
soy una retahíla de asientos contables,
soy un accidente continuo,
soy una necesidad de mi ser,
soy estrella que se agota en un cielo silente,
soy la cruz que se pega a la espalda de un recluso,
soy la marca de la pura contingencia,
soy un punto de energía en el espacio,
soy un signo peculiar de nuestros días,
soy el cubo de una noria de feria,
soy la trenza de un cabello repleto de nudos,
soy una estructura helicoidal,
soy un verbo irregular conjugado,
soy una acción que oscila en el mercado de valores futuros,
soy arena en un reloj asincrónico,
soy un gasterópodo cuya concha limita con el universo,
soy un colador que recibe en su seno la lluvia,
soy un organismo que expele y expele,
soy un pecho erguido en situaciones airosas,
soy una plataforma de aterrizaje,
soy una variable estadística,
soy una carcajada intermitente,
soy un mero resultado social,
soy el guarda de un museo de imágenes preciosas,
soy un escenario de espejos multiformes,
soy la cuerda tensa de un arpa infinita,
soy una ciudad construida en el aire,
soy un celebrante que alza su copa,
soy un espacio en blanco en una carta de amor,
soy agente igual que soy paciente,
soy una caja voltaica receptora de ruidos,
soy una escalera que sube y baja,
soy una máquina registradora de gestos,
soy polvo estelar a la espera,
soy un cuerpo sublimado entre los bosques del pensamiento,
soy el viento espantadizo que ahuyenta cenizas,
soy esa estación fugitiva en un tren muy veloz,
soy una cascada que tropieza con las rocas,
soy la lente de una cámara fotográfica,
soy aquella letra que desconoce su espíritu,
soy un máximo común divisor,
soy una palabra con significado adventicio,
soy la copia de una copia de una copia original,
soy proyecto de un ente maduro y responsable,
soy sujeto sujetado por muchísimos objetos,
soy una novela francamente irrepetible,
soy una silueta que juega con la luz en la playa,
soy el arco que frota unos cabellos dormidos,
soy una función de variables erráticas,
soy aliento que calienta este planeta,
soy deseo fatigado que se acuesta al final de la jornada,
soy un animal que sueña al compás de su respiración.
En el cómic español de la década de los ochenta pasados no todo fue postmodernidad y grafismo vanguardista.
A Manfred Sommer (1933-2007) le debemos la creción del personaje Frank Cappa y su magnífica serie de relatos dibujados.
Frank Cappa, el personaje creado por Manfred Sommer, es un reportero de guerra. Una amiga suya lo define en una viñeta como una mezcla de Robert Redford y Charlton Heston. Se lo puede encontrar en conflictos bélicos en África, en Vietnam, en Nicaragua, en Afganistán. O en ambientes exóticos de Brasil. Incluso en Utopía, un pueblo canadiense fronterizo con EEUU, donde pasó su infancia y adolescencia.
Las historias de Frank Cappa pertenecen al género de aventuras. Sin embargo, a pesar de que la mayoría transcurran en escenarios de guerra, no se trata de una recreación de las viejas Hazañas Bélicas. Más bien al contrario.
Manfred Sommer (nacido en San Sebastián de padre alemán y madre andaluza, criado y educado en Barcelona y fallecido en Cartagena) perteneció, igual que su amigo Carlos Giménez, a esa generación de niños de la guerra comprometida acaso más existencial que políticamente. Y como enunció Jean Paul Sartre, el existencialismo es un humanismo. Hay por tanto humanismo a raudales en las historias protagonizadas por Cappa escritas y dibujadas por Sommer.
Este humanismo se refleja no solo en los planteamientos y desenlaces de los argumentos, sino también en el enfoque de los cuadros, el realismo de las viñetas, el trazado de los personajes; en definitiva, en la mirada de Manfred Sommer.
Una mirada renovadora, contemporánea, expresada a través de un depurado clasicismo formal. Así es la propuesta de Sommer y de su gran creación, el reportero Frank Cappa.
Y bueno, pasando por H. G. Oesterheld llegamos a Hugo Pratt, el creador del emblemático Corto Maltese.
La primera aventura del intrépido marinero apareció en 1967 en el nº 1 de la revista italiana Sgt. Kirk.
Previamente, Hugo Pratt -nacido en Rimini aunque veneciano por decisión- había vivido unos trece años en Buenos Aires (entre 1949 y 1962). Allí trabajó para diferentes editoriales y se relacionó con un puñado de artistas e ilustradores argentinos. De todos ellos, el que más influyó en Pratt fue Oesterheld. De hecho, Hugo Pratt colaboró con Oesterheld en tres series de historietas que han pasado a su vez a la historia. Los tres títulos son:
Sargento Kirk (1952),
Ticonderoga (1957-1958)
y Ernie Pike (1957-1959),
Oesterheld es a veces considerado como el primer guionista puro de cómics. No sé si será cierto. El caso es que en su fructífera relación, Pratt dibujaba y Oesterheld guionizaba, si bien la relación entre ellos no fue tan sencilla.
Hay una cofradía invisible y creciente de lectores encandilados con El Eternauta.
No es para menos.
11.10.2012
El Eternauta es un cómic argentino de finales de la década de los cincuenta pasados, cuando predominaban los tebeos de aventuras por entregas en cuadernillos coleccionables con formato apaisado.
El guion es de Héctor Germán Oesterheld (1919-1978?) y los dibujos de Francisco Solano López (1928-2011).
El interrogante en la fecha de muerte de Oesterheld indica un hecho brutal. Fue uno de los miles de desaparecidos durante la dictadura que entre 1976 y 1983 atemorizó a los argentinos bajo el nombre de Proceso de Reorganización Nacional. En 1977 Oesterheld fue secuestrado por los militares -cuando sus cuatro hijas habían sido ya desaparecidas- y supuestamente lo asesinaron en 1978.
Este dato es muy significativo, pues aporta a la historia de El Eternauta lecturas que enriquecen su valor ya de por sí singular.
Dejo una foto de Oesterheld con su mujer y sus cuatro hijas que desaparecieron en la dictadura además de él.
12.10.2012
El Eternauta comenzó a publicarse el 4 de septiembre de 1957 como suplemento semanal de la revista Hora Cero. Ese día, el 4 de septiembre, fue elegido en 2010 por el Senado argentino como «día de la historieta». Esto indica la trascendencia que tiene El Eternauta en la intrahistoria de los ciudadanos argentinos.
En 1969 se publicó una nueva versión de El Eternauta. El guion seguía siendo de H. G. Oesterheld, pero ahora las ilustraciones las aportó Alberto Breccia.
Después, en 1976, Oesterheld y el dibujante Solano se unieron de nuevo para componer El Eternauta. Segunda parte.
El caso es que entre la primera versión de El Eternauta y la posterior de 1969 más la continuación de la historia en 1976 habían sucedido no pocos acontecimientos que modificaron la realidad contemporánea. Y en ese periodo se había producido también la declarada politización de Oesterheld y su afiliación al partido de Los Montoneros.
Todo ello sirve para explicar los cambios que se perciben en el tono de la historia y en algunos detalles de estos dos trabajos posteriores de Oesterheld. Y sirve también para que se puedan hacer sublecturas políticas ya en la primera versión de El Eternauta.
De hecho, hay una frase de Oesterheld que se cita a menudo y que encabeza varias ediciones actuales de El Eternauta:
…el único héroe válido es el héroe «en grupo», nunca el héroe individual, el héroe solo.
Y en efecto, no hay un héroe individual que destaque en El Eternauta. El héroe es el grupo de supervivientes.
Pero aunque la política pueda subyacer a todo texto y por tanto también a la primera versión de El Eternauta, esta obra contiene una posibilidad de lecturas que van más allá de la estricta política entendida como manifestación de las correlaciones de fuerzas dentro de una nación y de las diferentes naciones entre sí.
15.10.2012
Este video es un pequeño documental sobre H. G. Oesterheld y El Eternauta. Interviene su esposa, auténtica superviviente de una experiencia personal de tragedia griega. Contiene información sobre lo que supuso Oesterheld en historia del cómic no solamente argentino.
16.10.2012
También es factible una lectura de El Eternauta en clave analítica.
La historia revela una pesadilla total. Recoge los fantasmas, las angustias, ansiedades y delirios de una clase media atemorizada por las incertidumbres. La guerra fría, la crisis económica, las alteraciones medioambientales, el universo desconocido, la imprevisión del futuro de los hijos, la falta de un sentido claro y definido en la vida individual y colectiva… Todo ello subyace en la primera parte de El Eternauta (la segunda está más claramente definida por un carácter mesiánico y redentor).
Los fantasmas de esa clase media que es el sujeto de esta historia adoptan formas muy singulares. Son los cascarudos, los manos, los hombres-robot, los gurbos. Y por encima de todos están los ellos. Son los que controlan la invasión y a los que los demás fantasmas obedecen. Vienen a ser algo así como el mal absoluto.
Lo más interesante es que los ellos no aparecen representados, no tienen una forma definida. Su presencia es inferida, pero no manifiesta. Esta es una de las claves del éxito de los mejores relatos de terror. El mal se presiente, se intuye, pero no tiene figura reconocible (Lovecraft, p. e.).
Al denominarlos así, «los ellos», Oesterheld -no sé si a propósito o por casualidad- recogió un término freudiano de primer orden, pues la existencia del «ello» es el fundamento del psicoanálisis. El ello, el id, no se conoce por sí, sino a través de sus manifestaciones. Es el inconsciente. Y como Freud enunció, los sueños son la vía privilegiada de acceso al inconsciente.
Y como venimos diciendo, Oesterheld y Solano plasmaron en El Eternauta una fantasía onírica de pesadilla, en la cual se revela algo así como el inconsciente colectivo de una clase media atemorizada. Los ellos serían una evocación. La del inconsciente incontrolado que asusta.
Mas también hay goce en los sueños. Aunque sea un goce trágico, como el que late en la lectura de El Eternauta.
Es más que probable que El Eternauta sea causa y efecto a la vez del interés de los argentinos por el psicoanálisis. Aunque esto último que digo es una generalización especulativa.
Por cierto, hablando de Alison Bechdel, es muy interesante la proyección que está teniendo el denominado Test de Bechdel.
Se trata de una especie de examen que aplicándose inicialmente a películas, pero extendiéndose también a cómics y acaso a otros productos culturales como obras de teatro, sirve para determinar el grado en que el discurso femenino está ausente en la mayoría de tales productos. Dicho de otro modo, el test de Bechdel muestra cómo el discurso masculino es el que impera en nuestra cultura.
En la tira cómica de Alison Bechdel «The Rule», de 1985, uno de los personajes dice que ella únicamente acepta ver una película si cumple con los siguientes requisitos:
1.- En la película salen al menos dos personajes femeninos.
2.- Dichos personajes deben hablarse la una a la otra en algún momento.
3.- Sobre algo que no sea un hombre (no limitado a relaciones románticas, por ejemplo dos hermanas hablando de su padre no pasa el test).
Una variante del test exige que, además, las dos mujeres sean personajes con nombre.
La wiki concluye que estas tres simples reglas, si se aplicasen a la inversa, es decir, a los hombres, darían como resultado que la práctica totalidad de las películas estrenadas cumplen el requisito para los hombres; por el contrario, si se aplica según su diseño original, resulta sorprendente la cantidad de películas que no pasan el test.
Pero la cosa puede ir más allá de la valoración del discurso de los cómics, las películas y tal. Al comentarle el Test de Bechdel o «The Rule» a una muy buena amiga, me confesó que es que ni siquiera en la vida real casi nunca se pasa ese test. En las conversaciones entre amigas, me decía, aparecen a menudo -por no decir casi siempre- los maridos, novios, pretendientes, hijos, padres, etc., como temas de la conversación. Entraríamos con ello en un ámbito que excede este hilo. Aunque queda clara la potencialidad de los cómics para suscitar debates e incidir en la vida real.
Tras el best seller Fun home (2006), en el que Alison Bechdel indaga en torno a su relación con la figura paterna, ahora en ¿Eres mi madre? (2012) el objeto de indagación de la misma autora es su relación con la figura materna.
Si el subtítulo de Fun home es «Una família tragicómica», el de ¿Eres mi madre? viene a ser «Un drama cómico». Sin embargo, no termino yo de ver a qué se refiere tanto énfasis en la palabra «comedia», como no sea una tenue referencia a lo que significa esta palabra por ejemplo en Dante, que tituló así su gran obra, Comedia, en el sentido de que acaba bien, nada menos que en el Paraíso. Aunque, por supuesto, los libros de Bechdel no acaban de un modo tan sublime.
Tal vez el reclamo de la palabra «comedia» sugerido en los subtítulos de ambos libros se debe al hecho de que Alison Bechdel es conocida en su país gracias a unas tiras cómicas -en los dos sentidos de esta palabra- publicadas un distintos periódicos, recogidas bajo el título Unas bollos de cuidado (Dykes to Watch Out For) y protagonizadas por unas amigas lesbianas desenfadadas.
Desde luego, el ambiente, las historias y el tono de Fun home y de ¿Eres mi madre? pueden recordar en ocasiones algunas de las comedias de Woody Allen. Sin embargo, a mí no me parece que Alison Bechdel suponga un trasunto en versión cómic de las comedias del cineasta neoyorquino.
¿Eres mi madre? es una novela psicoanalítica. Está concebida, proyectada, dibujada y narrada según los parámetros del psicoanálisis.
Hay también en ella una a manera de advocación constante a la escritora Virginia Woolf, ya desde el lema que encabeza esta novela:
«No hay nada que sea sencillamente una cosa».
También aparecen Winnicott, Freud, Lacan, Alice Miller…
Es decir, el halo culturalista que detectábamos al leer Fun home se convierte aquí ya abiertamente en un modus operandi de Alison Bechdel. Apostar por escribir y publicar un cómic de estas características revela un cierto atrevimiento creativo y editorial. No obstante, el éxito de la novela gráfica anterior de Bechdel ha motivado el que por primera vez se editen 100.000 ejemplares de un cómic en nuestro idioma. Aquí no lo sé, pero casi seguro que en Argentina, Uruguay y otros lugares de habla hispana esta novela puede llegar a ser un éxito. Por aquello de la afición al psicoanálisis, ya saben.
El hilo conductor de ¿Eres mi madre? es la obra del pediatra y analista inglés Donald Winnicott (1896-1971). De hecho, el título de cada capítulo de la novela está tomado de algún concepto o motivo teórico de Winnicott. Este psicoanalista estudió a fondo la relación del bebé con la madre y elaboró un corpus teórico que sirve de marco y de guía a la indagación de Alison Bechdel sobre ella misma en su relación con su propia madre. No desvelaré más detalles. Tan solo diré que estamos ante un libro sumamente inteligente, pues no es fácil desentrañar o desenredar los nudos de una vida íntima y exponer públicamente el proceso siguiendo un patrón analítico. Y más difícil es aún encontrar un final o salida en todo este embrollo, cosa que Bechdel consigue con buena fortuna.
Puede sorprender la impudicia, o algo parecido, con que Alison Bechdel sale de su armario, lo abre de par en par y nos muestra su interior. Qué me importa a mí la vida de esta señora, puede decir alguien. No obstante, en el arte, lo mismo que en el psicoanálisis, el asunto estriba en convertir la anécdota en categoría universal.
Hay en Blankets una implicación personal del autor (es una autobiografía) que no se da en Habibi. Sin embargo, aunque son dos libros formalmente muy diferentes, uno y otro comparten una identidad sustancial concerniente a su «mensaje».
Mientras que en Blankets Craig Thompson se sumerge en el universo cristiano evangélico para acabar superando su rígida estrechez normativa, en Habibi el entorno elegido para el relato es la cultura arábiga impregnada por el Corán, si bien buscando sus puntos en común con la Biblia. Y también en esta obra se da una superación de la rigidez textual de la escritura sagrada.
En ambos casos, lo que prevalece al final es la importancia insustituible de la vida del individuo.
En Blankets leemos acerca de la llegada del Reino de Dios (Lucas 17, 20-21) que este se encuentra dentro de (o entre) nosotros.
En Habibi se nos dice que cuando le preguntaron al Profeta: «¿Cuál es la Gran Jihad?», respondió: «Es la lucha contra uno mismo».
En definitiva, Thompson no abomina de las religiones. Simplemente concluye anhelando que los velos del Paraíso y del Infierno desaparezcan… Y que los seguidores de Dios adoren no con la esperanza de una recompensa ni por miedo al castigo, sino sencillamente por Amor.
Evidentemente, Craig Thompson cree en el valor de los cómics como medio de diálogo intercultural y hasta de transformación individual y social.
Decimos que la lectura de libros de literatura gráfica está entre los adultos menos extendida en España que en otros países. Tal vez algo tenga que ver en este dato el hecho de que aquí la afición por los cómics sale más cara.
Por ejemplo. Habibi tiene en la edición española un precio de 39 euros, un tanto excesivo para las economías medias de aquí. Pues bien, el otro día encontré en una librería un par de ejemplares de ese libro a 19,95 euros, es decir, a un precio casi veinte euros más barato. Cogí un ejemplar, lo miré, la portada era igual pero de otro material, el papel era más amarillento, tenía menos gramaje, pesaba menos. Al cabo me di cuenta de un detalle importante. Era una edición en inglés.
Y como tampoco hay excesiva costumbre entre nosotros de visitar bibliotecas públicas…
Parece ser que Amazon y demás están empezando a ofrecer cómics en formato digital para ebooks. Y siempre serán más baratos que la edición impresa, supongo. Solo que donde esté un libro de papel encuadernado…
Blankets fue la novela que consagró definitivamente a Craig Thompson. Está considerada entre las mejores del género, aunque supongo que como ocurre siempre en esto de los top ten, habrá opiniones divergentes al respecto. Yo mismo no soy aficionado a elaborar listas de «los mejores», con lo cual en este caso me limito a decir que Blankets es un libro valiente, escrito con una sinceridad sobrecogedora y bastante bien dibujado y narrado.
Entre otras muchas cosas, Blankets viene a ser un ejemplo de Bildungsroman, ‘novela de formación’ o ‘de aprendizaje’. A través de ella, Craig Thompson expone su paso desde la niñez y la adolescencia hasta su juventud. Es también la historia de una emancipación.
‘Blanket’ es un término polisémico: significa ‘manta’ y ‘manto’ (de nieve, p. e.), pero también significa ‘ley o norma’ estricta.
Así, el aliento que inspira esta obra no es otro que el de la liberación que el autor y protagonista experimenta en su vida cuando acaba su etapa escolar en el instituto y con ello deja atrás el sistema de creencias y modos de vida específicos de un cristianismo fundamentalista inculcado en él desde su niñez por su propia familia.
Pero Blankets es también otras cosas. Al narrar una historia de amor inocente y tan puro como pueda serlo la nieve omnipresente en todo el libro, se describen muchos planos y facetas de la vida familiar en la América profunda.
Hay cierta ambigüedad que enriquece el discurso de Blankets, ya que mediante la exposición de una experiencia de amor cristiano, Craig Thompson nos cuenta su propia experiencia de emancipación o liberación asociada a la vida adulta y feliz.
Habibi, de Craig Thompson (n. 1975), es un libro sorprendente.
Bajo la apariencia de un cuento árabe, mejor dicho, de un cuento de cuentos árabes, el autor nos ofrece una historia tremenda, tan universal como puede serlo la sed insaciable o el anhelo de infinitud.
Solo que a la postre, escondido entre los guarismos, resulta un libro humano, demasiado humano.
Habibi se inicia con las siguientes palabras que dan pie a una extraordinaria sucesión de viñetas:
De la Pluma Divina cayó la primera gota de tinta.
Y a partir de la gota, un río.
La mística del sufismo está pues presente en esta obra desde su mismísimo arranque.
El Libro es la Madre de la Creación. Sus letras son las semillas. Y el Padre es Alá. Hay un fragmento del Noble Corán que afirma:
No cae una sola hoja sin que El no lo sepa, ni hay semilla en la profundidad de la tierra, ni nada húmedo o seco que no esté en un libro claro. (6, 59)
Según este planteamiento, cada letra del Corán es una fuente de vida y de conocimiento. La Cábala de los judíos también relaciona el lenguaje, las palabras, las letras… con el origen del mundo. Y de un modo manifiesto está escrito al comienzo del Evangelio según San Juan: «En el principio era el Verbo».
Hay, pues, en Craig Thompson una voluntad de superación, de trascendencia de las religiones del Libro sacando a la luz los principios que trascienden en esas mismas religiones y son comunes a ellas. Lo vimos con su novela gráfica anterior, Blankets (2003), de la que daremos cuenta más adelante. Más de siete años le ha costado a Thompson culminar Habibi, publicada en 2011.
De momento, nos quedamos con el hecho de que Habibi, palabra cuya traducción viene a ser Mi amado, es una obra de arte.
El grafismo de esta novela es tan meticuloso como las filigranas orientales. Y eso que el autor es un estadounidense de pura cepa. Tal y como veremos cuando comentemos Blankets, su educación fue la del cristianismo fundamentalista.
Hay en Habibi una sabia conjunción del desierto y la ciudad, rascacielos y basura, arena y excrementos, pasado y presente, violencia y piedad, sufrimiento y amor. Y la plenitud que asoma.
Y bueno, hay también cierta delicadeza en la crítica intercultural.