Moebius, McCay
Sociocrítica viva: La España del tebeo
Vidas cruzadas (8). Joséphine Baker
En el conglomerado o tejido de vidas cruzadas que el cómic biográfico va tejiendo acerca de las relaciones entre las culturas políticas y artísticas del siglo XX, a través de sus personajes, no puede faltar esta enorme biografía de Joséphine Baker. Se trata del tercer volumen, inédito hasta ahora en nuestro país, de los cuatro que hasta ahora Catel Muller y José-Louis Bocquet (Catel & Bocquet) han dedicado en cada caso a la biografía de una mujer relevante, tras centrarse previamente en Olympe de Gouges y en Kikí de Montparnasse, y posteriormente en Alice Guy. Los epílogos de los cuatro volúmenes cuentan con un nutrido apéndice biográfico que relata las vicisitudes de los personajes que aparecen en ellos (que no son pocos) y de sus cruces con la protagonista.
¿Discurso de la servidumbre voluntaria?
«Éramos más poderosos que ellos. … Descalzos y sin nuestros brazos … no hubieran durado ni un minuto aquí.»
Son tantas las capas de composición y de lectura que Pere Ortín ―con su guion― y Nzé Esono Ebalé ―con su arte― despliegan en Diez mil elefantes, que resulta difícil recogerlas en una breve entrada de blog. Probablemente la menos amable, por no decir antipática, es la que se centra en el discurso de la servidumbre voluntaria, pero es que a mí me ha parecido que es lo que sobresale ante la belleza que encierra este «artefacto cultural y narrativo», que es como describe este tebeo Pere Ortín en su epílogo. Un tebeo, sí, que le da la vuelta a los tebeos de la época colonial, franquista en este caso.
«Pero creo que no debimos dejar que nos dijeran lo que teníamos que hacer. Si lo pienso bien hoy, diría que fuimos cobardes.»
La sublimación compartida
El tebeo de Coco tiene su origen en una experiencia extremadamente traumática, para nada infantil: la matanza llevada a cabo por dos islamistas enmascarados el 7 de enero de 2015 en las dependencias de la revista Charlie Hebdo en París. Fue un horrible atentado perpetrado directamente contra dibujantes y humoristas gráficos (aunque las víctimas excedieron ese marco). Los miembros de la redacción de Charlie ―o dibujantes cercanos a ella― que por diferentes motivos no sucumbieron en la masacre deben sobrellevar esa experiencia traumática, es una circunstancia vital que les acompaña. Seguir dibujando, pues, se inscribe en un conjunto de cómics cuyo origen se encuentra en aquella brutalidad: Catharsis (2015), de Luz (Rénald Luzier), autor que quedó a las puertas de la redacción el día del atentado; La levedad (2016), de Catherine Meurisse, quien llegó tarde a la reunión de los lunes porque el despertador no sonó; Si Dios existe (2015), de Joann Sfar, testimonio honesto de un dibujante allegado, y ahora el cómic de Coco, redactora que abandonó la reunión previamente y tuvo la desgracia de tropezarse a la salida con los terroristas que la obligaron a que les facilitase el acceso a la sede de Charlie Hebdo.
![]() |
| «Hay algo insoportable en la belleza» (Coco) |
![]() |
| «He vivido una muerte en mi interior: la de la levedad» (Coco) |
![]() |
| «No lo puedo aceptar» (Coco) |
Las mutaciones del monstruo
Céline y el cómic
En una entrada de este blog publicada hace unos años bajo el título De Céline a Tardi y al revés, de Tardi a Céline me referí al extraño hilo que une al escritor de Viaje al fin de la noche y al autor de La verdadera historia del soldado desconocido. Es un hilo que, desde luego, nada tiene que ver con las manifiestas posiciones políticas de ambos autores, pero sí con el imaginario estético desplegado por Céline en sus novelas y por Tardi en sus historietas. También supe en su momento que Joe Sacco declaraba en una entrevista (con Gary Groth) la inspiración que había encontrado el maltés en Céline respecto al uso de globos de diálogo dispersos y cartelas o cartuchos fragmentados que mueven el ojo del lector alrededor de la página.
Del mismo Émile Brami es el libro L’affaire Haddock, publicado en 2014. El capítulo II de Céline Comix está dedicado al contenido del libro de Brami. Pero antes, en el capítulo I: «Céline et les illustrés», Bastien Bertine se centra en las influencias e impactos que los tebeos (illustrés) de la época ejercieron en la formación del escritor. Es de sumo interés, pues ahí se observa el efecto de los tebeos en Céline, un efecto que se aclara a lo largo del libro de Bertine. Lo que sigue, empezando por el capítulo II, tiene que ver con el efecto inverso, esto es, el de la escritura de Céline en los cómics.
El capítulo IV de Céline Comix está motivado por la relación que algunos críticos encuentran entre la historieta en cuatro volúmenes Blast, de Manu Larcenet, y la novela Viaje al fin de la noche, de Céline. Aquí Bastien Bertine recurre al doctor Freud en busca de una lectura psicoanalítica tanto de Larcenet como de Céline. (No me había referido aún a la forma y el tono de pesquisa, de investigación, que adopta el trabajo de Bertine, incluso a través de sus representaciones por todo el libro. A propósito de Larcenet, viene a cuento en esta entrada otra entrada mía, de 2018, en este blog: La pesquisa y el arte: Manu Larcenet). La presencia del psicoanálisis es obvia en Los combates cotidianos, de Larcenet. En el resto de sus obras, son tan pertinentes las teorías freudianas como lo puedan ser en prácticamente toda la producción historietística del siglo XX… y en los escritos de Céline.
Periodismo dibujado
Grange-Tardi y los nuevos partisanos
«Esta historia, que no es ni autobiografía ni ficción, invita a seguir el recorrido militante de Elise, una joven como muchas otras de aquella época.»
Son palabras de Dominique Grange en el Epílogo de Elise y los Nuevos Partisanos, cómic guionizado por ella misma y dibujado por Jacques Tardi.
Es tan indiscutible el magisterio gráfico de Jacques Tardi como lo es su pensamiento lateral, que en realidad es lateral relativamente, respecto a la corriente principal, pero en otro sentido es un pensamiento directo, centrado, para nada complaciente con las instituciones. Tardi es muy contundente en sus afirmaciones y gestos, pero lo es más si cabe en su propuesta estética, claramente en favor de la lucidez. Es la suya, en definitiva, una actitud honesta. Como honesto es el tebeo Elise y los Nuevos Partisanos. Dominique Grange relata una historia que es la suya sin serlo, pues es la historia de algo más que una corriente, la de un movimiento que sacudió los cimientos y las estructuras del poder establecido no ya en Francia, sino en prácticamente el mundo entero. No obstante, Grange y Tardi reflejan en su cómic la vertiente francesa de ese movimiento a partir de la figura de una joven inquieta entregada a la causa de la revolución maoísta, no solo con su voz y su guitarra, sino con su praxis vital. El tebeo recoge acontecimientos políticos, vividos en la calle a través de manifestaciones sobre todo, que abarcan desde los trágicos sucesos de 1962 en París que desembocaron finalmente en la independencia de Argelia, hasta el desencanto y la disolución del movimiento que tuvo lugar especialmente a partir del segundo lustro de los años 1970. Un lugar central en este recorrido lo ocupa el fenómeno Mayo del 68, un momento en el que pareció que un nuevo mundo era posible, Fue un fenómeno que como tal (la ocupación de calles, fábricas, centros de enseñanza, etcétera) duró poco, pero que sin embargo iluminó una posibilidad. No parece ser la nostalgia el impulso dominante en la propuesta de Grange y Tardi, sino el deseo de que esa luz no se apague del todo, se transmita en el presente y tal vez sea la chispa que alumbre el provenir. Un tebeo, ya digo, honesto y bienintencionado. El arte y la historia, a veces, pueden ir de la mano.
El relato de Elise y los Nuevos Partisanos, su diégesis, termina más o menos cuando comienza la acción política en Del Trastevere al Paraíso, un tebeo de hace dos años escrito por Felipe Hernández Cava y dibujado por Antonia Santolaya. En este último, Cava y Santolaya registran también las aspiraciones de aquella generación pero centrándose en la experiencia italiana durante los llamados años de plomo, cuando el brigadismo se apoderó de la lucha revolucionaria. La actitud de Hernández Cava ante su historia (que comento aquí) dista mucho de la de Dominique Grange ante la suya, aunque también es verdad que ambas historias se centran en prácticas políticas diferentes. No hay de qué arrepentirse, al contrario, nos viene a decir Grange.






















